Publicada con motivo del centenario del nacimiento de Julia Uceda, una de las autoras más importantes de su generación y de la poesía española contemporánea, esta antología es fruto de la colaboración entre la poeta, que trabajó en ella hasta poco antes de su muerte en 2024, y su sobrino el artista Francisco Uceda. A todo lo que pase y se borre y se pierda recoge poemas de sus diez libros publicados, desde Mariposa en cenizas (1959) hasta Escritos en la corteza de los árboles (2013), y los acompaña de ilustraciones expresamente realizadas para la ocasión, en una hermosa edición que rinde homenaje a la memoria de Julia Uceda y reivindica tanto su perdurable ejemplo moral como la fuerza y la singularidad de su poesía.
Huyendo de la mítica isla de Zanzíbar, tierra de mercaderes de perfumes y especias acunada por los monzones, Saleh Omar, un comerciante de 65 años, llega al aeropuerto de Gatwick con una caja de caoba llena de incienso y un pasaporte falso. Para comunicarse con él, los servicios sociales recurren a Latif Mahmud, un poeta experto en suajili, profesor y exiliado voluntario que vive apaciblemente en un apartamento de Londres. Cuando los dos hombres se encuentran en una pequeña ciudad junto al mar, una larga historia de amores y traiciones, seducciones y decepción, azarosos desplazamientos y litigios iniciada mucho tiempo atrás empieza a desenmarañarse.
Este segundo volumen de En busca del tiempo perdido, considerada una de las obras cumbre de todos los tiempos, obtuvo el premio Goncourt en 1919.
Tras una primera parte en la que el Narrador intima con los Swann y estrecha su relación con Gilberte, lo que le lleva a experimentar los cataclismos anímicos y mentales que produce el amor, aborda el deslumbrante relato de su estancia en la localidad costera de Balbec. Sin olvidar el divertido elenco de secundarios que pueblan el Grand-Hôtel, allí conoce, entre otros, al arrebatador Saint-Loup, al excéntrico barón de Charlus, al pintor Elstir, y a Albertine y el resto de las «muchachas en flor».
Marcel Proust envuelve al lector en un torbellino de sensaciones y pensamientos en el que va alternando sabiamente la comicidad y el desgarro, ambos propios de la condición humana.
Winston Smith trabaja para el Ministerio de la Verdad en Londres, la ciudad principal de Pista Aérea Uno.
El Hermano Mayor observa a todo el mundo desde cada uno de los carteles, la Policía del Pensamiento descubre todos y cada uno de los actos de traición.
Cuando Winston encuentra el amor con Julia, descubre que la vida no tiene que ser monótona y asfixiante, y abre los ojos a nuevas posibilidades. A pesar de los helicópteros de la policía que sobrevuelan la ciudad por doquier, Winston y Julia comienzan a cuestionar al Partido y se ven atraídos hacia la conspiración. Sin embargo, el Hermano Mayor no tolera la disensión… ni siquiera la de un simple pensamiento. Para aquellos que tienen ideas propias, inventaron la Habitación 101.
1984 se erigió en uno de mis libros predilectos [...] la novela describe la vigilancia permanente, la imposibilidad de hablar abiertamente con nadie, la acechante y ominosa figura del Gran Hermano, la necesidad del régimen de contar con enemigos y guerras (por ficticios que sean) que se utilizan para aterrorizar a la gente y unirla en el odio, los eslóganes ofuscadores, las distorsiones del lenguaje, la destrucción de lo que en verdad ha ocurrido arrojando hasta el menor rastro por un «agujero del recuerdo»…; todo ello me impresionó. Permítanme reformular esto último: me lanzó a un agujero de terror.