Al cumplir setenta años, H. Leyvik, quizá el poeta yiddish más laureado, decidió echar la vista atrás para relatar sus experiencias como víctima de la represión tras participar en la Revolución rusa de 1905, cruelmente aplastada por las tropas imperiales, de cuyos rescoldos, doce años más tarde, brotaría la Revolución de Octubre. Primero en las kátorgas del zar―un sistema carcelario que prefiguró el gulag―entre 1906 y 1912, cuando el escritor apenas contaba dieciocho años, y durante su posterior deportación a Siberia, Leyvik rescata del olvido a sus compañeros de reclusión―ya fueran revolucionarios o presos comunes, judíos o gentiles―y evoca su infancia, la educación tradicional que recibió y el despertar de su compromiso político, así como el largo viaje a pie hasta Siberia. Un testimonio tan sobrecogedor como vital, y una profunda reflexión sobre la vida y la libertad.
En el verano de 1980, pocos días antes de la ceremonia de apertura de los célebres Juegos Olímpicos boicoteados por multitud de países tras la invasión soviética de Afganistán, Liza Klein y su madre abandonan Moscú para pasar tres días en el campo, pero ni siquiera estas breves vacaciones permiten a la joven descansar de la severa educación que le impone su protectora madre de orígenes aristocráticos. A través de la relación entre ambos personajes, la autora revisita lugares olvidados para reconstruir el pasado: ¿qué supone haber nacido y crecido en la Unión Soviética?, ¿en qué consistía aquella «educación» y hasta qué punto era, pese a todo, soviética la que inculcaron a sus vástagos las elites nacidas del deshielo?
La cafetería Torunka está escondida en una angosta callejuela de Tokio, un rinconcito del barrio frecuentado tanto por gatos del vecindario como por turistas. Entre sus clientes habituales se encuentran Chinatsu Yukimura, una misteriosa joven que siempre deja una servilleta doblada en forma de bailarina antes de marcharse; Hiroyuki Numata, un hombre de mediana edad que ha vuelto al barrio en busca de la vida feliz que abandonó años atrás, y Shizuku, la hija adolescente del propietario de la cafetería, quien sigue tratando de superar la muerte de su hermana mientras se enamora por primera vez.
Si bien la cafetería Torunka sirve un café ideal, lo que les proporciona a esas almas desdichadas es algo infinitamente más valioso.
En 1999 centenares de jóvenes pasaron por las audiciones para interpretar a Harry Potter. Entre los dos candidatos que llegaron hasta el final, Daniel Radcliffe fue elegido por tener, según la directora del casting, «ese algo extra». Al leer estas declaraciones, David Foenkinos empatizó de inmediato con el chico que no tenía ese toque extra: el número dos. Esta novela narra su historia.
La vida de Martin Hill, un chico con padres divorciados y gafas negras y redondas, da un vuelco cuando acude por azar a la productora londinense en la que trabaja su padre el mismo día en que pasa por ahí David Heyman, inmerso en la búsqueda del actor que encarnará al pequeño mago. Tras ser descartado, Martin irá cayendo en sucesivas depresiones con cada nueva entrega de los libros y las películas. A su alrededor, todo le recuerda el éxito de su rival y poco a poco, en lugar de disfrutar de la vida de Radcliffe, la suya propia empieza a parecerse a la del atormentado personaje de ficción. ¿Podrá sobreponerse a esa mancha en su destino y hacer del fracaso una fuerza?
Deborah Levy arranca estas memorias recordando la etapa de su vida en que rompía a llorar cuando subía unas escaleras mecánicas. Ese movimiento inocuo la llevaba a rincones de su memoria a los que no quería volver. Son esos recuerdos los que forman Cosas que no quiero saber, el inicio de su «autobiografía en construcción».
Esta primera parte de lo que será un tríptico sobre la condición de ser mujer nace como respuesta al ensayo «Por qué escribo», de George Orwell. Sin embargo, Levy no viene a dar respuestas. Viene a abrir interrogantes que deja flotando en una atmósfera formada por toda la fuerza poética de su escritura. Su magia no es otra que la de las conexiones impredecibles de la memoria: el primer mordisco a un albaricoque la traslada a la salida de sus hijos de la escuela, observando a las otras madres, «jóvenes convertidas en sombras de lo que habían sido»; el llanto de una mujer le devuelve la nieve cayendo sobre su padre en el Johannesburgo del apartheid, poco antes de ser encarcelado; el olor del curry la lleva a su adolescencia en Londres, escribiendo en servilletas de bares y soñando con una habitación propia.
