El lugar místico y mágico que ocuparon los oráculos, los astrólogos y todo tipo de adivinadores en la Antigüedad hoy lo ocupan los algoritmos. Desde nuestras finanzas o la atención médica hasta las noticias, las redes sociales y los productos que consumimos, vivimos rodeados de pronósticos que influyen en cada una de nuestras decisiones y nos generan una falsa sensación de seguridad.
En este ensayo,la filósofa y profesora de la Universidad de Oxford Carissa Véliz muestra cómo la confianza ciega en las predicciones -ya sean humanas o digitales- nos vuelve vulnerables a los estafadores y al autoengaño. A partir de la medicina, el clima, la estadística, la inteligencia artificial e incluso la vida cotidiana, la autora desmonta los mitos que rodean los oráculos modernos -más datos no siempre implican mejores resultados, la IA puede aumentar los riesgos en lugar de reducirlos- para llegar a una inevitable conclusión: una sociedad libre no necesita más predicciones, sino estar mejor preparada. Carissa Véliz nos invita a cuestionar el poder de quienes aseguran saber lo que ocurrirá. Porque la promesa de la predicción no es conocer el futuro, sino controlar a los demás.
La psicología es una gran aliada para la investigación policial, una herramienta interesante y útil, de múltiples aplicaciones, como el análisis de todo tipo de testimonios, ya sean verbales o no verbales, por escrito o en cualquier tipo de soporte, porque lo que se analiza es un acto de comunicación.
En este libro se trata de mostrar qué es y qué supone el análisis de la conducta criminal. Se establece el concepto, sus distintas modalidades, los diferentes métodos que se pueden aplicar en este análisis y los retos de futuro que plantea la investigación científica, con la idea de ofrecer una visión amplia, pero al mismo tiempo muy definida, de una disciplina que disfruta en estos momentos de un gran auge.
Una obra que invita a repensar la historia, el futuro y la propia idea de humanidad.
Durante siglos, en nombre del progreso hemos arrasado ciudades, allanado montañas y cartografiado el planeta. Hemos creído que avanzar significaba dominar la naturaleza, aumentar la producción, conquistar nuevos territorios y acumular conocimiento. Sin embargo, esa narrativa de mejora infinita ha sido también la más destructiva: ha justificado genocidios, esclavitudes, conquistas y ecocidios. La fe casi religiosa en el progreso ha puesto en peligro la continuidad de nuestra civilización.