Sin duda uno de los artistas más relevantes de las últimas décadas, Leonard Cohen ha dejado una huella indeleble en el espíritu de varias generaciones. Pocos meses antes de su muerte, acaecida en noviembre de 2016, confesó en una entrevista: «Estoy preparado para morir. [...] Llegado a cierto punto, y si todavía estás en tus cabales, [...] tienes que aprovechar la oportunidad de dejarlo todo atado. Tal vez sea un cliché, pero se subestima su poder analgésico. Dejar todo en orden, si puedes hacerlo, es una de las actividades más reconfortantes, y los beneficios son incalculables.»
Esta recopilación póstuma de su obra tanto inédita como publicada es una generosa muestra del sinuoso periplo y la amplia variedad de registros y voces de un poeta y cantante absolutamente singular. Lírico y filosófico a un tiempo, feroz y corrosivo por momentos, este volumen incluye nuevos poemas sobre la guerra, el arrepentimiento y la amistad, como el conocido homenaje a Enrique Morente.
Los jóvenes héroes de esta novela intentan entender el mundo que los rodea: Anna y Omeir se encuentran en lados opuestos de las magníficas murallas de Constantinopla durante el asedio de la ciudad en 1453; el idealista Seymour está inmerso en un atentado contra una biblioteca en una pequeña ciudad de Idaho en la actualidad, y, en un futuro no muy lejano, Konstance viaja a bordo de una nave interestelar que se dirige a un nuevo planeta. Todos ellos son soñadores que encuentran fuerza y esperanza en la adversidad... y todos están unidos por un libro escrito en la antigua Grecia que narra un viaje excepcional.
Floresta de Prosa y Verso fue publicada como serie cerrada coleccionable entre enero y junio de 1936 por un grupo de jóvenes estudiantes de la entonces innovadora Facultad de Filosofía y Letras de Madrid. Reunió en sus páginas la creación primeriza de un numeroso grupo de jóvenes escritores junto a la colaboración de maestros y autores consagrados que presidió cada uno de los números: Juan Ramón Jiménez en dos ocasiones, Azorín, Lorca, Aleixandre. El resultado fue un conjunto misceláneo y muy representativo de la diversidad y complejidad del panorama literario del momento. Revista de espíritu abierto e integrador, colaboraron en ella jóvenes republicanos, liberales y progresistas, junto a conservadores, monárquicos y falangistas de primera hora. Entre los que sobrevivieron y mantuvieron tras la guerra su actividad literaria, se hallan figuras destacadas del exilio, como Francisco Giner de los Ríos o Joaquín Díez-Canedo –que dirigieron en México a partir de 1945 la colección de poesía Nueva Floresta,
Adivina quién soy es una divertida comedia erótica en la que las sonrisas brotarán a raudales de tu boca y donde tú misma te sentirás en la piel de la protagonista.
Yanira trabaja de cantante en un hotel de Tenerife. Está soltera y vive rodeada de su familia. Su vida es plácida y en cierto modo acomodada. Pero a Yanira le gusta experimentar cosas nuevas, y decide adentrarse en el mundo de los intercambios de pareja. En uno de los bares que frecuenta conoce a un italiano que le enseñará que el sexo va mucho más allá de lo que ella conocía hasta el momento. Un año más tarde se traslada a Barcelona y comienza a trabajar de camarera en un crucero de vacaciones llamado Espíritu Libre. En el barco también está Dylan, un atractivo empleado de la sección de mantenimiento que apenas le hace caso, a pesar de las continuas sonrisas de Yanira. Lo que ella no sabe es que la observa más de lo que cree, y aunque los malentendidos que surgen entre ellos le hacen pensar lo contrario, la atracción que sienten les hará encontrarse y compartir un sinfín de juegos morbosos, divertidos y sensuales.
«No me siento ligado a nada, salvo a la desprestigiada herencia de Cervantes», afirma orgulloso Kundera. Y a reivindicar esta nobilísima herencia dedica el autor checo estos apasionantes ensayos donde expone su concepción de la novela europea y sus consideraciones sobre su origen —un arte nacido de la risa de Dios— y su problemático futuro. ¿Estará tocando a su fin como género moderno? En esta época de «paradojas terminales», Kundera sostiene que la novela ya no puede vivir en paz con el espíritu de nuestro tiempo: «si aún quiere “progresar” como novela, no puede sino hacerlo en contra del progreso del mundo». Y, a propósito de autores como Rabelais, Cervantes, Flaubert o Musil, discurre sobre el arte de la composición novelesca, la polifonía o la creación de personajes.
La novela emblemática de Terenci Moix, considerada un hito generacional de los setenta
El itinerario vital de los protagonistas, dos jóvenes que tenían vente años en 1962, desarrolla un calidoscopio formado por sus recuerdos de infancia y adolescencia durante los años cincuenta y sesenta —el cine, los tebeos, la educación religiosa—, enfrentados al recuerdo de sus padres sobre la Barcelona de los años treinta y la guerra civil.