Leer a Levy es querer entrar en sus recuerdos y dejarse llevar por la calma y el aplomo de quien ha aprendido todo lo que sabe (y todo lo que no querría saber) a fuerza de buscar su propia voz.
«Durante las noches azules uno piensa que el día no se va a acabar nunca. A medida que las noches azules se acercan a su fin (y lo hacen, lo hacen siempre), uno experimenta un escalofrío literal, una visión de enfermedad, en el mismo momento de darse cuenta: la luz azul se está yendo, los días ya se están acortando, el verano se ha ido. Este libro se titula Noches azules porque en la época en que lo empecé a escribir sorprendí a mi mente volviéndose cada vez más hacia la enfermedad, hacia la muerte de las promesas, el acortamiento de los días, lo inevitable del apagamiento, la muerte de la luz. Las noches azules son lo contrario de la muerte de la luz, pero al mismo tiempo son su premonición.»
«Ninguna de las hermanas Grimes estaba destinada a ser feliz, y al echar una mirada retrospectiva siempre da la impresión de que los problemas comenzaron con el divorcio de sus padres.» Así empieza esta magistral novela del autor de Vía Revolucionaria: la historia de dos hermanas que construyen sus vidas por caminos opuestos. Para Sarah, el matrimonio y la vida familiar son un refugio seguro, aunque no garanticen la felicidad. Emily, en cambio, busca en un hombre tras otro las respuestas que no puede darse a sí misma, y procura en vano huir de la soledad.
Nicole y André son una pareja de profesores franceses jubilados que viajan a Moscú para visitar a Masha, la hija de él, nacida de un primer matrimonio. En un sutil juego de pensamientos y reflexiones de ambos protagonistas, se va perfilando la conciencia que tienen de su presente, como si el distanciamiento de su vida parisina habitual actuara como catalizador para adquirir un conocimiento definitivo de sí mismos y de su relación. A través de esta historia, Beauvoir aborda temas como las crisis de pareja, el miedo a envejecer o la sensación de fracaso al no haber alcanzado las metas soñadas en la juventud. Inspirada en sus estancias junto a Sartre en la Unión Soviética durante la década de 1960, la autora contrapone en esta singular novela el entusiasmo de los primeros tiempos hacia aquel país con la posterior decepción ante la desaparición de un ideal socialista puro y soñado.
La vida de Karin, adolescente de un barrio obrero de Dresde, gira en torno a Paul, su primer amor; su amiga Marie, que sueña con convertirse en la primera mujer en pisar la luna, y la hermana pequeña a la que cuida mientras sus padres tratan de mantener la familia a flote. Cuando Paul huye desperadamente al bloque occidental, Karin recibe una visita de la Stasi: de pronto, el régimen ocupa el centro de su vida perturbándola por completo y la joven se ve atrapada en un juego manipulador en el que la inocencia no tiene cabida. Con una mirada intimista pero implacablemente lúcida y un estilo sobrio capaz de plasmar todos los matices de la realidad, Charlotte Gneuß narra la pugna entre el ansia de libertad propia de la juventud y el poder autoritario, retratando un mundo regido por la ambigúedad al que es asombrosamente fácil adaptarse para sobrevivir, pero en el que todo, incluso la moral, parece sospechoso.
Marcellus es un pulpo increíblemente curioso y descarado. Cada día, mucha gente pasa por delante de su tanque en el acuario de Sowell Bay, aunque pocos se detienen demasiado. En cambio, Tova, la limpiadora, le ha cogido cariño y, mientras barre, le cuenta cuánto echa de menos a su hijo, desaparecido hace treinta años en el mar.
A Marcellus no se le escapa nada y es mucho más inteligente de lo que nadie podría imaginar, pero nunca se le ocurriría mover un solo tentáculo para ayudar a uno de sus captores humanos... hasta que comienza a formar una inesperada amistad con Tova. Con su perspicacia de detective, Marcellus ha deducido lo que sucedió la noche de la desaparición. Y ahora tendrá que ingeniárselas desde el otro lado del cristal para revelarle la verdad, antes de que sea demasiado tarde.
Una novela deslumbrante y conmovedora sobre una amistad capaz de vencer la peor de las soledades. Y una historia de esperanza sobre dos almas generosas, criaturas imperfectas... y , quizá por eso, increíblemente luminosas.