'Nadie te está mirando' es el último libro publicado en vida de la escritora y periodista Janet Malcolm, y la segunda antología de ensayos y artículos luego de Cuarenta y un intentos fallidos. Ensayos sobre escritores y artistas (Debate, 2015). En esta versión al español se reúnen dieciséis piezas que abarcan casi dos décadas y que en su mayoría fueron publicadas en The New Yorker y The New York Review of Books. La colección está dividida en tres partes, sin orden cronológico, y agrupa perfiles (la diseñadora Eileen Fisher, la pianista Yuja Wang, la presentadora de noticias Rachel Maddow, entre otros), ensayos sobre escritores y sus obras (Tolstói, Joseph Mitchell, el Grupo de Bloomsbury, etc.) y reseñas de polémicos libros de escritoras feministas (lo que le da pie a reflexionar sobre los desencuentros generacionales entre las feministas de la vieja guardia y la nueva).
Jean Tulard, que ha dedicado cerca de medio siglo a la investigación de la historia de Napoleón y de su época, ha sintetizado su labor en esta magistral biografía del Emperador, considerada ya como un clásico.
Combina dos enfoques. Por una parte, una narración ágil, clara y estimulante, pensada para el lector habitual de una biografía literaria. Pero cuenta además con unos complementos que la enriquecen con todo el caudal de la erudición; y por un apartado de “debates abiertos”, que los investigadores mantienen sobre algunos puntos de la vida y la actuación de Napoleón.
Durante la Revolución francesa las ideas sobre la naturaleza (la naturaleza humana, el mundo natural y la relación entre ambos) estuvieron en el centro de feroces debates y acontecimientos políticos clave. En este contexto, Napoleón se erigió como un autoproclamado mecenas de las ciencias y el progreso, poniendo fin a la Revolución y vendando sus heridas. Sin embargo, su gobierno desató una era de destrucción y guerra, que causó millones de muertos en toda Europa.
Esta biografía de Napoleón es un revelador retrato para los lectores de nuestro tiempo, donde no solo vemos al Napoleón de la política del poder o las batallas épicas, sino también al amante de la naturaleza y los jardines que dieron luz y sombra a su vida revolucionaria.
Los jardines de Napoleón van desde los olivares de su infancia en Córcega hasta los jardines y las casas de fieras de Josephine en París, los jardines de El Cairo, Roma y Elba, el jardín amurallado de Hougoumont en la batalla de Waterloo y, en última instancia, el último jardín de Napoleón en Santa Elena. Allí los trabajadores chinos le construyeron una casa de verano donde podía sentarse y observar el mar en sus últimos meses.