El inspector Maigret llega a la localidad de Concarneau, en Bretaña, para investigar el intento de asesinato de uno de los notables del pueblo. En mitad de las pesquisas, una serie de sucesos confusos parecen indicar que un asesino imparable trama una venganza colectiva, centrada en cuatro amigos que se reúnen habitualmente en el bar del pueblo. La única pista firme es un perro canelo que nadie había visto antes y que merodea por el vecindario.
Laila, una niña marroquí, es raptada de su aldea en las montañas y vendida a los seis años a Lalla Asma, una anciana que la instruye y que se convierte en su abuela. Cuando, ocho años después, muere Lalla Asma, Laia huye y se refugia en un fondac, en realidad una casa de «princesas» que hacen las delicias de los hombres. Pero hasta allí, con fines dudosos, la persigue el hijo de Lalla Asma. Laila, atemorizada como un pececillo dorado, sólo piensa en alejarse de esos hombres que la tratan con un sospechoso afecto. Tras esconderses unos meses en un barrio paupérrimo, se marcha a París ilegalmente con Huriya, una de las «princesas» del fondac. La gran metrópoli la fascina, aunque la condena a la más absoluta marginalidad. Rodeada de los personajes más variopintos, encuentra en la literatura su tabla de salvación, pero, sólo tras un azaroso periplo, será la música la que la devolverá a sus raíces.
Ésta es la historia de Gregory Reeves, un gringo que sobrevive en el difícil mundo de los hispanos de California. Gregory quiere llevar a la práctica el peculiar «plan infinito» que se trazó a sí mismo en su infancia. Sin embargo, para conseguirlo debe recorrer un duro camino lleno de obstáculos: la marginación social, el racismo, el brutal contraste entre pobreza y riqueza o la guerra de Vietnam.
La ciencia ficción de Clark Ashton Smith, también calificada como «science fantasy», presenta una combinación de horror y ciencia, una amalgama de géneros que en el caso de Lovecraft dio lugar al horror cósmico.
Con CAS, la aventura planetaria, el «space opera» y las convenciones más «pulp» del género son tan solo una suerte de disfraz, de ingredientes con los que hacer pasar sus principales obsesiones que convierten la extraña ciencia ficción de Smith en una isla perdida, un peculiar y demencial universo que evade cualquier fácil etiqueta.
Sus ciclos narrativos de lejanas tierras perdidas en los abismos del tiempo –ya sea en el pasado prehistórico, el histórico y medieval o en el futuro postapocalíptico– ponen en evidencia su absoluto nihilismo fatalista y humor negro, sirviéndose de un estilo literario sofisticado y decadente.
¿Y si te dijeran que Agatha Christie también escribía sobre espectros, posesiones, premoniciones y casas encantadas?
Esta recopilación reúne algunos de los relatos más sorprendentes y desconocidos de la autora más leída del mundo. Aquí no encontrarás detectives con lupa, sino presencias que escapan a la lógica, emociones que hielan la sangre y finales imposibles de olvidar.
Un fantasma que se niega a abandonar el mundo terrenal, una monja poseída por poderes sobrenaturales, la última sesión espiritista de una médium experimentada, o incluso un hombre que intercambia su cuerpo con el de un gato, son algunos de los misterios recogidos en este espeluznante compendio. Agatha Christie despliega una vez más su talento en estas seis historias unidas por distintos fenómenos paranormales que inquietan, fascinan y erizan la piel del lector.
Tu cuerpo es tu cárcel. Tu mente, el carcelero.
¿Y si sobrevivir es el verdadero castigo?
Tras un devastador accidente de coche en el que muere su esposa, Ogi despierta en el hospital para descubrir que está atrapado en su propio cuerpo y bajo los cuidados de su suegra, que llora la pérdida de su única hija. Aislado, abandonado por quienes antes lo rodeaban, el mundo de Oghi se reduce a la habitación en la que yace y a sus recuerdos de su pareja, una mujer sensible que encontraba consuelo cultivando el jardín de su casa. Sin embargo, mientras Ogi permanece solo y paralizado, algo inquietante sucede tras las cuatro paredes de su habitación: día tras día, su suegra remueve la tierra del jardín, arrancando lo que su hija había plantado con tanto esmero y cavando, con una calma perturbadora, agujeros cada vez más hondos, como si buscara el fondo de un pozo invisible. En ese jardín que antes florecía, ahora germina otra cosa: el silencio, la sospecha y la venganza.