El presente volumen de la Biblioteca Clásica RAE ofrece la breve pero extraordinaria obra poética de San Juan de la Cruz, encabezada por el Cántico espiritual, cima absoluta de la poesía mística y amatoria en lengua española, acompañado de la «declaración» o comentario que el propio autor escribió para esclarecer la dimensión y el sentido de sus versos.
Theo Van Gogh es un hombre «sin talento» que cifra su existencia en el amor que profesa al arte y a su hermano Vincent, el artista de la familia, a quien envía dinero y cartas llenas de melancolía. Esta correspondencia hasta ahora inédita, rigurosamente inventada por Julio César Pérez, juega de manera especular con las cartas reales de Vincent a Theo, se interrumpe poco antes de la muerte de ambos y no recoge ninguno de los acontecimientos que marcaron la vida del «loco pelirrojo». Habla, más bien, de las esperanzas y los miedos del menos conocido de los hermanos, del París de los impresionistas, del sentido profundo del arte.
En estas páginas hay sombra, hay muerte y tragedia, pero por encima de todo está la búsqueda, a veces infructuosa, de la belleza. Eso que Julio César Pérez persigue con una libertad insolente.
Paul Cézanne y Émile Zola iniciaron en la infancia una amistad que enlazaría sus destinos de por vida: no sólo compartían origen geográfico, medio social y educativo, e intereses intelectuales, sino también una profunda complicidad. Pese a la distinta suerte artística de cada uno―Zola alcanzó pronto reconocimiento y éxito, mientras que Cézanne, aislado, apenas expuso su obra hasta el final de su vida, gracias a Ambroise Vollard―, mantuvieron un fructífero diálogo durante treinta años, incluso después de la publicación de La obra en 1886 en la que supuestamente Zola retrataba a su amigo pintor de un modo poco favorable. Estas cartas muestran bajo una nueva luz la riqueza de una amistad tan compleja como genuina, y la singular sensibilidad de dos artistas que tuvieron el privilegio de conocerse y lo celebraron sincerándose sobre sus preocupaciones más íntimas, artísticas y personales, a menudo indistinguibles para ambos.
«¿Qué relación puede haber entre las muchas personas de las incontables historias de este mundo, que, desde los extremos opuestos que los separan, acaban juntándose?» ¿Qué puede unir a los jóvenes pleiteantes de una causa testamentaria que lleva tantas generaciones prolongándose «que no hay nadie con vida que sepa lo que significa» con una señora volcada en los asuntos de una comunidad africana llamada Borriobula-Gha? ¿Cómo se relacionan el baronet sir Leicester Dedlock y su altiva mujer, lady Dedlock, con un muchacho que barre las esquinas y malvive en uno de los rincones más infectos de Londres? ¿Cómo pueden ser amigos el señor Jarndyce, un íntegro caballero cuyos estados de ánimo dependen del viento del este, y el señor Skimpole, uno de los caraduras más impresionantes de la historia de la literatura? Sumemos a eso una extensísima galería de personajes siniestros o angelicales, orgullosos o humillados, pusilánimes o magnánimos, y obtendremos un atisbo del cuadro general de Casa Desolada (1852-1853), donde todo, en efecto, está conectado.
Cinco semanas en globo es la ópera prima de Verne, novela publicada por primera vez en 1863 y marca el inicio de su serie de novelas de viajes extraordinarios. La novela es conocida por su enfoque en la exploración geográfica y científica, así como por su narrativa emocionante y llena de aventuras. Cinco semanas en globo fue una de las primeras obras de Verne en alcanzar el éxito comercial y contribuyó a establecer su reputación como uno de los padres fundadores de la ciencia cción y la literatura de aventuras.
En su dedicatoria a la reina Isabel, Pulgar define con claridad el propósito de su galería de retratos, dejando clara la raigambre clásica de su inspiración: «Yo, muy excelente reina y señora, criado desde mi menor edad en la corte del rey, vuestro padre, y del rey don Enrique, vuestro hermano, movido con aquel amor de mi tierra que los otros hobieron de la suya, me dispuse a escribir de algunos claros varones, perlados y caballeros, naturales de vuestros reinos, que yo conocí y comuniqué, cuyas hazañas y notables hechos, si particularmente se hobiesen de contar, requería hacerse de cada uno una gran historia. Y por ende, brevemente, con el ayuda de Dios, escribiré los linajes y condiciones de cada uno y algunos notables hechos que hicieron, de los cuales se puede bien creer que en autoridad de personas y en ornamento de virtudes y en las habilidades que tovieron, así en la ciencia como en las armas, no fueron menos excelentes que aquellos griegos y romanos y franceses que tanto son loados en sus escrituras»