El célebre tenor Ian Bostridge pasó casi dos años sin poder pisar los escenarios a causa de la pandemia, hecho que lo llevó a reflexionar sobre el valor irrenunciable del contacto directo con el público, a la vez que le permitió ahondar en el amplio catálogo de clásicos que ha interpretado a lo largo de su carrera. Mediante una prosa lúcida y absorbente, Bostridge explora en estas páginas el modo en que Monteverdi, Schumann y Britten emplearon y subvirtieron los roles de género en sus composiciones, cuestiona la jerarquía y el poder coloniales en Chansons madécasses de Ravel, y analiza las meditaciones de Britten sobre la muerte en obras como War Requiem o Death in Venice. Las singulares reflexiones de Bostridge nos permiten comprender la asombrosa intensidad de sus interpretaciones, en las que la extraña fusión de melodía y pensamiento brinda auténticas epifanías tanto al cantante como a su público.
Ramón Lobo permaneció fiel a su persona hasta el final: nos dejó escrita una despedida lúcida, plagada de optimismo y aceptación, una meditación sobre la experiencia vivida y el mundo legado
El culto a la vida ha eclipsado nuestra relación con la única verdad que existe: la de la muerte. La echamos del hogar y la encerramos en los hospitales, las clínicas y las funerarias. Ramón Lobo, sin embargo, no rehuyó de la realidad: tras ser diagnosticado con dos cánceres, el reconocido periodista y corresponsal de guerra decide hacer uso de su maravillosa pluma para diseccionar la muerte desde su propia experiencia. ¿Cuál es la naturaleza de nuestro temor hacia ella? ¿Cómo podemos afrontar
un futuro desolador? ¿Qué hacer con nuestros objetos más importantes? Estas preguntas universales, pero tan silenciadas y estigmatizadas en el «País de los Sanos», son las que irán resolviéndose en esta amalgama
agridulce de recuerdos, reflexiones, esperanza y resignación, en esta oda a
la vida que se dibuja serenamente en el marco de lo que le da valor: su propio fin. Pensión Lobo son unas memorias póstumas, un último ejercicio personal y al mismo tiempo colectivo, donde, a partir del testimonio, Ramón Lobo investiga la muerte desde un enfoque sociológico y la afronta desde su inminencia personal.
Seguramente no se equivocaban los antiguos griegos cuando decían que «están los vivos, están los muertos y están los que surcan los mares». Soltar amarras, ver desaparecer la costa o sentir la caricia del viento es una experiencia única que solo conocen quienes han atravesado alguna vez sus aguas. La navegación, más que una actividad de ocio, más que un placer, más incluso que un deporte, es una auténtica experiencia filosófica en la que el navegante solo puede confiar en sí mismo y ponerse a prueba para actuar en el momento oportuno.
¿Qué hacer si el barco queda inmovilizado por falta de viento? ¿Tal vez habría que seguir el consejo de Descartes y arrancar el motor sin pensar en la incertidumbre que inevitablemente rodea al futuro? Obadia arroja algunas respuestas, pero, sobre todo, invita al lector a cuestionarse tanto su vínculo con el mar como su relación con la vida. Al fin y al cabo, navegar significa embarcarse en una aventura del pensamiento; es hacer pequeña filosofía de la inmensidad del océano.