La nueva voz de la novela policiaca en español. Un inteligente y rotundo debut a la altura de los grandes del género negro.
Solo el rechinar de las cigarras perturba el apacible y familiar verano de San Lorenzo de El Escorial. Y es en plena ola de calor cuando, en el cuarto de calderas de una casa herreriana, aparece un hombre maniatado y muerto por deshidratación, con la vista fija en una botella de agua que cuelga del techo. La teniente Karen Blecker ―recién llegada a España tras trabajar casi toda su carrera para la Europol― y el particular brigada Cano deberán esclarecer la identidad de esa víctima a quien nadie parece conocer. Y los evidentes paralelismos con un crimen cometido dos décadas atrás los obligarán a escarbar en los dolorosos años de plomo del terrorismo...
Es de noche y en el puerto de Barcelona un guardia hace su ronda cuando su pastora alemana se para en seco a olfatear desesperadamente un contenedor. Al llegar, los mossos hallan en su interior a una mujer inconsciente y deshidratada. Tiene una brecha en la sien, quemaduras en la cara y el cuerpo, y no recuerda quién es ni cuál es su lengua materna, pero está viva. Mientras se recupera en el Hospital Clínic, un hombre intenta asesinarla. La inspectora Anna Ripoll, experta en trata de mujeres, parece haber dado con su identidad y su dirección: Alicia Garone; 19, rue du Chariot, Lyon. En la ciudad francesa el inspector Erik Zapori busca el modo de librarse de la investigación a la que asuntos internos lo está sometiendo por delitos de corrupción y proxenetismo. Nada mejor que viajar a España a ayudar en la resolución de este caso, aunque pueda ser el más complejo de su vida.
Rosa Montero, una de las autoras más queridas y premiadas en lengua española, vuelve a la novela negra, esta vez acompañada por Olivier Truc, ganador del Premio Quais du Polar, el más prestigioso galardón francés del género policiaco.
Leer esta magnífica historia es como descorrer un oscuro velo hacia lo desconocido. En esta obra maestra del terror cósmico, H. P. Lovecraft, el arquitecto del miedo ancestral, nos guía hacia un mundo donde las certezas se desmoronan y la cordura se convierte en un frágil espejismo. El relato traza un inquietante descenso hacia las profundidades de lo prohibido, allí donde fuerzas inimaginables aguardan, indiferentes a la insignificancia humana. Con su inconfundible estilo, el autor entrelaza ciencia, mitología y horror, creando una atmósfera tan opresiva como fascinante. La narrativa, cargada de detalles meticulosos, dibuja criaturas imposibles, vastos abismos y secretos olvidados que despiertan tanto la fascinación como el terror. Ese terror que se transforma en más horror, en un horror insoportable, en una exploración de los límites de la percepción, una advertencia sobre la osadía de desafiar lo incognoscible. Con cada palabra, este genio de Providence nos sumerge en un abismo de pesadilla del cual, quizá, no podamos regresar…
La obra de Conan Doyle está compuesta de novelas policíacas, de anticipación e históricas. Entre las primeras, todas ellas con los protagonistas Sherlock Holmes y el doctor Watson, están Estudio en escarlata (1887), El signo de los cuatro, Las aventuras de Sherlock Holmes (1892), Las memorias de Sherlock Holmes (1894), El perro de los Baskerville (1902), El regreso de Sherlock Holmes (1905) y Recuerdo de Sherlock Holmes (1927). Algunos de estos títulos son recopilaciones de los relatos cortos que publicó en diarios y revistas, medio habitual en Conan Doyle e idóneo para este tipo de obras.
Sherlock Holmes adquirió tanta popularidad que se llegó a convertir en un mito literario, un personaje de ficción que oscureció a su propio creador, Conan Doyle. Sir ARTHUR CONAN DOYLE nació en Edimburgo en 1859. Fue educado por jesuitas hasta su entrada en la Universidad para cursar estudios de Medicina, carrera que finalizará en 1881. Terminada su carrera, ejerció la medicina entre 1882 y 1890 en Portsmouth y comenzó a escribir, creando el famoso personaje de Sherlock Holmes y de su ayudante, el doctor Watson, iniciando así una serie de obras que duraría hasta el final de su vida. Pero la literatura no le hizo abandonar su otra profesión, la de médico: como tal participó en la campaña del Sudán (1898) y en la guerra de los bóers (1899-1902) en el ejército británico.
El primer amor, de Iván Turguénev, es una de las cumbres literarias del romanticismo ruso. En sus páginas, este extraordinario autor captura con exquisita delicadeza la conmoción y la intensidad de ese primigenio atisbo del amor, ese vértigo que transforma a quien lo experimenta por primera vez. El relato sigue a un joven de dieciséis años, Vladímir, atrapado entre la euforia y la melancolía al conocer a Zinaída, una mujer que encarna tanto la belleza como el misterio. A través de su conexión, Turguénev despliega un abanico de emociones universales: la inocencia de la pasión adolescente, el dolor del amor no correspondido y la complejidad de las relaciones humanas. La obra nos enfrenta a la naturaleza fugaz e inmortal de ese amor inicial, que, aunque efímero, deja una huella indeleble. Una historia de sentimientos, un estudio profundo de los matices del alma humana escrito con una prosa que sigue brillando por su claridad y sensibilidad. Un clásico eterno que sigue emocionando a lectores de todas las generaciones.
Pocas obras han desatado tanta controversia y fascinación como Salomé, el escandaloso drama con el que Oscar Wilde incendió los escenarios europeos y desafió los valores estéticos y morales de su tiempo. Con una escritura fulgurante, marcada por la sensualidad y una violencia contenida, esta tragedia breve se despliega como un ritual poético y perverso que roza lo sagrado y lo sacrílego al mismo tiempo. La historia, inspirada en los Evangelios pero desbordada por el genio provocador de Wilde, gira en torno al deseo prohibido, la obsesión y el poder de la mirada. Salomé, joven y enigmática, convierte su danza en un arma de seducción y condena, mientras que la belleza y el horror se abrazan en un clímax implacable que aún hoy continúa estremeciendo. Una reflexión aguda sobre la corrupción del deseo, la arbitrariedad del castigo y el arte como forma de transgresión absoluta. En sus páginas late la esencia misma del decadentismo y el espíritu estético de fin de siglo. Más de un siglo después, su lectura sigue siendo tan inquietante como imprescindible.