Peggy y Molly son las hijas, y modelos, de Thomas Gainsborough, uno de los retratistas ingleses más famosos del siglo XVIII. Ellas, además de hermanas, son muy buenas amigas. Sus juegos favoritos son espiar a su padre en su estudio y sacar de quicio a su madre, preocupada desde muy pronto por cómo presentar a sus hijas en sociedad. Pero su universo infantil se quiebra cuando Molly empieza a sufrir unos extraños ataques en los que pierde conciencia de la realidad. Peggy asume en secreto el cuidado de su hermana, pues sabe que, si se descubre su enfermedad, será internada en un manicomio. Así crecen las dos, hasta el día en que Peggy se enamora de un amigo de su padre, el encantador compositor Johann Fischer. Su romance con Johann desencadena una amarga traición y obliga a Peggy a cuestionarse el vínculo tan estrecho que tenía con su hermana.
Las hijas del pintor es una novela tierna y oscura sobre dos jóvenes que se desviven por asemejarse a la imagen idealizada de ellas que su padre enseña al mundo en sus retratos. Es la lucha de dos hermanas por entender la historia de un pasado familiar que les ha sido escamoteado.
Dentro de la ingente obra de Honoré de Balzac (1799-1850), Las ilusiones perdidas -novela publicada en su día en tres partes entre 1837 y 1843- ocupa en ella por derecho propio un lugar destacado, crédito que ya le otorgó en su día el propio autor. La obra narra la peripecia de Lucien de Rubempré, joven aspirante a escritor que viaja a París desde la provincia con el objeto de abrirse camino en la capital y triunfar con su pluma, quien sin embargo sólo encuentra en la capital el desengaño y la compacta corrupción de sus sueños.
Esta obra magistral recopila la trilogía completa de La Orestíada, compuesta por Agamenón, Las Coéforas y Las Euménides, un testimonio imperecedero de la genialidad de Esquilo y de su habilidad para explorar los recovecos más profundos de la psique humana, a través de una narrativa intensa y cargada de simbolismo, donde la justicia, la venganza y el destino se entrelazan en una danza trágica y eterna. Sus personajes complejos y sus temas profundos, tratados con una frescura que aún resuena hoy, hacen de esta lectura una experiencia inolvidable. Cada página está llena de emoción y tensión, pero también de momentos de reflexión sobre el valor, la justicia y el propósito vital. Las palabras de este genio, repletas de sabiduría, nos desafían a mirar más allá de la superficie de nuestra propia realidad, lo cual es algo casi mágico.
En 1893, Arthur Conan Doyle decidió asesinar a Sherlock Holmes, el detective más famoso de todos los tiempos. El éxito arrasador de las novelas y los relatos publicados por The Strand Magazine no le permitía centrarse en sus novelas históricas. Así pues, escribió «El problema final», que cierra el presente volumen, con la intención de concluir este ciclo narrativo. Los lectores no se lo perdonaron, y Doyle se vio obligado a resucitar a su ya inmortal personaje.
Las mil y una noches es una recopilación de historias inspiradas por la tradición oral, cuya relevancia fue curiosamente marginal dentro del contexto de la literatura árabe medieval. No obstante, a ella le debemos la fascinación por lo oriental que surgió a partir del siglo XVIII gracias a estudiosos como Antoine Galland, el autor de la primera traducción al francés, o exploradores como Richard Francis Burton, que la tradujo al inglés respetando el alto contenido erótico de la obra.
Las mil y unas noches no sólo es un mosaico que contiene cuentos de los distintos pueblos que en un momento u otro los acogieron, sino que también es un mosaico de las diversas morales de los mismos. Y así, al lado de cuentos piadosos y de fábulas didácticas, se encuentran historias de tono subido, incluso de bestialismo y homosexualidad. Son, por tanto, un verdadero cajón de sastre, tanto en su temática como en su actitud moral.
En Las Troyanas, Eurípides adopta una posición antibelicista que, por desgracia, al cabo de los siglos, no ha perdido vigencia. Aunque centrada en el amargo destino de las mujeres dependientes de los héroes vencidos en la guerra de Troya, la obra versa sobre el desastre que suponen las guerras, cualquier guerra, así como sus detestables secuelas.
Considerado generalmente el más innovador de los tres grandes dramaturgos clásicos griegos, Eurípides (480-406 a.C.) se distinguió por plantear en sus obras los conflictos morales más permanentes de la condición humana. La experiencia de la guerra del Peloponeso, de la que fue testigo en el postrer tramo de su existencia, le movió, como bien testimonia "Las Troyanas", a tomar una posición antibelicista que, desgraciadamente, al cabo de los siglos, no ha perdido vigencia. En efecto, aunque centrada en el amargo destino de las mujeres dependientes de los héroes vencidos en la guerra de Troya, la obra versa sobre el desastre que suponen las guerras, cualquier guerra, así como sus detestables secuelas. Traducción e introducción de Antonio Guzmán Guerra
En este libro se recogen y comentan refranes y expresiones populares que utilizaban los hablantes de griego de hace dos mil años. Muchos de ellos («poner el colofón», «ser un sibarita», «del árbol caído todos hacen leña», «una golondrina no hace verano», «vista de lince», «lágrimas de cocodrilo» y tantos otros) permanecen vivos todavía hoy en las lenguas modernas, sobreviviendo al paso del tiempo y a los continuos y profundos cambios sociopolíticos, culturales, religiosos y económicos; y su supervivencia en muchas lenguas europeas demuestra que nuestra cultura, por encima de diferencias locales, regionales o nacionales, es fundamentalmente una unidad que hunde sus raíces en la antigüedad grecolatina (e incluso en algún caso podemos remontarnos dos mil años más, hasta los antiguos sumerios y asirios que ya empleaban refranes todavía vivos en nuestras lenguas de hoy).
Los mejores libros jamás escritos Una obra fundamental de la literatura mística Edición de Jorge García López, profesor de Filología Española en la Universitat de Girona Santa Teresa de Jesús, también conocida como Teresa de Ávila, es, junto con san Juan de la Cruz, el gran nombre de la mística española. El Libro de la vida es el primero de sus escritos no líricos y ya en él se hallan los temas más recurrentes de su obra. Se trata de una obra temprana y fresca, que combina la autobiografía con la enseñanza religiosa y el relato con la doctrina. De este modo, mientras que los primeros diez capítulos son meramente biográficos, casi confesionales, lo cual supuso una novedad totalmente rupturista en el ámbito de las letras, los siguientes capítulos constituyen un bello tratado acerca de la oración. Hacia el final de la obra, la carmelita retoma la narración más cotidiana y relata la fundación del convento de San José de Ávila. La sencilla y sincera prosa de santa Teresa de Jesús otorga al Libro de la vida no solo un valor religioso, sino sobre todo literario.