Una conversación extraordinaria entre dos amigos liberales ―augusto y polichinela del debate público español― que reflexionan juntos sobre el estado del mundo hoy.
La inevitable imperfección del mundo, el malestar generalizado, la indignación, la crisis de la democracia, la teoría de la conspiración y la teoría de la chapuza, la importancia de la dignidad del individuo, la difícil gestión del fastidio de existir… Javier Gomá y Pedro Vallín, dos personas de tan diferentes formación y ocupación, que se desempeñan en dos ámbitos de la escritura tan distantes y que manejan estilos de comunicación pública tan dispares, decidieron un día mantener una serie de charlas sobre las aristas del presente.
Verdades penúltimas es la literaturización de sus encuentros reales, la comedia ligera de una conversación escrita a cuatro manos en la terraza de un bar, desayunando en un Café o tomando unas cervezas en un elegante salón. Las cinco partes de este breve volumen resumen su mirada, proyectada desde ámbitos muy distintos de la experiencia del mundo, pero convergente, sobre un tiempo y un estado de las cosas claramente percibidos como peores de lo que son.
Diez pacientes recurren a la psicoterapia para enfrentar el dolor inherente a la existencia. Cada uno lidia con problemas cotidianos: soledad, autodesprecio, impotencia, migrañas, compulsividad sexual, obesidad, hipertensión, duelo, un amor obsesivo que los consume, cambios constantes de ánimo o depresión. Sin embargo, las sesiones de terapia sacan a la luz las raíces más profundas de estos conflictos, revelando su conexión con los fundamentos mismos de la existencia humana. Aunque en estos relatos de psicoterapia aparecen con frecuencia las palabras "paciente" y "terapeuta", el lector no debe dejarse limitar por estos términos: estas historias trascienden a sus protagonistas individuales y reflejan la condición universal del ser humano.
Una historia de los golpistas en la ciudad de Zaragoza que retrata el perfil humano de los perpetradores que se sublevaron el verano del 36.
Conocemos a los grandes protagonistas del 18 de julio de 1936, como Mola, Franco o Queipo de Llano, que pusieron en jaque al Gobierno de la Segunda República con su golpe de Estado y la guerra civil resultante de este. Sin embargo, detrás de estos hombres hubo mucho otros cargos medios e incluso civiles que contribuyeron a la victoria del bando sublevado. Esta obra pone nombre y apellidos a quienes lo hicieron posible en Zaragoza, ciudad que planteaba un reto mayúsculo para los golpistas por ser el segundo núcleo urbano más importante bajo su control, por la presencia consolidada de las organizaciones de izquierdas y por su cercanía a Cataluña.