En esta Ecos de sangre su autor es cuidadoso al convertir el suceso taíno en argumento teatral. Evita la trampa del localismo, el simplismo y lo folclórico. Cruz parte de un acontecimiento insular para proyectar la trama hacia lo universal.
La princesa Iguanamá, la soberbia Xucaba, el behique Guaguyona y el cacique Ananorex (únicos personajes de la obra) trascienden lo anecdótico para elevar sus acciones hacia un teatro dramático y profundo.
En esta Ecos de sangre, como ya hizo en su poemario Areytos: cantos entre el cielo y la tierra, su creador incorpora parte del encantador idioma de nuestros taínos. Lo que constituye, por demás, un aporte inigualable.
No ahondaremos en estas premisas en la historia que este dramaturgo dominicano nos plantea en su pieza teatral. Dejemos que ella misma abra para todos nosotros el siempre intenso telón de Giovanny Cruz Durán.
Después de la última batalla, no llega el vacío, sino un tipo
de silencio diferente. Es la calma que se instala cuando
has decidido rendir las armas de la culpa y la reacción. Durante
años creí que mi historia era un eco de lo que me hicieron; que mi
vida estaría siempre condicionada por lo que me fue negado en esa
infancia que debió haber sido sagrada. Hoy, mientras escribo esta
última palabra, comprendo que la paz no se encuentra al cerrar el
capítulo, sino al reescribir la conclusión.
La fe, aquella conexión que me sostuvo cuando todo lo humano
se desmoronó, no me prometió una vida sin tormentas, me dio
algo más valioso: la certeza de un ancla que no se mueve. Aprendí
que la fortaleza no está en la habilidad de evitar el dolor, sino en
la capacidad sobrenatural de levantarse y no mirar hacia atrás.
Descubrirse es el trabajo más arduo, pero es el único que vale la
pena.
“Machete amola’o” es una obra que, desde la experiencia cuasi biográfica del autor, nos encanta con el paisaje histórico de La República Dominicana del siglo XX. La autoctonía reflejada en esta obra, desde un incipiente poblado, de nombre “Navarrete” hasta las aceras “postmodernas” de Los Estados Unidos, pone de manifiesto una vorágine de elementos dignos de ser consumidos desde la voraz lectura acompañada de los ojos de la imaginación recreativa y contemplativa.
Sin dudas, no debe haber un dominicano que, al enfrascarse en la tarea de leer estas páginas salpicadas de una tinta cónsona, desde la pluma de su autor, el Ing. Ramón Núñez Almonte que, con sobrado conocimiento de causa, nos enrostra la realidad de una patria convulsa, particular y heroica. No solo desde la sociedad dominicana macro, sino con impresionantes y vivaces peripecias personales desde su micro mundo.