Tanto en nuestra vida profesional como en la social o familiar, todos nosotros tenemos constante necesidad de relacionarnos con otras personas. Unas relaciones que a veces se convierten en una tortura: cuando sentimos que manipulan nuestra voluntad para plegarla a sus proyectos... y, aun sabiéndolo, somos incapaces de negarnos. A partir de técnicas conductistas, Cuando digo no, me siento culpable ofrece un método fácil y de excelentes resultados para afirmar los propios derechos y aspiraciones sin necesidad de manipular los ajenos, y sin tener las frustrantes reacciones defensivas que, a veces con incomodidad, experimentamos.
Respondiendo a una llamada silenciosa, Dios regresa cuando más se lo necesita.
Antes de conocer a Jim y enamorarse de él, Christine se había enamorado de su música. Ahora es su marido, y está claro que nunca llegará a ser una estrella del rock. Su situación económica no es muy buena.
Ha pasado mucho tiempo desde que Dios la visitó #bajo la insólita apariencia de un joven montado en una Harley Davidson- para indicarle el camino hacia la felicidad con sus palabras sencillas y sabias. Tanto, que casi le parece un sueño. Cuando se casó con Jim estaba segura de que jamás volvería a sentirse sola. Sin embargo, el fuego de la relación se ha extinguido y percibe, con inquietud, que la vida se le escapa de las manos. Se siente insegura en su papel de madre, agotada, desilusionada e insatisfecha.
A pesar de la conciencia cada vez mayor de la necesidad de una educación más justa y feminista, los varones siguen siendo educados según las pautas del patriarcado. Aún en ambientes considerados progresistas, existe un machismo que impregna lo que se dice, los regalos que se hacen, las responsabilidades que se asignan y cómo se cría a los varones. Este libro ayuda a detectar y combatir esos resabios machistas en la educación, con el fin de formar niños más empáticos, respetuosos y–sí–feministas.