No resulta ninguna novedad afirmar que el rasgo que define el pensamiento de Heidegger es la pregunta por el sentido del ser. Él mismo confirmó este hecho en múltiples declaraciones autobiográficas. Sin embargo, lo que todavía despierta el interés del lector de Ser y tiempo es observar cómo el horizonte de esa pregunta se va perfilando en el contexto de un rico juego de superposiciones filosóficas que, de una u otra manera, recorre el camino que conduce de la vida humana a la cuestión del ser. En este sentido, el presente tratado El concepto de tiempo (1924), que amplía considerablemente la conferencia homónima dictada el mismo año ante la Sociedad Teológica de Marburgo, ofrece una excelente aproximación a la temática heideggeriana que conducirá al lector a través de un sugestivo análisis de los diferentes modos de existencia impropia hasta la posibilidad extrema de la muerte como antesala que coloca al hombre ante el horizonte histórico y temporal de su propio ser.
Mario Vargas Llosa, Cayetana Álvarez de Toledo, Enrique Krauze, Yoani Sánchez y Álvaro Vargas Llosa, entre muchos otros, abordan en esta obra el desastre que acompaña la llegada del populismo y diseccionan sus diferentes formas y máscaras, desde el populismo nacionalista de Trump o Le Pen hasta el radicalismo de izquierdas de Podemos. España, pero también Europa y Estados Unidos, se enfrentan en los próximos años a una oleada política que pone en peligro las bases de la democracia liberal que ha llevado al mayor periodo de bonanza de la historia.Los autores de este libro conocen a fondo y han sido testigos de los riesgos que acarrea el populismo. Desde Cuba hasta Venezuela, pasando por el Reino Unido del Brexit, la extrema derecha escandinava o los Estados Unidos de Trump. Su mensaje es inequívoco; hay que volver a la razón.
¿Qué lugar ocupan la vergüenza, el miedo, la compasión, la confianza o la autoestima en la formación de la personalidad moral? ¿Nos gobiernan las emociones? ¿Son positivas para el discurso político? ¿Sería ética una soberanía del sentimiento? Victoria Camps lleva a cabo un estudio de las emociones para descubrirnos que los afectos no son contrarios a la racionalidad, sino que, por el contrario, solo desde ellos se explica la motivación para actuar racionalmente. Solo un conocimiento que armonice razón y sentimiento incita a asumir responsabilidades morales. Gobernar las emociones es adquirir madurez moral.