Intriga, pasión y aventura en un thriller de altísima tensión en el que los hilos se entrelazan a bordo de un Boeing 314, por el maestro indiscutible del genero: Ken Follett.
Septiembre de 1939. Gran Bretaña ha declarado la guerra a Alemania.
Aventureros, artistas, hombres de negocios, ciudadanos que huyen de la vejación y la miseria embarcan en el último hidroavión que despega rumbo a Estados Unidos, abandonando un país sobre el que planea la incertidumbre...
La noble y fascista familia de los Oxenford huye para evitar la detención del patriarca. A su vez, Diana Lovesey lo hace para escapar con su amante Mark, mientras su marido Mervyn la persigue junto con Nancy Lenehan, que quiere impedir que su hermano Peter malvenda su empresa.
John Earle McLaren, «Whitey», un hombre afable de sesenta y siete años y que durante un tiempo fue el popular alcalde de Hammond, presencia un altercado entre la policía y un joven de tez oscura al que han detenido sin motivo aparente. Tras verse moralmente obligado a intervenir, los dos agentes se ensañan brutalmente con él. Las consecuencias de este enfrentamiento abren la puerta a una realidad bastante más oscura dentro de la familia McLaren, cuyos cinco hijos afrontarán el duelo revelando sus prejuicios, rencores e inseguridades: desde el desdén racista hacia la nueva pareja de la madre hasta las estrategias sibilinas para asegurarse la mayor parte de la herencia. Bajo una fachada de respetabilidad se esconden unos cimientos podridos que pueden hacer que la casa familiar acabe por derrumbarse.
«Durante las noches azules uno piensa que el día no se va a acabar nunca. A medida que las noches azules se acercan a su fin (y lo hacen, lo hacen siempre), uno experimenta un escalofrío literal, una visión de enfermedad, en el mismo momento de darse cuenta: la luz azul se está yendo, los días ya se están acortando, el verano se ha ido. Este libro se titula Noches azules porque en la época en que lo empecé a escribir sorprendí a mi mente volviéndose cada vez más hacia la enfermedad, hacia la muerte de las promesas, el acortamiento de los días, lo inevitable del apagamiento, la muerte de la luz. Las noches azules son lo contrario de la muerte de la luz, pero al mismo tiempo son su premonición.»
En una antigua zona de marismas de la capital islandesa, aparece flotando en un estanque el cadáver de un vagabundo. Como a casi nadie le importa su muerte, la policía archiva rápidamente el caso. Un problema menos. Sin embargo, un joven agente llamado Erlendur, que conocía al mendigo de sus rondas por el corazón de la ciudad, empieza a obsesionarse con las circunstancias del trágico suceso. Hay varios detalles que indican que no se trató de un simple accidente y Erlendur tiene la firme convicción de que todos merecen justicia.
Después de ver a mi madre sucumbir a una misteriosa enfermedad, me prometí dos cosas: que encontraría la cura y que no volvería a la ciudad en la que la perdí.
Cuatro años después, me admiten en la Universidad de Dracadia, una de las más antiguas y prestigiosas del país, aunque se rumorea que está plagada de las almas de los enfermos exiliados allí siglos atrás.
Sin embargo, su infamia no es lo más oscuro de la institución. Devryck Bramwell, conocido en el campus como el Doctor Muerte, es un brillante patólogo a cargo del laboratorio nocturno. Aunque parece detestar a los tenaces estudiantes de primer año como yo, su mirada oscura y enigmática me dice que me devoraría a la más mínima oportunidad…
Ansío su autoridad. Él, la redención. Y juntos somos puro veneno.
Los muertos tienen mucho que enseñarnos, y solo es cuestión de tiempo hasta que el secreto más corrupto de Dracadia resucite.
Nocturno de Chile relata una noche de agonía en la vida de Sebastián Urrutia, excusa para recorrer la historia de un país infernal «que no sabe muy bien si es un país o un paisaje».
Sacerdote derechista, reconocido crítico literario, ignorado poeta, Sebastián Urrutia Lacroix se encuentra tendido en la cama una noche que parece ser su última en este mundo. El sudor, el delirio, la certeza de un final y su dolencia lo aquejan cruelmente. Pero más febril que su enfermedad es el alud de recuerdos, la avalancha incontenible de un pasado fantasmal de halcones adiestrados para cazar palomas, de lecciones de marxismo a un dictador en ciernes, de un artista abandonado a sí mismo en la inanición, de tertulias iluminadoras en una casa sumida en la herrumbre de la tortura.
Interrumpido solamente por el «joven envejecido» de su consciencia, el monólogo de Urrutia se alza por encima de los muros de una ciudad hundida en el toque de queda.