A finales del siglo XIX y en la primera mitad del XX París congregó a artistas e intelectuales, pero cuando se habla de la Belle époque y de la vanguardia posterior en el período de entreguerras apenas hay nombres de mujeres. ¿Existieron? Existieron, pero la historia las relegó a los márgenes. Fueron multitud, y su protagonismo no se limitó a crear obras maestras, ni siquiera a inventar salones literarios, dirigir editoriales, revistas o periódicos. En muchas ocasiones fueron también las que financiaron, animaron, sacaron del anonimato, descubrieron, difundieron, amaron y odiaron a los escritores hombres.
Entre el verano de 1870 y la primavera de 1871, un periodo que Victor Hugo bautizó como el "Año Terrible", París fue sitiada, padeció una hambruna y hubo de rendirse al ejército alemán. A continuación, los republicanos radicales establecieron la Comuna, que fue aplastada tras sangrientas batallas callejeras y el incendio del centro de la ciudad. Como demuestra el prestigioso crítico de arte Sebastian Smee, ganador del Premio Pulitzer, fue durante estos tiempos tumultuosos cuando nació el movimiento impresionista, como respuesta a la violencia, la guerra civil y la intriga política.
"Partido y democracia" aborda la creciente desafección hacia los partidos de cada vez más ciudadanos en las democracias consolidadas. Comienza examinando las motivaciones teóricas tras este desden hacia los partidos políticos para, a continuación, trazar la evolución de los partidos y la confianza pública en el contexto de la transición de las sociedades industriales a posindustriales. Incapaces de superar la perdida de apoyo social en esta fase, acudieron al Estado en busca de los recursos que ya no les proporcionaban sus seguidores. Actualmente los partidos están atrapados en una contradicción dramática. Se han convertido en una suerte de Leviatán con pies de barro: muy poderosos gracias a los recursos que obtienen del Estado y a su control de distintas esferas de este y de la sociedad, pero muy debiles en cuanto a su legitimidad y a la confianza que despiertan en el público. No obstante, concluye el autor, la democracia sigue inextricablemente unida a la presencia de partidos. Por último, la presente edición incluye un epílogo sobre los desarrollos más recientes y la aparición de nuevos partidos desafiantes.