Fotógrafa y escritora, Babitz encarnó en su juventud una mezcla única entre la California más liberada y la élite cultural del momento. Jim Morrison le dedicó una canción, se dejó fotografiar jugando al ajedrez desnuda con Marcel Duchamp, presentó a Dalí y Frank Zappa, y contó entre sus amantes a Harrison Ford, Ed Ruscha o Steve Martin.
Babitz define sus memorias como «novela confesional», pero lo que aquí nos regala es más parecido a pasear con ella mientras la ciudad se rinde a su pedigrí provocador. Con un humor afilado, nos cuenta su vida como una amiga que ha tomado unas copas de más. Vemos a los jóvenes de L.A. a través de los ojos de una Eve adolescente tumbada en Venice Beach, compartimos viajes de LSD regados con champán en el Chateau Marmont en compañía de futuras estrellas del rock y nos enamoramos de esta bonne vivante capaz de dedicar un capítulo a los mejores tacos de la ciudad.
El otro Hollywood es el universo de una chica que adoraba las fiestas tanto como los libros de Henry James, Colette o Virginia Woolf. Es el paraíso de una joven que se entregó a la provocación y el ensueño de una ciudad que fue su razón de ser. Es, por encima de todo, la historia de una mujer que, en esa sociedad hipnótica y volátil, entendió las ventajas que comportaba mantenerse fiel a sí misma.
«Amantes son los cuerpos que sonríen antes de comer, que miran a los ojos antes de besar. Su pulsión está orientada al encuentro intersubjetivo, y por ello existe en la dimensión de lo ético. Lo cuerpos amantes desean derrocar el sistema heterosexual racializante y patriarcal porque desean borrar en la mirada de la otra el fantasma de una violencia vivida antes del encuentro entre los cuerpos amantes. Los cuerpos amantes, sujetos de este libro, anhelan la alegría de aquellas a quienes aman y se frustran con la herencia de un mundo simbólico que agrede y limita su capacidad de atención. Porque sonríen antes de comer y miran a los ojos antes de besar, no desean la mascarada de la otra, no encuentran descanso en la alegría ensayada y complaciente del género, ansían el encuentro a través de una esperanza de comunicación más veraz. Porque su pulsión existe en la dimensión ética, porque se practica en lo intersubjetivo, los cuerpos amantes, sobre todo, desearán haber amado bien».
Bryden y Sam lo tienen todo: carreras profesionales brillantes, un apartamento en un edificio exclusivo, buenos amigos y una hija a la que adoran. La vida perfecta para la pareja perfecta.
Hasta el día en que Sam recibe una llamada en su despacho porque Bryden no ha recogido a su hija de la guardería. Al llegar a casa con la niña, encuentra el coche de su mujer en el garaje. En el apartamento, el portátil de Bryden está abierto sobre la mesa, su móvil al lado, las llaves en su sitio habitual en la entrada.
Pero Bryden no aparece por ninguna parte. Es como si se hubiera evaporado.
¿Cómo puede haber desaparecido de su propia casa? ¿Ha salido siquiera del edificio?
A cada minuto que pasa —y a medida que las preguntas se acumulan entre quienes la conocían— el pasado de Bryden y Sam parece un poco menos perfecto, su edificio menos seguro, sus amigos, vecinos y familiares no tan fiables...
Una novela sobre los errores que traen un acierto, sobre las crisis de pareja, las despedidas, los reencuentros y el valor de la familia.
Anna ya no puede más. Habiéndose convertido en madre tan joven, la vida no le da un descanso, pero tampoco emoción. Al menos hasta que, por un error, la carta que era para su amiga termina en el buzón de Yago, un chico misterioso que no debería leerla… y, sin embargo, lo hace.
Y responde.
Lo que comienza como una simple equivocación se convierte en una conexión inesperada. Las palabras de Yago despiertan algo en Anna, una chispa que la impulsa a redescubrirse a sí misma y a su familia.
En la región montañosa de Texas, donde los secretos están más enraizados que los robles, el decimosexto cumpleaños de Sophie Matthews promete ser la fiesta del año. Al fin y al cabo, su padre no ha escatimado en gastos, y su mansión recién renovada es el escenario perfecto para la celebración, por mucho que haya vecinos que la considerasen embrujada.
Antes de que Sophie pueda soplar las velas de su pastel de cumpleaños, un cuerpo se desploma desde el balcón. La pista de baile, antes iluminada, ahora está salpicada en sangre… y todos los invitados son sospechosos.
Al fin y al cabo, la lista de asistentes es mortal: Dani, su madrastra, tiene psicosis postparto; Kim, su madre, es alcohólica; Orlaith, la niñera, habla con los fantasmas de la mansión; Mikayla es la chica solitaria del colegio; y el grupito de chicas malas del instituto finge ser su amiga…
¿Quién es el cazador… y quién la presa?
«Lo que pasa en El Club del Olvido se queda en el olvido».
Érase una vez una historia de amor y amistad.
Sobre cuatro chicos que estaban perdidos.
Y la chica que los encontró.
Samuel, Abel, Max y Tristán pasaron su infancia en el mismo barrio humilde de la ciudad. Y, ahora, juntos deciden abrir un local de copas: El Club del Olvido. La noche de la inauguración no resulta ser como ninguno de ellos esperaba; al menos, hasta que Dalia cruza la puerta del club. La joven, que ha crecido entre algodones, aparece en sus vidas para no marcharse, y ninguno logra permanecer indiferente a su peculiar encanto. Entre noches gloriosas, brillos, cócteles y música, las pequeñas grietas abren viejas heridas y los silencios terminan por convertirse en secretos que podrían arrastrarlos al naufragio.