Stephen King sorprende y aterroriza una vez más al lector con su magistral don para destapar y exhibir la mitad más oscura del ser humano.
Cuando Thad Beaumont en pleno bloqueo creativo, después de que su novela Las súbitas bailarinas optara al Premio Nacional de Literatura y lo perdiera, decidió seguir los consejos de su mujer y publicar una serie de thrillers retorcidos y sangrientos bajo el pseudónimo de George Stark, no pensó, ni por asomo, que le sería tan difícil «deshacerse» de ese otro yo que, no se explicaba cómo, había dejado de ser ficticio.
Cuando el comisario Alan Pangborn aparece en su casa acusándole de un brutal asesinato, Thad trata de afirmar su inocencia, de asegurar que nada tiene que ver con todos esos monstruosos asesinatos cometidos tan cerca de su casa, ni con la retorcida mente que protagoniza sus novelas policíacas, ni con las llamadas de aquella voz que, obscena y susurrante, le pide al teléfono que se rinda. Pero, ¿cómo explicar que sus huellas ensangrentadas han aparecido por todas partes en la escena del crimen?
Oxenford Medical, una empresa farmacéutica escocesa dedicada a la investigación de vacunas contra los virus más peligrosos, se dispone a pasar la Navidad bajo un temporal de nieve. Cuentan con los sistemas más avanzados de seguridad, de modo que nadie espera ninguna incidencia seria. También Stanley Oxenford, su propietario, se dirige a casa para pasar la noche con sus hijos. Los problemas entre ellos acabarán estallando, pero pronto quedarán olvidados: sin saberlo, van a vivir un infierno. Porque justamente esa noche se produce el robo de un peligrosísimo virus. Los ladrones, sin embargo, quedan atrapados por el temporal. Y, en su errática huida, van a llegar al peor sitio de todos....
Había una vez cuatro chicos, compañeros en todo, que decidieron proteger a un chico indefenso atormentado por el tirano del colegio. Su acción marcó un cambio decisivo en sus vidas. Un cambio tan grande que tardarán veinticinco años en entender su importancia... Ahora son adultos, con más problemas y más desilusiones, pero una vez al año se reúnen para cazar en los bosques de Maine. Este año, un desconocido entra en su cabaña y, aturdido y confuso, balbucea frases incomprensibles sobre extrañas luces en el cielo. En poco tiempo, los cuatro amigos se encuentran en medio de una lucha terrorífica contra seres de otro mundo. La única posibilidad de salvación radica en encontrar a aquel amigo del pasado, el que sabía cazar sueños y que sabrá también frustrar los sueños de los invasores... Una obra maestra del terror y una historia de ternura y amistad profunda.
Michael Berg tiene quince años. Un día, regresando a casa del colegio, empieza a encontrarse mal y una mujer acude a su ayuda. La mujer se llama Hanna y tiene treinta y seis años. Unas semanas después, el muchacho, agradecido, le lleva a su casa un ramo de flores. Éste seria el principio de una relación erótica en la que, antes de amarse, ella siempre le pide a Michael que le lea en voz alta fragmentos de Schiller, Goethe, Tolstói, Dickens... El ritual se repite durante varios meses, hasta que un día Hanna desaparece sin dejar rastros.
La riqueza de los Pilaster se basaba en el banco de la familia, una de las más sólidas y respetables instituciones financieras del Londres victoriano. En torno al consejo de administración, que preside el anciano Seth Pilaster, giran las ambiciones de la familia, sobre todo las de Augusta, su maliciosa nuera, y las de Hugh, nieto de Seth.
Augusta, junto a su falta de escrúpulos, cuenta con la alianza de Miguel Miranda, vástago de una brutal familia de caciques sudamericanos que desea contar con el apoyo del banco para sus proyectos de dominio. La lucha entre la perfidia de Augusta y la tradición de honradez de Hugh marcará durante treinta años los destinos del banco.
A mediados del siglo XXI, un concurso televisivo, cuyo principal atractivo es la muerte de los participantes, bate el récords de audiencia. Ben Richards, padre de una niña enferma y sumido en la más profunda miseria, decide concursar atraído por los extraordinarios premios, aun a sabiendas de que no sobrevivirá.