Durante cerca de una década, Sheila Heti registró en sus diarios más de quinientas mil palabras sobre su día a día, sus pensamientos, sus odios y sus amores, sus juicios consolidados y sus ideas efímeras. Y entonces decidió volcar todas esas oraciones en hojas de Excel, reordenarlas alfabéticamente y eliminar todas aquellas que fueran superfluas. El resultado es Diario alfabético, un inteligentísimo experimento literario en el que la autora aparece y desaparece entre sus obsesiones y sus vacíos: el número de veces que menciona a una amiga, la ausencia de determinados términos y la continua repetición de otros, aquello a lo que queda reducida una historia de amor si eliminamos el simple relato cronológico.
Durante los casi cuarenta años en que Italo Calvino colaboró con la prestigiosa editorial Einaudi, leyó centenares, tal vez miles de manuscritos de autores tanto desconocidos como consagrados, y aceptó algunos, dando a conocer o consolidando así sus carreras, mientras rechazaba otros (a veces con gran dureza), a sabiendas de que como editor literario debía seguir siempre la corriente de afinidad o simpatía que esos textos despertaban en él aun a riesgo de equivocarse o pecar de arbitrario.
Es el hombre perfecto.
Te dice que te ama.
Crees que es tu media naranja.
En poco tiempo, se ha instalado en tu corazón y en tu casa.
Y luego se va durante días. No sabes adónde ha ido ni con quién está.
Pronto te das cuenta de que, si pudieras volver el tiempo atrás, te dirías a ti misma: no le dejes entrar.
¿Sabes qué es peor que sentir que todos los hombres te desean, pero ninguno te quiere de verdad? Ser una romántica empedernida. De esas que idealizan cada mirada furtiva, cada gesto mínimo, cada historia que podría empezar con un roce accidental en el metro.
Creí que mudarme a Nueva York —aunque fuera siguiendo los sueños frustrados de mis padres— me ayudaría a dejar atrás mis sentimientos más estúpidos. Pero estaba muy equivocada. Solo bastaron unos días para que mi corazón hiciera triples tirabuzones cada vez que veía a mi vecino, Nixon Kölher.
Es un hombre imponente, consagrado a la ley, rígido hasta la médula… y que no rompe sus propias normas por nadie. Ni siquiera por amor.
¿Nuestro primer encuentro? Catastrófico.
¿Lo peor? Que, tras una noche de copas con mis amigas, acabé en su cama.
¿Y lo más desconcertante? Que no parezca recordar que soy la vecina a la que ni se dignó mirar en dos ocasiones.
Un dark retelling de La Bella y la Bestia en el corazón de la mafia.
Alessandro Romano, alias la Bestia, lidera con puño de hierro la Cúpula, la organización criminal más peligrosa del mundo.
Isabella Lafevre, fiscal contra el crimen organizado en Nueva York, lleva años tras su pista, sin éxito.
Pero, cuando una redada liderada por Lucien Gaston, el prometido de Isabella y teniente de los SWAT, acaba con la vida de la prometida de Alessandro, el destino de la fiscal cambiará para siempre.
En un mundo donde el poder se impone con sangre y el deseo es un arma, Isabella deberá elegir entre la justicia o la supervivencia. Pero hay una regla sagrada en la mafia: si la tocas, mueres.
Él tenía una promesa: destruirla. Ella tenía un objetivo: acabar con él.
¿Podrá Isabella escapar de la Bestia… o se convertirá en su reina?
Publicada en 1940, esta novela reúne de manera única a dos virtuosos de la literatura húngara del siglo XX: Sándor Márai, el autor de El último encuentro, rinde homenaje a su maestro, Gyula Krúdy, personaje legendario de la bohemia literaria de Budapest y autor de una serie de novelas con Simbad como protagonista.
Una mañana de mayo, Simbad se despide de su esposa con la promesa de volver, antes de que anochezca, con el dinero necesario para comprarle un vestido a su pequeña hija. Cediendo a la tentación de un paseo en carruaje, se entrega a un apacible paseo por la capital a través de sus lugares favoritos: el baño turco, el café en el que escribió o sus restaurantes preferidos. Entre realidad y ficción, Sándor Márai nos ofrece una historia donde sus propios recuerdos de antes de la guerra se mezclan con la imaginación de Gyula Krúdy, uno de los más grandes escritores húngaros.