A finales del siglo XVlII,la joven criolla Antonia de Salis vive con su prima Teresa en Rusia. Allí reciben la visita de un fascinante militar hispanoamericano, Francisco de Miranda, precursor de la independencia que agita a las colonias, que está de visita en Rusia para tejer una alianza con Potemkin. Antonia cae seducida ante un personaje tan idealista como ardiente, con fama de donjuán y magnífico contador de historias ante las damas. Tanto que, tras algunos encuentros furtivos, decide seguirlo hasta San Petersburgo, donde Francisco de Miranda es perseguido, sin saberlo, por un diplomático español empeñado en capturarlo. Treinta años después, en la cárcel de La Carraca en Cádiz (los hechos están rigurosamente documentados), un general Miranda enfermo y vencido recibe las visitas y los cuidados de una enigmática mujer que tiene muy presentes las aventuras de Crimea y de San Petersburgo.
Un joven científico italiano es capturado por piratas cuando viaja de Venecia a Nápoles. Poco después es vendido como esclavo a un sabio turco deseoso de conocer los avances científicos de Occidente. Ambientada en la Turquía del siglo XVII, El castillo blanco cuenta la extraordinaria historia de estos dos hombres, que curiosamente guardan un gran parecido físico. Una fascinante exploración de la identidad, del fatídico pulso entre tradición y modernidad, y del destino del intelectual a través de la relación que surge entre ambos personajes.
Había una vez cuatro chicos, compañeros en todo, que decidieron proteger a un chico indefenso atormentado por el tirano del colegio. Su acción marcó un cambio decisivo en sus vidas. Un cambio tan grande que tardarán veinticinco años en entender su importancia... Ahora son adultos, con más problemas y más desilusiones, pero una vez al año se reúnen para cazar en los bosques de Maine. Este año, un desconocido entra en su cabaña y, aturdido y confuso, balbucea frases incomprensibles sobre extrañas luces en el cielo. En poco tiempo, los cuatro amigos se encuentran en medio de una lucha terrorífica contra seres de otro mundo. La única posibilidad de salvación radica en encontrar a aquel amigo del pasado, el que sabía cazar sueños y que sabrá también frustrar los sueños de los invasores... Una obra maestra del terror y una historia de ternura y amistad profunda.
Treinta años después de El nombre de la rosa, Umberto Eco vuelve para mostrarnos que, en la literatura y en la vida, nada es lo que parece y nadie es quien dice ser. Todo tiene que ver con la conveniencia, y así hasta puede acabar triunfando el rufián que desconfía de todos y que siempre se mantiene alerta, aunque no se mueva casi de ese sitio en el que lo vemos al comenzar esta historia verdaderamente extraordinaria. París, marzo de 1897. Las primeras páginas de El cementerio de Praga nos muestran a un hombre de sesenta y siete años que escribe sentado a una mesa, en una habitación abarrotada de muebles: es el capitán Simonini, un piamontés afincado en la capital francesa, que desde muy ¡oven se dedica al noble arte de crear documentos falsos. De pocas palabras, misógino y glotón, el capitán se inspira en los folletines de Dumas y Sue para dar fe de complots inexistentes, fomentar intrigas o difamar a las grandes figuras de la política europea. Caballero sin escrúpulos, Simonini trabaja al servicio del mejor postor: si antes fue el gobierno italiano quien pagó por sus imposturas, luego llegaron los encargos de Francia y Prusia, e incluso Hitler acabará aprovechándose de sus malvados oficios, esos que hacen brillar cada página de esta magnífica novela.
Piloto de motocicletas, aspirante de torero en Málaga y aviador en la RAF a los diecisiete años, Frederick Forsyth ingresó muy joven en el mundo del periodismo.
Enviado por la agencia Reuter a cubrir los viajes del general Gaulle en la época de los atentados de la OAS, concibió contar un atentado desconocido: el que cometió Chacal, ¿Se trata sólo de una novela? ¿Mezcla el autor la realidad con la ficción? ¿Ocurrió realmente?...