«A vos que me leés, ¿no te habrá pasado eso que empieza en un sueño y vuelve en muchos sueños pero no es eso, no es solamente un sueño? Algo que está ahí pero dónde, cómo».
Cuando Cortázar parecía haber alcanzado la perfección en el género, Octaedro (1974) aportó novedades en su maestría incomparable a la hora de escribir cuentos.
Los ocho relatos que componen Octaedro —una figura tan geométrica como misteriosa, tan perfecta como reticente— entremezclan cierto contenido social y político que Cortázar había abordado en Libro de Manuel (1973) con sus temáticas más recurrentes: el amor, el sueño, la enfermedad, la muerte, el umbral entre lo cotidiano y lo fantástico. Pero, además, estos relatos funcionan como caras que, en su conjunto, van completando el sentido de la figura total: así, quien relata su propia muerte en «Liliana llorando» tendrá su contracara en «Las fases de Severo». Cada una de las tramas encuentra a lo largo de este libro continuaciones alternativas, extrañas formas de resonancia.
Compacto y, al mismo tiempo, ilimitado; preciso y también impredecible, si a un libro de cuentos le cabe el atributo de novela encubierta, no hay dudas de que es a Octaedro.
Julian Barnes cumple ochenta años y lo celebra con una bellísima exploración en torno a la memoria y el pasado, los caminos impredecibles a los que conducen nuestras decisiones, la búsqueda de la felicidad —a cualquier edad— y, cómo no, el amor, la amistad y la escritura.
¿Qué contiene más verdad: nuestros recuerdos, nuestros diarios, las anécdotas mil veces contadas o la imagen que de nosotros mismos nos devuelven los demás? ¿Cómo componer, hacia el final de nuestra vida, un relato fiable de quienes somos? Barnes reflexiona sobre todo ello con el trasfondo de la vejez, de la proximidad definitiva de un fin, ante el cual no podemos más que aprender a despedirnos.
Pero en el corazón de esta obra hay también una historia —«o una historia dentro de la historia»—, y sus protagonistas son dos personas a las que Barnes prometió que jamás escribiría sobre ellas —llamémoslas Jean y Stephen— y un jack russell que responde al nombre de Jimmy. El joven Barnes conoció a Jean y a Stephen cuando los tres estudiaban en Oxford. Los presentó, se enamoraron, se separaron y siguieron cada cual su camino, lejos el uno de otro y también de la vida de Barnes, que no les perdonó que truncaran aquella amistad. Hasta que cerca de cuarenta años después se reencontraron, de nuevo con su intervención, y la vida siguió dando giros entre alegrías, traiciones y decepción.
Tres años después de jurar como presidente de Venezuela, Hugo Chávez es depuesto por un golpe militar, acusado de querer implantar una dictadura comunista. Tras arrestarlo y exigirle que firme una renuncia que Chávez se niega a convalidar, los espadones no saben qué hacer con el presidente derrocado y tampoco quién debe asumir el mando en su lugar. Los generales venezolanos discuten si deben matar a Chávez acusándolo de traidor a la patria, o despacharlo en un vuelo a La Habana, o someterlo a un juicio sumario y encarcelarlo de por vida. Entretanto, un gobierno provisional, liderado por empresarios prominentes y bendecido por los jefes de la Iglesia católica, se juramenta atropelladamente, disolviendo todos los poderes públicos. En medio del caos y la confusión, el dictador cubano Fidel Castro usa el teléfono para insultar, amenazar e intimidar a los golpistas y para decirle a su amigo Chávez que no se quite la vida ni se deje matar y que escape a Cuba. ¿Por qué los confabulados no llegaron a asesinar a Chávez? ¿Por qué no despegó el avión que debía llevarlo a La Habana? ¿Cómo el presidente emboscado salvó la vida no una sino varias veces? Los golpistas, la novela más insolente y deslumbrante de Jaime Bayly, recrea con formidables bríos narrativos los tres días turbulentos en que Hugo Chávez perdió el poder, en uno de los golpes militares más absurdos, insólitos y esperpénticos en la historia latinoamericana. Y denuncia con lucidez e ironía los entresijos del poder militar, económico, religioso y político que sustentan algunos regímenes.
