¿Unas memorias? ¿Un dietario? ¿Un libro de viajes? ¿Un ensayo sobre la literatura y el mundillo literario? ¿Una crónica de la literatura española entre los siglos XX y XXI? ¿Una novela social? ¿Una carta de suicidio?
Más bien un exorcismo, ya que no por casualidad arranca con una invocación al padre Karras de El exorcista. Dice la autora, acaso poseída: «Soy una escritora que pide un ascenso y ya es demasiado vieja para ascender. Soy una escritora que no cree −para nada− en la autonomía del campo cultural. Soy una escritora, en medio de la selva, que se abre camino entre la vegetación con un machetito mellado». Y asegura: «Escribo un libro para salvarme de los libros y sus repliegues laterales. Sus turbulencias y su moho. Su copyright. Para recuperar una pureza que solo me haga pensar en que Confucio es el padre de la confución y enunciar grandes palabras que trascienden lo local para transformarse en asunto humano, demasiado humano [...]. Una literatura sin la mugre de la envidia o la negociación del anticipo. Sin portadas ni listas de notables en los suplementos literarios».
Durante toda la historia ha habido héroes extraños que se han alzado y caído en secreto. Pero para detener al Gran Mal, sus historias deben ser contadas. Ellos son los Sin Nombre y esta es la Guerra Desconocida. El mundo le conoce como una tira de prensa del recientemente jubilado dibujante Muddy Davis, pero la verdad nos llevará hasta la Guerra de Vietnam.
Las tragedias vividas allí y las visiones de un soldado robot que salvaron la vida de Muddy todavía le persiguen. Pero sus sueños se convierten en realidad cuando Joe se presenta en casa de Muddy para advertirle de una guerra inminente.
1799, Madrid. Francisco de Goya y Lucientes, pintor de cámara del rey, anuncia la puesta en venta de un lujoso libro de estampas titulado los Caprichos. Aunque las ventas son un éxito, dos semanas después de publicarlo, Goya lo retira del mercado. Durante los meses siguientes su escandaloso contenido comienza a correr como la pólvora. ¿Por qué Goya esconde su obra más personal? ¿De qué tiene miedo?
Es entonces cuando la joven Angélica Díez llega junto a su padre a Madrid para empezar una nueva vida. La capital se ha convertido en un lugar de contrastes, donde convergen las ideas ilustradas que se propagan por Europa e instituciones como la Santa Inquisición, que se resiste a morir.
Para darse a conocer en la sociedad madrileña, Angélica acude a Goya y le pide un retrato. Sin embargo, la joven ignora que este los unirá en una peligrosa trama relacionada con la Inquisición, los Caprichos y un rumor que podría acabar con el maestro: se dice que Goya ha pintado a una mujer al desnudo.
Mientras la Inquisición intenta juzgar al pintor como un último golpe de efecto para mostrar su poder, Angélica descubrirá algo que Goya siempre supo… No hay arma más afilada que el arte para cambiar la Historia.
En un atardecer de septiembre de 1905, una niña nace de una madre aturdida por el opio en la antigua ciudad de Esmirna. En ese mismo instante, un apuesto espía indio llega al puerto con una misión secreta del Imperio británico. Navega entre agujas y minaretes dorados, el aroma de higos y sicomoros, y los gritos de los vendedores ambulantes que anuncian sus productos. Cuando marche de Esmirna, diecisiete años después, lo hará aterrorizado por el denso olor a queroseno y humo mientras las llamas devoran la ciudad y sus habitantes hasta su total destrucción. Muchas cosas habrán ocurrido entre su llegada y su partida. Nacimientos, muertes, romances y duelo están por venir mientras estas calles pacíficas y cosmopolitas se utilizan como moneda de cambio tras la Primera Guerra Mundial y la disolución del Imperio otomano. Narrada a través de los destinos entrelazados de una familia levantina, una griega, una turca y una armenia, esta inolvidable novela revela una ciudad y una cultura ahora perdidas en el tiempo. Y unos personajes que siguen teniendo muchas cosas que decirnos, pues como afirma Sherezade, 'cuando resurgí de las cenizas de la ciudad perdida, me llamaron Sherezade. A pesar de que un siglo ha pasado desde mi nacimiento, aún no ha llegado a su fin mi vida, condenada a cien años de silencio. Aunque mi lengua esté muda lo contaré todo'.
Desde que se publicó en 1928, Orlando ha sido una de las novelas más populares de Virginia Woolf, tanto por su originalidad como por su espíritu transgresor. Narra la vida de un joven caballero inglés de la corte isabelina, apuesto, rico, seductor e interesado por las artes y las letras —figura que se inspiraba vagamente en la escritora Vita Sackville-West, amiga y amante de la autora—, que atraviesa la historia desde el siglo XVI hasta el XX y que un buen día, de forma totalmente fortuita e impensada, se despierta convertido en mujer.
Las peripecias del (o de la) protagonista a través del tiempo permiten a Virginia Woolf elaborar una peculiarísima reflexión sobre la historia, el género y las emociones, a la vez que ofrece al lector un ejemplo más que sugerente sobre la ausencia de límites en la creación artística.
Juana acaba de cumplir cincuenta años cuando su marido, Connor, la deja tras dos décadas de matrimonio: se lo comunica una mañana de primavera con un anuncio inesperado, simple y devastador. Así arranca esta historia. Juana intenta comprender qué ha sucedido acompañada por Cécile, su brillante y descreída amiga, que reacia a todo compromiso se adentra ella también en su propio laberinto emocional con Marco, un excombatiente convertido en policía; en torno a ellos se despliegan amores intermitentes, secretos familiares y cuerpos que todavía desean. Lieke, una joven investigadora que ha dejado atrás su país y a su pareja y busca su lugar en el mundo, cierra este círculo de vínculos al iniciar una relación con Connor. Las tres mujeres, desde perspectivas distintas, deberán hallar su manera de habitar la pérdida y reinventarse sin certezas.
En este relato íntimo y luminoso, las plantas que crecen, se marchitan o cambian de lugar son testigos silenciosos del desamor y el abandono. Cada personaje, sin embargo, persigue la luz y un resquicio para volver a germinar.