Considerada la Ajmátova bielorrusa, Yauheniya Yaníshehyts (Rudka, 1948 - Minsk, 1988) pertenecería a esa promoción de escritores de los años setenta que como Ryhor Baradulin o Danuta Bichel, sienten un gran amor por su tierra natal y se ven influidos por las generaciones que vivieron directamente la Gran Guerra Patria, pero también muestran en su poesía la importancia de la tradición y el folklore eslavo, el paisaje y sus gentes y, sobre todo, la necesidad de reivindicar la lengua bielorrusa, es quizás aquí donde reside el mayor atractivo de Yaníshchyts: la renovación y frescor de su obra, marcada por una gran riqueza imaginística en el uso de los recursos estilísticos, la variedad de discursos textuales, la maestría de la rima y el verso, los juegos de palabras, un exquisito vocabulario sobre la naturaleza, etc., sin olvidar también una vertiente de preocupaciones sociales e históricas: desde la denuncia de la deshumanización contemporánea hasta constatar el sufrimiento de las viudas y madres de posguerra, a la vez que también se apunta una línea más meditativa sobre el tiempo y la propia existencia, todo este abanico estético hace que su poesía adquiera un enfoque verdaderamente actual y universal.
Durante el Terror jacobino, una joven, que espera su ejecución en el oscuro sótano de una cárcel, se reencuentra con su prometido, al que creía muerto en un levantamiento de las fuerzas partidarias a la monarquía. Sólo la compasión de sus compañeros de infortunio ayudará a los amantes a cumplir su mayor deseo, presentarse ante Dios como marido y mujer, y a su vez ofrecerá un momentáneo consuelo a todos los presentes. Publicado originalmente en 1927, «Una boda en Lyon» es un retrato sobrecogedor de la persecución política y religiosa, uno de los mayores fracasos de la humanidad según Stefan Zweig. La presente edición incluye otros tres relatos: «La caminata», «Un ser humano inolvidable» y «Dos solitarios».
Petra Delicado nunca ha sido una policía al uso. Feminista, mordaz e implacable, enfrenta cada caso con la intuición afilada y el humor como escudo. Junto a su inseparable Fermín Garzón, un subinspector tan leal como cascarrabias, se adentra en investigaciones donde lo grotesco y lo trágico se dan la mano.
Desde el cadáver de una anciana prostituta abandonado como una muñeca rota hasta secretos ocultos tras la fachada de familias irreprochables, estos seis relatos confirman la maestría de Alicia Giménez-Bartlett. Misterios turbios, giros inesperados y la inconfundible voz de Petra en una serie de casos que ponen a prueba su tenacidad y su humanidad.
Las raíces irradiaron los cimientos: árbol y muros se van volviendo un mismo monte. Picotean las gallinas los restos de las alacenas, los bichos anidan en el hueco del calzado reseco y los perros se enroscan en las sábanas abandonadas que huelen a sus dueños.
Por los alrededores merodean los soldados de distintas guerras y la amante malograda: al anochecer, se escucha la noria susurrada de sus cuitas. Pero es muda la familia que la casa añora: Lucero, su mujer y sus cuatro hijos ¿por qué no vuelven? Precisa y delicada, esta novela conjuga la poesía del litoral con un repertorio procaz de anacronismos.
Fleur, la hija de Soames Forsyte, contrae matrimonio con el aristócrata Michael Mont, que ha combatido en la i Guerra Mundial. Profundamente enamorado de su esposa, Michael intenta poner orden a un mundo repleto de injusticias sociales encaminado sin remedio hacia otro conflicto bélico. Mientras tanto, Soames, el patriarca de la familia, sigue sin olvidar a Irene, su exmujer, quien siente hacia él un intenso rechazo. La segunda trilogía de Las Crónicas de los Forsyte coincide con la madurez literaria del premio Nobel John Galsworthy, lo que le permite crear una obra maestra ambientada en la Europa de entreguerras. A través de los miembros de esta saga se refleja la sociedad inglesa tras la muerte de la reina Victoria, se va tejiendo un entramado de relaciones dominadas por la pasión, el odio y la venganza. Esta edición completa incluye los entreactos que enlazan las tres novelas.
Obligada a un período de descanso forzoso, la comisaria Isabelle Bonnet, directora del grupo antiterrorista de París, regresa a Fragolin, un idílico pueblecito en el sur de Francia donde pasó su infancia. Situado en el interior de la Provenza y envuelto en campos de lavanda, Fragolin es un enclave tranquilo en el que nunca pasa nada, hasta que aparece el cadáver de una mujer en una villa, cuyo propietario, un joven inglés, ha desaparecido sin dejar rastro. La historia no llama mucho la atención de Isabelle: en su vida ha visto cosas mucho peores y está decidida a descansar. Pero a los pocos días, su superior le encomienda la investigación y le confía como ayudante a Jacobert Apollinaire, un torpe agente de la policía local cuya ocupación ha sido hasta el momento el archivo municipal y nunca ha participado en una investigación sobre el terreno. A pesar de todo, la pareja investigadora cambiará muy pronto de opinión: como comprobarán, el caso de la mujer asesinada y el inglés desaparecido no es, para nada, un simple crimen de provincias.