When two best men in a wedding party fall for each other, they realize love isn’t a piece of cake in this hilarious and heartfelt romantic comedy debut by screenwriter Sidney Karger.
Max Moody thought he had everything figured out. He’s trying to live his best life in New York City and has the best friend a gay guy could ask for: Paige. She and Max grew up next door to each other in the suburbs of Chicago. She can light up any party. She finishes his sentences. She’s always a reliable splunch (they don’t like to use the word brunch) partner. But then Max’s whole world is turned upside down when Paige suddenly announces some huge news: she’s engaged and wants Max to be her man of honor. Max was always the romantic one who imagined he would get married before the unpredictable Paige and is shocked to hear she’s ready to settle down. But it turns out there’s not just one new man in Paige’s life—there are two.
Joan Sample is not living the life she expected. Now a widow and an empty-nester, she has become by her own admission something of a recluse. But after another birthday spent alone, she is finally inclined to listen to her sister, who has been begging Joan to reengage with the world. With Emmie’s support, Joan gathers the courage to take some long-awaited steps: hiring someone to tame her overgrown garden, joining a grief support group, and even renting out a room to a local college student. Before long Joan is starting to feel a little like herself again.
Across town, Maggie Herbert works mornings as a barista, tending to impatient customers before rushing to afternoon nursing classes. She lives with her alcoholic father, ducking his temperamental outbursts and struggling to pay the household bills. But her circumstances brighten when she finds a room for rent in Joan’s home. In the unexpected warmth of her new situation, Maggie finds a glimmer of hope for a better life. But will Maggie’s budding attraction to one of her favorite customers ruin the harmony she’s only recently found with Joan? Meanwhile, what is Joan to make of the mysterious landscaper who’s been revitalizing her garden—a man who seems to harbor a past loss of his own?
Los relatos que componen este libro son una declaración de amor a la literatura y de gratitud a algunos escritores. Álvaro Medina de Toro nos desvela su punto de partida en el título, Huellas, y sus objetivos en el subtítulo, Fabulaciones biográficas. Seis escritores son objeto de recreación literaria: Antón P. Chéjov, Edgar A. Poe, Stefan Zweig, Luis Cernuda, Gabrielle-Sidonie Colette y Graham Greene. Sus escritos y sus vidas dejaron huellas profundas en el autor siendo adolescente, ese sedimento sobre el que ahora se levantan estos exigentes relatos. Cargados de emoción, humor, en un estilo ágil y diáfano, ofrecen al lector claves de su biografía y su escritura. Huellas no pretende ser biografía ni crítica, sino plasmar a sus personajes con una mirada literaria, libre y documentada.
Es una opinión casi unánime entre la crítica que "La Quimera" inicia o, al menos, consolida un cambio de rumbo en la manera de novelar de Emilia Pardo Bazán, caracterizado por los análisis psicológicos minuciosos, el interés por el esteticismo, las tendencias espiritualistas, la apertura al mundo del misterio y la irracionalidad, la defensa del Ideal contra la Razón o el estilo poético e impresionista, entre otros aspectos de notable interés. Inspirada en personajes y sucesos del Madrid reciente, "La Quimera" parte de un fondo autofictivo para construir una sátira social y en palabras de su propia autora "estudiar un aspecto del alma contemporánea" por medio del arte literario.
El "Crotalón" (o "Crótalon"), diálogo atribuido a Cristóbal de Villalón, es una obra escrita a mediados del siglo XVI, coincidiendo con un momento de creciente tensión entre las ideas de la Reforma y las nacidas contra esta en Roma y en el Vaticano. El texto, que retoma el argumento de "El gallo" de Luciano de Samósata, nos presenta un agudo y satírico retrato de los vicios sociales, rematado por un último capítulo en que el diálogo se torna una novedosa diatriba contra el estado de cosas de la sociedad europea y española de su tiempo. La renovada interpretación que el autor hace de Luciano, sin separarse por ello de una sólida fundamentación evangélica, avala además una revisión de las costumbres morales y lo sitúa en la línea de los grandes reformadores de la Europa del Renacimiento.
«Por fin: aquí están los prolegómenos de la gran obra, la aurora boreal del ciclo, el lienzo secreto del fresco, el solar en el que se construyó la catedral de siete pilares, el prefacio del propio Marcel, la búsqueda de En busca del tiempo perdido. [...] Proust ha vuelto, único y visionario como siempre» ( J. Garon, L’Obs). Así han saludado unánimemente los expertos y la crítica el hallazgo de este tesoro literario: un manuscrito mítico que ve la luz tras el fallecimiento de su propietario, Bernard de Fallois. Escritos entre 1907 y 1908, con estos episodios emblemáticos y fundacionales de su obra maestra se penetra por arte de magia en la memoria proustiana como si se tratara de una primigenia autobiografía en la que los personajes y los lugares surgen en toda su desnudez y conservando sus nombres auténticos —la abuela Adèle, la madre Jeanne y un joven Marcel estremecedoramente «humano, amoroso, atento con su familia, fiel y generoso» (A. Compagnon, Le Figaro Littéraire).