A pesar de la enorme importancia de la obra poética de Percy Bysshe Shelley (1792-1822), a quien Lord Byron definió como «el mejor y el menos egoísta de los hombres», no hay una gran antología de su obra traducida al español. El poeta, ensayista y traductor José Luis Rey, que ya se ha encargado de trasladar al español las poesías completas de Emily Dickinson y T. S. Eliot, así como Harmoiun, una de las grandes obras de Wallace Stevens, ha traducido la antología más completa de Shelley hasta el momento en español, titulada "Donde están los eternos". En ella se puede rastrear al Shelley idealista y plenamente convenbcido de la capacidad visionaria y liberadora de la Poesía. Suya es la frase célebre: «Los poetas son los legisladores no reconocidos del mundo».
Hay amores que te dan la mano y te acompañan en los momentos más difíciles.
Todos conocemos el amor pasional que te nubla la razón, el amor a primera vista que te vacía el estómago y el amor platónico que te llena el corazón de fantasía y admiración.
Pero ¿es posible enamorarse de alguien sin tan siquiera conocerlo? ¿Puede una persona enamorarse de otra sin haberla visto? ¿Es posible desarrollar sentimientos por una persona que solo has escuchado?
Klara encontrará la respuesta a esas preguntas, escuchando con dedicación todos los días su programa favorito de radio Sigue Mi Voz.
Si esto es un hombre, libro que inaugura la trilogía que Primo Levi dedicó a los campos de exterminio nazis, surgió en la imaginación de su autor durante los días de horror en Auschwitz, cuando la principal preocupación de los prisioneros era que, de sobrevivir, nadie creería la atrocidad de la historia vivida. Los campos de concentración y exterminio, más que resguardados por las alambradas y los guardias, lo estuvieron por su propia monstruosidad, que los hacía inconcebibles. Es la sobriedad del testimonio de Primo Levi, una víctima que no grita pero que arranca el grito de la garganta de su lector, lo que devuelve al horror su realidad y lo hace inteligible como una siniestra señal de peligro. Un libro conmovedor de un hombre con una indestructible fe en la razón.
Una fría mañana de diciembre de 1984, Griselda, argentina exiliada en Francia, se despierta con un fuerte dolor de cabeza. Tras pedir auxilio infructuosamente a Claudio, su marido, vuelve a casa, llena la bañera y ahoga en ella a sus dos hijos menores. La mayor, Flavia, de apenas seis años, se salva por hallarse en la escuela. Treinta años después, Laura Alcoba entrevista a los supervivientes de esta tragedia y, sin despejar el misterio del acto de Griselda, intenta acercarse a lo inconcebible. Preguntada sobre su madre, Flavia, que ahora es una exitosa fotógrafa, la describe como «presente, amorosa. Muy amorosa».
Tras la Trilogía de la casa de los conejos, Laura Alcoba nos brinda una narración deslumbrante y perturbadora sobre la oscuridad que se esconde en las relaciones más cotidianas y la posibilidad de apostar por el amor y el perdón.
Después de trece años sin escribir ni publicar poesía, Carlos Marzal regresa al género con un nuevo poemario. Un libro donde se entrevera el himno y la elegía; porque, como el autor ha señalado en alguna ocasión, «todos los poetas celebran la vida y la lloran al mismo tiempo, todos escribimos a la vez una oda y un planto que tienen como destinatario la existencia».
En su sentido etimológico, la ευφορία (euforia) constituye una fuerza que ayuda a sobrellevar, un arte del buen resistir, y en ocasiones remite a la abundancia y la fecundidad. En nuestros días, el significado de la palabra «euforia» nos evoca alegría y bienestar, en ocasiones extremos. La poesía de Carlos Marzal se ha caracterizado desde hace tiempo por aunar entusiasmo hacia lo que la suerte nos depara y la aceptación estoica de nuestro destino.
Esta narración puede ser leída como una huida, una yuxtaposición de historias de viaje: el de Vercingétorix a campos de concentración, el de un grupo de judías embarazadas a una clínica de abortos, el de Glaucus y Artemius o el de Equis, viajero infatigable, condenado a la errancia, cuyo desarraigo no le da derecho ni a un nombre, que busca en cada nuevo territorio el hogar que nunca alcanza. En resumen, una lograda metáfora del exilio, que sufrió la propia autora, y de las corrientes migratorias que han tenido lugar a lo largo de la historia de la humanidad.