Extraña confesión apareció en folletines populares en 1884 y 1885. Es la primera novela larga publicada por Antón Chéjov y la única policíaca que escribió el gran autor ruso. Un editor recibe del autor, un manuscrito donde se narra en primera persona la experiencia de un juez de instrucción que sirvió en su juventud en un remoto distrito ruso. El libro resulta ser una novela inspirada en un crimen pasional ocurrido en esa localidad y en cuyo proceso tuvo protagonismo el referido juez. Mediante el análisis del texto, el editor se da cuenta de que el crimen sigue impune, que la persona que acabó siendo condenada es inocente y que los hechos no ocurrieron tal y como los cuenta el autor del relato.
Entre todos los héroes salvajes y brutales inventados por el creador de Conan, Robert E. Howard, el rey picto Bran Mak Morn guarda un origen más próximo a la historia. Se debe a la ascendencia escocesa-irlandesa de este autor, discípulo y amigo de Lovecraft, y principal impulsor del género de «espada y brujería». Considerado junto a Tolkien uno de los escritores más influyentes de la fantasía heroica moderna, Howard narra en estas aventuras la encarnizada lucha que, capitaneados por su último rey, sostuvieron los pictos britanos a finales del siglo III de la era cristiana contra las legiones de Roma. Cuenta la épica de una raza que avanza inexorablemente hacia su extinción, mientras intenta detener el rastro de muerte que dejan a su paso las águilas romanas.
Dmitri Pávlov Sanin, a sus cincuenta y dos años, solo y melancólico, encuentra entre unos documentos una cajita con una pequeña cruz con incrustaciones de granate que desata sus recuerdos y lo transporta a su juventud en el verano de 1840. Aguas de primavera (1872), penúltima novela de Iván S. Turguenev, fue uno de los mayores exitos de su carrera: una novela psicológica alrededor de la sumisión en el amor y de los errores de juventud que se pagan toda la vida, que de esta forma se convierte en una no-vida, un tema muy querido por su autor.
Sueño en el Pabellón Rojo es el gran clásico de la literatura china, «la novela más famosa de una literatura casi tres veces milenaria», como afirmó Borges, un libro imperecedero. El bello y trágico relato de los desvelos amorosos de Jia Baoyu y Lin Daiyu en la China del siglo xviii, en el crepúsculo de un esplendor feudal que ya no es más que un sueño, no sólo constituye un abanico de todas las pasiones humanas, en el que se entremezclan dulzura y crueldad, sino que es a la vez una crónica deslumbrante de los claroscuros de la sociedad y la cultura de la China imperial.
El bello y trágico relato de los desvelos amorosos de Jia Baoyu y Lin Daiyu en la China del siglo xviii, en el crepúsculo de un esplendor feudal que ya no es más que un sueño, no sólo constituye un abanico de todas las pasiones humanas, en el que se entremezclan dulzura y crueldad, sino que es a la vez una crónica deslumbrante de los claroscuros de la sociedad y la cultura de la China imperial.
Tras un misterioso cataclismo, Gran Bretaña ha quedado despoblada y se ha restituido un estilo de vida preindustrial. Hay un fulgente resurgimiento de la naturaleza y ha crecido un lago gigantesco en el centro de la isla, con una ciénaga tóxica en la antigua ubicación de Londres. En la Inglaterra salvaje posterior al cataclismo reinan la esclavitud, la violencia y la barbarie. Lejos de ser un destino bucólico al que escapar, la naturaleza es una trampa mortal. Por este paisaje distópico se mueve Felix Aquila, un joven tan misántropo como marginado, quien, incapaz de sobreponerse a la brutalidad que lo rodea, termina huyendo del nuevo mundo y tratando de reiniciar la civilización por su cuenta. Novela visionaria, considerada un ejemplo temprano de ficción postapocalíptica, Inglaterra salvaje (1885), la obra más extraña del célebre naturalista británico Richard Jefferies, ha sido reivindicada como un referente de la ciencia ficción victoriana; precursora de temas e historias contemporáneos, constituye una imaginativa y profética incursión en los resultados evolutivos de la catástrofe ecológica, donde, tras la caída de la civilización, asistimos a un viaje iniciático en el que el protagonista deberá enfrentarse a una sociedad neomedieval en el marco de una naturaleza desatada.
Dentro de la ingente obra de Honoré de Balzac (1799-1850), Las ilusiones perdidas -novela publicada en su día en tres partes entre 1837 y 1843- ocupa en ella por derecho propio un lugar destacado, crédito que ya le otorgó en su día el propio autor. La obra narra la peripecia de Lucien de Rubempré, joven aspirante a escritor que viaja a París desde la provincia con el objeto de abrirse camino en la capital y triunfar con su pluma, quien sin embargo sólo encuentra en la capital el desengaño y la compacta corrupción de sus sueños.
En la década de 1880, un geógrafo francés llamado François Élie Roudaire quiso inundar parte del desierto del Sáhara con agua del Mediterráneo, excavando un canal desde el golfo de Gabes hasta un conjunto de lagos salados norteafricanos, con la intención de modificar así el paisaje y crear un microclima propicio al desarrollo de la agricultura.
Publicada en 1678, La princesa de Cléves tuvo un éxito inmediato y produjo una sonada controversia. Ambientada en los últimos tiempos del reinado de Enrique II de Francia, la novela, considerada precursora de la narrativa psicológica, cuenta el secreto de amor que la noble y galante madame de Cléves, casada con un fiel y leal caballero, siente por el duque de Nemours, uno de los hombres más atractivos de la corte. Advertida por su madre de la fatalidad de esa pasión, madame de Cléves oculta sus sentimientos a todo el mundo hasta que al final se confiesa ante su marido, un acto que desata trágicas consecuencias. Definida como la primera novela moderna de la literatura francesa, La princesa de Cléves constituye un profundo análisis de las pasiones humanas y una turbadora indagación en torno a la inseparabilidad del amor y la angustia.