En este conjunto de ensayos, Kei Miller explora un mundo más grande que el nuestro: el silencio. Por decisión, imposibilidad o reflejo, no decimos cosas ¿Pero qué hay en el ocultamiento de la expresión? ¿Opresión? ¿Consideración? ¿Ambas? Los silencios definen nuestras vidas. Cada persona conoce los suyos, cada geografía también. A veces los silencios son ajenos: se generan a nuestro alrededor; en ocasiones son propios, se cultivan en nuestro interior. Sin lugar a dudas, en la dimensión del silencio operan un sinfín de significados, y de eso trata este libro. En Cosas que me he callado, Kei Miller pasa por África, Europa y Norteamérica, interpela a James Baldwin, Binyavanga Wainaina, Derek Walcott o Usain Bolt, y por supuesto, a la identidad caribeña, para reflexionar sobre racialidad, género, sexualidad, poder y cuerpo, entre otros. Este libro es político, espacial y personal. Aquí se vuelve luminosa la enorme oscuridad de lo que no decimos.
Pocos años después de la proclamación de la Independencia de Nigeria del régimen colonial inglés, Tayo, un joven aristócrata nigeriano, obtiene la primera beca para estudiar en la Universidad de Oxford, Inglaterra. El inicio de esta historia se da en un momento peculiar, la década de los sesenta, cuando muchos países africanos sueñan y se reorganizan
políticamente. El mundo parece estar en un momento de quiebre ideológico. En Oxford, Tayo, conoce a Vanessa, la hija de un ex militar colonial inglés. Y como si fuera un Romeo y Julieta poscolonial, este libro plantea magistralmente una historia expansiva y provocadora que recorre tres continentes y cuatro décadas, dialogando con intelectuales y artistas de todo tipo y pasando por todos los cambios políticos de Nigeria. Aquí hay una escritura multicultural y multilingüe. Por si fuera poco, la música es casi un personaje que, como dice la excelente traductora de esta obra, Lucrecia Orensanz, pauta épocas. En África, esta novela vendió más de 3 millones de copias.