Gabriel ha renunciado a la normalidad de la vida para perderse en una dolorosa búsqueda de su lugar en el mundo. A sus treintaiún años inicia esta narración en la que vuelve sobre sus pasos para intentar descifrar cómo ha llegado a convertirse en el hombre que es ahora.
Con una prosa tan hermosa como desgarradora, en esta novela Piedad Bonnett nos habla de la soledad, la angustia y la posibilidad de redención de un hombre que cae hasta tocar fondo.
En un barrio de Mexicali, una de las últimas ciudades de México antes de la frontera con Estados Unidos, dos niñas inseparables, Elisa y Aimé, viven un verano que las marcará para siempre. La noche antes de que Elisa abandone la ciudad para ir a estudiar fuera gracias a una beca de atletismo, la responsabilidad de ambas en un suceso trágico fracturará no solo su amistad, sino a todo el barrio, una comunidad donde la violencia se mezcla con la superstición y el miedo.
Dos décadas después, las dos amigas se reencuentran convertidas en personas muy distintas a las niñas que fueron. Promesa frustrada del atletismo, Elisa regresa a su ciudad natal sola y avergonzada por unas expectativas que no ha logrado cumplir. Antaño tímida y a la sombra de su amiga, Aimé es una mujer influyente que ha sabido reconducir su destino con mano férrea. Entre ambas se abre una grieta marcada por la culpa y la distinta forma de afrontar el secreto compartido.
Donde termina el verano es una novela sobre el fin de la inocencia y la violencia estructural que atraviesa a los niños y las mujeres en un lugar de paso marcado por la extrema pobreza. Narrada con una prosa hipnótica y precisa, Elma Correa compone una gran elegía fronteriza en la que el relato oficial —los feminicidios, los niños robados y las madres que callan— queda iluminado por los principios de honestidad y lealtad de una comunidad al margen de la ley.
En 1919, en un bosque a las afueras de Berlín, Otto Mueller pinta Dos mujeres desnudas. Todo empieza aquí. De las paredes del estudio del artista a las del despacho de su primer propietario, el propio cuadro observa la vida cotidiana. Sin embargo, pronto se ve arrastrado por las tribulaciones de un oscuro periodo histórico: la llegada de Hitler al poder, el antisemitismo de Estado, la calificación de «degenerado» del arte moderno por parte de los nazis, el expolio de las familias judías, exposiciones, ventas, hogueras...
La pintura Dos mujeres desnudas logra sobrevivir; es el testigo mudo de un mundo que escapa a su comprensión. Esta maravillosa novela gráfica (e histórica) es el fruto de una extensa investigación de su autor, Luz, y nos invita a estar vigilantes ante cualquier forma de autoritarismo político y cultural.
«En este libro hay más lecciones valiosas sobre el oficio de novelista que en cualquier facultad de literatura.» Juan Gabriel Vásquez.
En septiembre de 1967, unos jóvenes Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa se reunieron en Lima para hablar de literatura latinoamericana. El primero había vendido ya miles de ejemplares de Cien años de soledad. El segundo acababa de ganar el Premio Rómulo Gallegos por La casa verde.
Hoy ambos son considerados universalmente dos de los máximos exponentes de la literatura en español, pero por aquel entonces eran dos jóvenes que estaban empezando su carrera como novelistas. En Dos soledades se sitúan frente a frente dos escritores, dos genios literarios, dos maneras diferentes de entender la literatura, dos temperamentos en cierto modo contradictorios, dos formas distintas de narrar. Son los tiempos en que el boom se está gestando, en los que todavía no se ha acuñado nombre para lo que hoy conocemos como «realismo mágico». En estas páginas apasionantes, el lector asiste a una conversación sin igual.
La edición incorpora textos de Juan Gabriel Vásquez, Luis Rodríguez Pastor, José Miguel Oviedo, Abelardo Oquendo, Abelardo Sánchez León y Ricardo González Vigil, quienes rememoran, la mayoría en calidad de testigos, aquel diálogo; y, además, dos entrevistas al escritor colombiano, una selección fotográfica, y la valoración que hace hoy Vargas Llosa de la vida y obra de García Márquez.
«El entusiasmo y la capacidad de identificación que Jane despierta resultan tan profundos que la interpretación contemporánea ha colocado a la escritora en el centro de su familia, de su sociedad e incluso de su tiempo, y la contempla y debate sobre ella, sus gustos, sus amoríos, sus desgracias o sus características literarias conforme a la importancia de la que en la actualidad goza. Es agradable que el tiempo compense algunas de las crueldades con las que la Historia afligió a las autoras del siglo XIX, pero insistir en esa versión nos lleva a perdernos una de las miradas más interesantes, más inteligentes y peor comprendidas de la historia de la literatura».
«Si hubiera vivido un poco más, apenas tres años, Joseph Roth habría asentido ante la escena de Casablanca en la que el mayor Strasser le pregunta a Rick por su nacionalidad. "Soy un borracho", responde este. Roth habría respondido igual si alguien le hubiera preguntado. Todos sus lectores lo sabemos porque lo dejó clarísimo en sus libros, en sus dibujos y en lo que los biógrafos han descubierto de su vida. También sabemos que no le preguntaron por su nacionalidad, porque Roth fue uno de los miles de apátridas que se morían del asco en la Francia a punto de rendirse ante Alemania. En un país lleno de refugiados con pasaporte Nansen (cuyo papel era tan malo que se deshacía al segundo trámite), la gente había perdido la costumbre de preguntarse por nacionalidades que ya no existían. "Así soy realmente: maligno, borracho, pero lúcido. Joseph Roth", escribió en la dedicatoria de un autorretrato que se hizo en París en noviembre de 1938, seis meses antes de su muerte».