El irlandés Oscar Wilde (1854-1900) fue uno de los grandes agitadores culturales de su época. Autor polifacético y versátil, cultivó con impagable maestría desde el teatro y la poesía hasta la narrativa oriental y el aforismo, el cuento corto o el ensayo.
De entre toda su producción, El retrato de Dorian Gray (1890) destaca no sólo por ser su única novela, sino también su trabajo más perdurable. Las desventuras de Dorian Gray, ese dandi paradigmático y ocurrente obsesionado con lo efímero, y su pánico a envejecer nos deparan la más genial y absorbente de las vueltas de tuerca que jamás se le hayan dado a la novela fáustica.
Cuando se publicó El retrato de Dorian Gray, la crítica moralizante acusó a su protagonista de ser una figura satánica, corrompida y corruptora, sin comprender que era el héroe de una novela que reflejaba la fatalidad de los románticos: Oscar Wilde (1854-1900) había querido hacer de la belleza un refinamiento de la inteligencia; y para ello sumió a su protagonista en una atmósfera de perversión dominada por el arte y los poderes de un misterio que está más allá de la realidad. Pero el autor no se conforma con la simple descripción: incrusta a su personaje en un crimen y, como Edgar Allan Poe en sus relatos, lo rodea de un misterio que la razón no puede explicar. Dorian Gray sigue siendo, más de cien años después de la muerte de su autor, una piedra angular en los debates entre la ética y la estética, en las relaciones que mantienen el bien y el mal, el alma y el cuerpo, el arte y la vida.
Esta novela es el retrato descarnado de la situación de la mujer en el siglo xix, con una aguda indagación en la psicología de la mujer a través de sus personajes femeninos, además de la descripción de las diferencias culturales entre Europa y los Estados Unidos. Apareció publicada primero por entregas (muy habitual en la época) y apareció en forma de libro en 1881.
Los cuentos reunidos en El sastre que llegó al cielo, prácticamente desconocidos para el gran público, aparecieron de forma aislada en revistas o periódicos, al margen de las numerosas ediciones realizadas en vida de los hermanos Grimm.
Esta edición reúne diecisiete historias que no fueron objeto de las alteraciones llevadas a cabo por Wilhelm, y son, por tanto, las que se hallan más cerca de la fuente de la que fueron extraídas. Con su lectura se comprenderá cuán larga y dificultosa fue la tarea de ambos hermanos desde el momento en que iniciaron el proceso de fijación escrita de los primeros textos recopilados hasta llegar a las versiones que conocemos en la actualidad.
Situada en el París a la vez brillante y miserable propiciado por la "monarquía de Julio" de Luis Felipe, que alentó la locura crematística, "El tío Goriot" (1835) es una de las mejores y más célebres novelas de Honoré de Balzac (1799-1850). A través de la historia de este hombre de extracción humilde enriquecido por los aprovisionamientos de cereal durante la Revolución francesa y hundido, paradójicamente, por el ascenso de sus hijas en la escala social, Balzac retrató en ella de forma magistral la ambición, la codicia, la corrupción y el desamor de una sociedad cegada por el afán de enriquecimiento y de títulos, y en la que no hay lugar para la inocencia.
Gervaise Macquart, que había llegado a París cargada de proyectos e ilusiones, se encuentra sola y con hijos que alimentar en uno de los barrios más pobres de la ciudad. Cuanto más intenta tirar adelante de forma honrada, lavando sin descanso ropa sucia para salir de ese lodazal de miseria, degradación y vicio, más se hunde en él y más cerca está de ser engullida por el tugurio donde hombres y mujeres se abandonan en los brazos del alcohol para desaparecer. Pese al éxito arrollador que obtuvo cuando fue publicado en 1877, El tugurio fue muy polémico; la burguesía lo calificó de indecente y a la clase obrera le pareció insultante. Quizás lo escandaloso realmente fue que, como dice Maria Aguilera en el prólogo de esta edición, la obra maestra de Émile Zola causa «la inefable sensación de que no es literatura, sino realidad