Toda la obra de Alexis de Tocqueville (1805-1859) es una reflexión sobre la libertad o su ausencia, el despotismo. Tanto en La democracia en América (1835 y 1840), como en El Antiguo Régimen y la Revolución (1856), obra que dejó inacabada, explora la forma de conseguir que el régimen democrático posterior a 1789 sea tan igualitario como libre. Nadie como Tocqueville ha sabido defender la libertad y anunciar los peligros que pueden ir unidos a construir una democracia basada exclusivamente en la igualdad, el individualismo y el bienestar material. La democracia en América ha pasado de ser «el mejor libro nunca escrito sobre los Estados Unidos» a ser también «el mejor libro sobre la democracia». En esta edición crítica se reproducen notas, correspondencias, comentarios, variantes y fragmentos inéditos que ayudan a comprender mejor el pensamiento de Tocqueville y el complejo proceso de redacción del libro.
Podría comenzarse la lectura de este libro por el capítulo final, titulado «Elementos para una crítica "vulgar" de las críticas puras», que pone de manifiesto las categorías sociales de percepción y apreciación que utiliza Kant en su análisis del juicio del gusto. Pero lo esencial de esta ya clásica obra del sociólogo francés Pierre Bourdieu se encuentra en la investigación que, al precio de un enorme trabajo de encuesta empírica y de crítica teórica, conduce a una reformulación de todas las tradicionales interrogaciones sobre lo bello, el arte, el gusto y la cultura.
En su poética descripción de la utopía, Eduardo Galeano juega con la paradoja de que cuanto más nos intentamos acercar a su horizonte más se aleja ella de nosotros. ¿Para qué sirve, entonces? Para seguir caminando, concluye el escritor uruguayo. En La ética del paseante y otras razones para la esperanza, el término ética alude a un refugio del ser humano. Y la esperanza se construye con las manos de la memoria, porque todos somos paseantes de su territorio mientras avanzamos hacia nosotros mismos deambulando por cualquier lugar.En cierto modo, el cuerpo es al alma lo que las palabras son a las ideas, así que tal vez, como sostiene el autor de este interesante ensayo, haya que transitar un poco por el pasado para poder seguir avanzando hacia el futuro. El mejor antídoto contra la indolencia que algunos proponen y la indecencia que otros disponen reside en la incuestionable capacidad que tenemos para poder pasear sosegadamente sobre lo que fuimos, imaginando lo que seremos. Somos memoria y lenguaje, ilusión y conciencia, un sitio inquieto al que llegamos para seguir caminando. Y, por tanto, una esperanza cargada de razones ante la permanente disyuntiva de partir o partirse.