Hay libros que nunca se olvidan. Historias que siguen hablándonos, aunque pasen los siglos. Este estuche reúne doce de esos títulos imprescindibles, editados en la cuidada colección Penguin Clásicos Vintage.
Aquí están Borges y su infinito Aleph, la mirada profética de Orwell en 1984, el estremecedor viaje de Raskólnikov en Crimen y castigo, la pasión desbordada de Cumbres borrascosas y la ironía romántica de Orgullo y prejuicio. También la lucidez de Virginia Woolf en Una habitación propia, el testimonio inolvidable de El diario de Ana Frank, la hondura de Tolstói en La muerte de Iván Ilich y la intensidad de Zweig en Veinticuatro horas en la vida de una mujer. Completan el conjunto la sabiduría práctica de El arte de la guerra, la serenidad espiritual de Siddhartha y la filosofía luminosa de Séneca en Sobre la felicidad.
Doce clásicos universales en ediciones bellas, portátiles y con el encanto retro de Penguin. Una biblioteca personal en miniatura que invita a leer, a regalar y a volver siempre a lo esencial: el placer de los grandes libros.
En la Italia del siglo xiv Petrarca se erige, con Dante y Boccaccio, como uno de los tres pilares de una nueva era en Occidente, marcada por el humanismo. Y es que, al redescubrir la tradición de los clásicos latinos, el poeta del Cancionero, laureado en 1341 en el Capitolio de Roma, se distanció de la teología e hizo del ser humano el principal interés del saber. Y precisamente su obra epistolar escrita en latín contribuyó a plantear ese proyecto inédito. En esta edición del monumental corpus en prosa integrado por las cartas familiares, de senectud, sin destinatario y dispersas, que abarcan buena parte de la existencia del poeta y casi un siglo de historia, Petrarca nos habla como observador de su convulsa época, de sus contemporáneos y de sí mismo, dialoga con autores del pasado convirtiéndolos en privilegiados interlocutores y crea su propia comunidad intelectual más allá del tiempo y el espacio. Así, forja la figura del hombre, singular y mortal, pero capaz de ejercer su libertad y trascender la finitud apelando a la posteridad. Con Petrarca el arte se vuelve alternativa existencial al sentimiento religioso, y el artista, paradigma humano.
El Romancero constituye la manifestación más importante y longeva de la poesía popular en lengua castellana. Nacidos en la Edad Media para ser cantados y compartidos por la colectividad, que los conservaba en la memoria y los transmitía de viva voz, generación tras generación, los romances han pervivido casi hasta nuestros días, sometidos a lo largo de los siglos a una constante y fértil reelaboración. Su característica estructura métrica y su énfasis enunciativo aglutinan piezas de una diversidad poco menos que inagotable: episodios heroicos y caballerescos, lances y trances de amor, historias de inspiración bíblica y clásica, asuntos dominados por la maravilla o el misterio, noticias verídicas de un tiempo ya lejano.
Comprender, comprender enteramente su propio corazón»: este podría ser el lema de las heroínas de Jane Austen, que lo aprenden en un intenso proceso condicionado por las circunstancias sociales y por los equívocos derivados de la noción de amor romántico. Casi todas ellas se equivocan, pero por primera vez en la historia de la literatura la equivocación -que da pie a tanto a situaciones cómicas como dramáticas- se ve como un derecho, hasta ahora reservado a los hombres, en el curso del aprendizaje de la vida. Con Jane Austen las jóvenes tienen, también por primera vez, el derecho a una segunda oportunidad.
Mito legendario y proteico, el vampiro ha acompañado al ser humano desde tiempos inmemoriales, al acecho como anunciación de la otredad, los miedos reprimidos y la voracidad de nuestros traumas, o formando parte indisociable de nuestra esencia como plasmación de la mitad oscura e ilustración de la dualidad que nos constituye y materializa nuestros anhelos e instintos más inconfesables.
La presente antología traza la evolución del vampiro en lengua inglesa desde sus manifestaciones en textos medievales, con semas y modus operandi que anticipan las características primordiales del chupasangres en siglos posteriores, hasta la eclosión manifiesta del ente en el periodo decimonónico, con la canonización de los vampiros de Polidori, Byron, Le Fanu, y, sobre todo, la obra seminal de Bram Stoker, desembocando en la idiosincrasia ecléctica o la reinterpretación vanguardista y alejada de los presupuestos clásicos y puristas que dinamizan la variedad y estilización del mito en la primera mitad del siglo xx, como génesis de las drásticas transformaciones que se darían, posteriormente, en la posmodernidad, metamorfoseándose el vampiro en un icono adolescente o una suerte de zombi descerebrado y despojado de su aura aterradora.
El presente volumen de la Biblioteca Clásica RAE ofrece la breve pero extraordinaria obra poética de San Juan de la Cruz, encabezada por el Cántico espiritual, cima absoluta de la poesía mística y amatoria en lengua española, acompañado de la «declaración» o comentario que el propio autor escribió para esclarecer la dimensión y el sentido de sus versos.