En Estos nuevos tópicos ―textos escritos entre 2014 y 2023― se tejen y destejen, a modo de hilos diversos, el ritmo de las estaciones en las calles de la ciudad o en la ribera del río contaminado, la miopía, las preguntas acerca de la revolución, la memoria de los padres, los seres que habitan junto a nosotros, la energía de su resistencia... Después de El sentimiento de la vista (2015) y Deseo de realidad (2023), los poemas crean el espacio en que pensamiento y escritura se forman a la vez, con los mismos componentes: la percepción de las cosas y los hechos, sus voces y conversaciones superpuestas, la síntesis entre el sentimiento y el sentido ―una forma de vida interior que no parece estar separada de las otras maneras de habitar el mundo―. La palabra directa y ajena a ciertos usos retóricos, el verso libre y la voz, tan propia, de Miguel Casado vienen quizá a recordar que el movimiento del habla no empieza ni termina en las páginas del libro.
Él tiene que seguir las reglas del juego… pero por ella, estaría dispuesto a romperlas todas.
Como capitán del Blackcastle Football Club, Vincent DuBois debería estar en la cima del mundo.
Pero cuando su fama le trae problemas, se ve atrapado en su peor pesadilla: compartir piso con la hija de su entrenador, sabiendo que ella es una tentación imposible de resistir.
La convivencia se complica cuando ambos hacen una peligrosa apuesta que los acerca aún más, y se da cuenta de que está metido en un lío más grande de lo que pensaba.
Siempre ha jugado para ganar, pero por ella lo arriesgaría todo.
Un café, una silla y una regla que seguir: unos pasos que pueden conducir a la felicidad.
Existe un café en Tokio donde puedes elegir revivir un momento preciso de tu existencia. Ese gesto, esa palabra, esa carta, ese beso, eso que no dijimos. Ese es el momento. Hace falta valor para afrontarlo de nuevo, pero el resultado a veces es inesperado.
Me pregunto si el pequeño Yuki, que no puede superar el divorcio de sus padres, estará preparado. Y quién sabe si Megumi, que debe decidir qué nombre ponerle a su hija sin tener a su lado al hombre que ama; o sus amigas Ayame y Tsumugi, que han permitido que el orgullo se interponga entre ellas. Hilos y destinos que podrían haber permanecido rotos, pero que ahora tienen una segunda oportunidad.
Un príncipe de la mafia neoyorquina. Un chico de oro británico. Y un juego peligroso donde el amor se mancha de sangre.
No me atraen los hombres. O eso creía antes de chocar con Nikolai Sokolov. Un heredero de la mafia, un bastardo notorio y un monstruo violento.
Un encuentro desafortunado me pone en su camino. Y así como así, tiene sus ojos puestos en mí.
Un artista tranquilo, un chico de oro y el hermano gemelo de su enemigo. No parece importarle que las probabilidades estén en nuestra contra. De hecho, se propone romper mi control de acero y desdibujar mis límites.
Creía que mi mayor preocupación era que Nikolai se fijara en mí. Estoy aprendiendo por las malas que ser deseado por esta hermosa pesadilla es mucho peor.
Este libro puede leerse por sí solo, pero para comprender mejor el mundo, quizá quieras empezar por God of Malice.
Al encontrarlo todo, supe que todo se había perdido». Ya con la publicación de su primera novela, «La mirada del ángel», Thomas Wolfe alcanzó una fama tan grande como escritor que su nombre empezó a sonar inmediatamente para el Nobel de Literatura, pero aún así su madre siempre sostuvo que, de todos sus hijos, el mejor, el más inteligente, el más extraordinario, el más brillante, no había sido Thomas, sino Grover, el chico que perdieron en 1904 cuando solo tenía doce años… Wolfe tenía apenas cuatro años cuando ocurrió la tragedia, pero, como toda la familia, siempre tuvo muy presente a su hermano. En la primavera de 1937, poco antes de morir, concluyó «El chico perdido», un relato hermoso y desgarrador que coge a Grover de la mano para adentrarse con él en la resplandeciente pureza del mundo de la infancia y en la insondable oscuridad de la pérdida y la ausencia. «Wolfe es el mayor talento de su generación; se atrevió a apuntar mucho más alto que cualquier otro escritor».
A lo largo de cuatro décadas, la madre de Roald Dahl guardó todas las cartas que le enviaba su hijo. Ella fue la primera lectora del autor de Matilda, la persona que estimuló su deseo de narrar, fabular y entretener mediante la palabra escrita.
En esta correspondencia que ve la luz por primera vez en español, Dahl perfeccionó las dotes narrativas y el humor macabro que harían de él uno de los escritores más populares del siglo xx. También plasmó en detalle y sin morderse la lengua las experiencias cruciales de su vida, tan rica en aventuras como pródiga en tragedias: desde su educación en un estricto internado hasta sus primeros éxitos literarios, pasando por el terrible accidente de avión que sufrió en el desierto de Egipto, la colaboración con Walt Disney en Hollywood y los años de espionaje y diplomacia en las altas esferas de Washington.