Meg, Jo, Beth y Amy son cuatro hermanas que viven con su madre y que deben enfrentarse a los retos de crecer en un mundo marcado por la guerra y las dificultades. Aunque tienen personalidades muy distintas, el estrecho vínculo que las une las hace inseparables.
Mujercitas y su continuación, Aquellas mujercitas, dos clásicos de la literatura, narran con intensidad, ternura y humor las alegrías y los problemas de las cuatro inolvidables hermanas de la familia March, con las que todos hemos crecido.
Mujercitas, el clásico de Louisa May Alcott ambientado en la guerra de Secesión, fue publicado en Estados Unidos en 1868. Han pasado más de ciento cincuenta años desde entonces, pero la complicidad de las cuatro hermanas March, que resumen el espíritu crítico de una época en sus gestos y palabras, sigue siendo fuente de inspiración y disfrute para las generaciones de lectoras y lectores que se asoman por primera vez a las páginas de esta fascinante obra.
La introducción de Elaine Showalter, catedrática de la Universidad de Princeton y una de las voces más representativas de la crítica literaria feminista, analiza en detalle las influencias de Alcott y el impacto de Mujercitas en la obra de escritoras de la talla de Simone de Beauvoir o Joyce Carol Oates. La excelente traducción de Gloria Méndez está acompañada de algunas ilustraciones que aparecieron en la edición de 1880, a cargo del ilustrador americano Frank T. Merrill.
Mujercitas es un clásico de referencia, incluso entre las lectoras actuales más jóvenes, y magnífico canto a la libertad y la alegría de vivir.
«Los sueños de Jo poseen la magia de fundirse con los nuestros. Hoy hay que leer este libro con su mirada, porque el mundo necesita, más que nunca, que las mujeres tengan libertad para decidir su propio destino.»
La vida de Rodolfo siempre ha estado marcada por el trauma de la guerra de Angola, pero sobre todo por el asesinato de su padre a manos de su hermano Geni, apodado Caballo Loco. Ahora, recién jubilado, Rodolfo se encuentra con que recobra la intimidad inesperada de su cuñada Nora, viejo amor de juventud, pero también con una noticia inquietante: van a excarcelar a su hermano parricida, aquejado de una enfermedad incurable, y no tiene otro destino que la casa familiar. En esa tensa espera, y durante poco más de una semana, se reavivarán viejos rencores, secretos familiares que creían enterrados, y en especial los detalles del sangriento asesinato que cambió la vida de todos en la familia. Solo la llegada de la hija de Rodolfo, y la intervención de un joven triunfador en una Habana desahuciada, darán el último y desesperado apoyo a Rodolfo. Un relato dramático, una novela magistral, que cuenta cincuenta años de historia de un país.
Estamos ante un libro que verdaderamente, y no como se suele decir con tantas obras, encierra un mundo; un cuerpo de catorce caras que señala y resume algunos de los instantes decisivos de la Historia universal, ordenados cronológicamente y narrados de forma magistral.
El origen de Miramientos se encuentra en el apéndice «Artistas perfectos», que cierra el libro Vidas escritas. En él, Javier Marías comentaba los retratos fotográficos de treinta y siete autores, todos extranjeros y todos muertos. La exclusión ahí de escritores en español lo llevó a escribir para la revista Cuadernos Cervantes los comentarios a los retratos de Valle-Inclán, Borges, Aleixandre, Benet, Bioy Casares, García Lorca, Victoria Ocampo, Fernando Savater, Cabrera Infante, Neruda, Mendoza, Martínez Sarrión, Cernuda y Quiroga, y a recogerlos, posteriormente y junto a otros retratos, en este volumen que completa con un «Autorretrato farsante» dedicado a sí mismo, una tentación que, como el propio Javier Marías reconoce, no pudo evitar, pero a la que intentó enfrentarse con el mismo «miramiento».
La novela Miguel Strogoff fue escrita por Julio Verne en 1876. El personaje de la novela, Miguel Strogoff, es un mensajero del zar de Rusia, que debe atravesar Siberia para llevar un mensaje crucial al hermano del zar y salvar a su país de una invasión. Para ello empleará todos los medios disponibles y una identificación distinta a la propia. Partirá de Moscú y atravesará montañas, estepas y zonas pantanosas en un viaje heroico. Julio Verne relata la variedad de territorios, peligros y sufrimientos que el protagonista debe superar para cumplir la misión que le ha encomendado personalmente el zar.
¿Cómo fue la infancia de Kim Jong-un?
¿Cuáles fueron sus deseos y pasiones?
¿Qué le hacía feliz?
La autora surcoreana Keum Suk Gendry-Kim vive desde hace años en la isla de Ganghwa, ubicada en la línea fronteriza con Corea del Norte. A pocos metros de su casa hay una base militar cuyas estruendosas prácticas le recuerdan que, aunque hace setenta años se firmó el armisticio que puso fin a la Guerra de Corea, las tensiones con los vecinos del norte no han terminado.
Los medios de comunicación han lanzado un mensaje de alerta: un meteoro se dirige hacia la Tierra y su impacto podría ser de una magnitud equivalente al que provocó la desaparición de los dinosaurios. Hay quienes creen que llega el inminente final, mientras que otros actúan como si nada. Sin embargo, no hay héroes que vayan a salvar a la humanidad. Cada uno tendrá que enfrentarse a este momento preapocalíptico con sus fortalezas y vulnerabilidades.
J.-C. Deveney y Tommy Redolfi nos trasladan a un paisaje donde la pesadez de la nieve construye el escenario del fin del mundo. En él, los personajes se cruzan y se entrelazan, intentando seguir con sus vidas en un contexto de recesión, incertidumbre y desapego.
Medea me cantó un corrido es la deslumbrante nueva obra de Dahlia de la Cerda, tras el éxito apabullante obtenido en México con Perras de reserva y Desde los zulos. La autora crea un paisaje literario único, característico de su estilo original, donde las protagonistas se enfrentan a situaciones límite, inmersas en un fuego cruzado entre la violencia del crimen organizado, el Ejército y los conflictos de padres, familias o parejas provenientes de estos entornos. Sin embargo, como dice una de ellas parafraseando a Sartre: «No somos lo que hicieron de nosotras, sino lo que hacemos con lo que hicieron de nosotras». Por fortuna, en esta ocasión contarán con la ayuda de Medea, el personaje mitológico, que aparecerá «toda vestida de negro, con unas trenzas africanas muy perritas» para auxiliar a las protagonistas, ya sea en abortos o en el término de relaciones abusivas similares a la que ella vivió con Jasón. En estas páginas conviven situaciones delirantes y sumamente divertidas que discurren en compañía de una banda sonora de fondo plagada de corridos tumbados, cumbias, y ritmos de perreo. Dahlia de la Cerda se sirve de un lenguaje propio, música y humor negro para compartir con sus lectoras la existencia de las memorables protagonistas que habitan esta historia.