«—¿Qué es lo que más desea nuestro corazón? —preguntó Arianne, entrecerrando los ojos.
—Venganza. —Hablaba en voz baja, como si temiera que pudieran oírlo—. Justicia.»
Entre campos de batalla llenos de fantasmas y lúgubres fortalezas en ruina, entre ciudades convertidas en cementerios y tierras reducidas a osarios, la guerra de los Cinco Reyes toca a su fin.
La casa Lannister y sus aliados parecen haber salido victoriosos. Sin embargo, algo se remueve en las entrañas de los Siete Reinos y, mientras cuervos en forma humana se dan un festín de cenizas, se forjan nuevas alianzas y complots.
Pero incluso en esta paz del rey, aparentemente consolidada, fuerzas inesperadas se preparan para lanzar un ataque sangriento. Los hombres del hierro, liderados por Ojo de Cuervo, herederos de un culto olvidado, atacan al suroeste, obligando al Trono de Hierro a enfrentarse a un desafío sin precedentes.
Y de las brumas de un recuerdo enterrado hace mucho, una profecía siniestra amenaza la soberanía de la reina Cersei...
Benjamín Prado
Un secreto del pasado ha regresado para atormentar a la famosa escritora hispanofrancesa Alice Leclerc. Algo horrible sucedió en Biarritz hace diez años, en medio de una investigación extraoficial realizada por quien entonces era su prometido, el agente de la Gendarmerie Kevin Girard. Las secuelas de aquel caso nunca cicatrizaron.
En el Centro Penitenciario de Zuera, en Aragón, una mujer agota las últimas semanas de prisión preventiva antes de que se celebre su juicio: Ana Castán, quien probablemente sea la presa más famosa del país. Sobre ella pesa la acusación de haber cometido los sangrientos crímenes que sacudieron la localidad pirenaica de As Boiras un año atrás, donde la intervención de Alice Leclerc fue vital para lograr su detención.
Lo que nadie sospecha es que Ana es la única persona que puede ayudar a Alice a cerrar, de una vez por todas, el círculo de lo que ocurrió en Biarritz. Quienes una vez fueron amigas íntimas están condenadas a volver a entenderse.
Elias Canetti se exilió en 1939 al Reino Unido con su mujer Veza, ambos de origen judío, para escapar del yugo nazi. Allí vivió toda la Segunda Guerra Mundial, tanto en Londres como en el campo, donde fueron evacuados cuando los bombardeos alemanes cayeron sobre la ciudad. En estos años de guerra conoció a todo tipo de personajes, como T. S. Eliot, Iris Murdoch, Ludwig Wittgenstein, Herbert Read, Veronica Wedgwood, Oskar Kokoschka o Bertrand Russell.
En la región montañosa de Texas, donde los secretos están más enraizados que los robles, el decimosexto cumpleaños de Sophie Matthews promete ser la fiesta del año. Al fin y al cabo, su padre no ha escatimado en gastos, y su mansión recién renovada es el escenario perfecto para la celebración, por mucho que haya vecinos que la considerasen embrujada.
Antes de que Sophie pueda soplar las velas de su pastel de cumpleaños, un cuerpo se desploma desde el balcón. La pista de baile, antes iluminada, ahora está salpicada en sangre… y todos los invitados son sospechosos.
Al fin y al cabo, la lista de asistentes es mortal: Dani, su madrastra, tiene psicosis postparto; Kim, su madre, es alcohólica; Orlaith, la niñera, habla con los fantasmas de la mansión; Mikayla es la chica solitaria del colegio; y el grupito de chicas malas del instituto finge ser su amiga…
¿Quién es el cazador… y quién la presa?
tras el éxito de la trilogía 'La saga de los Fosyte' y de la continuación de esta, 'Una comedia moderna', John Galworthy publicó una tercera, que cierra el ciclo de lo que se denomina «Las crónicas de los Forsyte». Las tres novelas que componen Fin de capítulo se desarrollan en la década de 1930. Esta tercera trilogía narra las vidas y amores de los Cherrell, familia política de los Forsyte y miembro de la aristocracia rural. Durante siglos, los Cherrell han salido de su casa solariega de Condaford Grange para servir al Estado como soldados, clérigos y administradores, pero los años treinta, con la amenaza de una nueva guerra en Europa, llena de incertidumbre un mundo de valores morales que evolucionan de modo vertiginoso, espoleados por el desempleo. Galsworthy realiza una magnífica descripción de cómo los cambios políticos afectan al individuo y a la sociedad.
Mientras todos duermen, el inspector Almanzor se dedica a redactar un último atestado, cuando recibe una llamada. Al otro lado, Juan, un amigo y camarero del bar Los Gallegos, agoniza. Cuando Almanzor llega precipitadamente al bar ya es demasiado tarde. En el suelo, un cigarrillo con la ceniza intacta; en la barra, un cubata a medio consumir, restos de cocaína y unos cubiletes de dados. Juan no llevaba ejemplar, pero Almanzor lo apreciaba a su manera. Para el, encontrar al asesino es algo que va a ir mucho más allá del compromiso profesional.