A Fafa, su amiga de siempre, la buena fortuna, lo ha premiado con una larga vida, y él ha sabido vivirla con mucha intensidad y sin pausas innecesarias.
Ahora, tras sobrevivir a los azares y accidentes del camino, acaba de cumplir sus ochenta y seis años y, para mayor suerte, sigue activo, porque en su diccionario no hay espacio para la palabra retiro. Con su carga de años y el vasto caudal de su experiencia, ese personaje nos cuenta sus memorias. Un resumen apenas de las mismas, pero suficiente para conocerlo mejor, como ser humano, desde sus orígenes pocas veces contados. Con un reposo y una tranquilidad impresionantes. Sin una sola expresión de odio ni rencor, como si se hubiese casado con la paz de la que los compromisos de la lucha nunca le permitieron disfrutar.
En agosto de 1939 un buque llega a Buenos Aires con una delegación de empresarios, diplomáticos y periodistas polacos a bordo. A los pocos días, el capitán recibe la orden de regresar frente al inminente comienzo de la guerra en Europa. En el último momento, uno de ellos decide desembarcar y quedarse en puerto. Así es como empieza la inesperadamente larga estadía argentina de uno de los narradores imprescindibles del siglo XX: Witold Gombrowicz.
Extranjero en todas partes arranca justo en ese instante crucial. El libro recorre la vida del autor de Ferdydurke al mismo tiempo que ofrece una serie de claves para la lectura de su obra. Con la ayuda de sus propios escritos y de entrevistas a discípulos, escritores y académicos, Mercedes Halfon despliega una biografía singularmente vívida y atravesada por un sutil sentido del humor, que cubre un periodo apasionante en el que Witold Gombrowicz se gana la vida a duras penas, frecuenta cafés, librerías y salones, viaja entre la capital y el interior, escribe y procura situarse como autor.
«Dos años de tareas dominicales que prueban mi nula disposición a santificar las fiestas... Al releer estos artículos seguidos, me parece que he opinado demasiado». Estas palabras sirven de introducción a un Javier Marías insólito, cotidiano, atento a lo que ocurre a su alrededor y que atraviesa todos los estados de ánimo imaginables: lo vemos evocativo e indignado, a menudo pertido y bromista, pero también atribulado por la saña española que aún tiñe nuestro tiempo; melancólico, risueño, grave, irónico, compasivo o desengañado, siempre logra contagiarnos y no nos deja indiferentes con su Mano de sombra.
Jonathan y Barbara Rose son la pareja perfecta, el ejemplo vivo del preciado sueño americano con su hermosa casa, sus dos adorables hijos y un impresionante Ferrari en el garaje. Pero cuando Jonathan sufre un repentino ataque al corazón (o eso cree), Barbara se da cuenta de que quiere una nueva vida… sin él. Solo hay un problema: ambos quieren quedarse con la casa. Para conseguirlo, los Rose harán todo lo posible por destruir a su «media naranja», sin importar el precio que tengan que pagar.
Negra, despiadada y muy divertida, la novela de Warren Adler ilumina el materialismo, el desprecio y el egoísmo que destruyen las relaciones entre marido y mujer, planteando una pregunta eterna: ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a permitir que nuestras posesiones materiales tengan el poder de definir quiénes somos?
Un día cualquiera a altas horas de la madrugada dos desconocidos se encuentran en el bar de un hotel. Solo tienen una cosa en común, un insomnio corrosivo y persistente. No tardarán en descubrir que el único remedio para sus malas noches es dormir juntos. Tras ese primer encuentro en el que por fin logran descansar inician una relación clandestina de inesperada intimidad que cambiará sus vidas.
A partir de una infidelidad en la que nada es lo que parece, Las buenas noches nos invita a mirarnos desde un lugar insólito. Porque solo observando nuestro sueño, o la falta del mismo, podemos preguntarnos si lo que nos mantiene despiertos es la causa o la consecuencia de un indudable malestar social.
Isaac Rosa nos brinda una original novela que refleja con nocturnidad y alevosía las heridas de un tiempo en el que el dormir se ha convertido en un objeto de deseo. Una lectura fascinante, que atrapa como un mal sueño, escrita con la extraña lucidez de una noche en vela.
Leonel mató los sueños de Juan Bosch... En una declaración que ofreció a la prensa el 26 de febrero de 2008 para explicar los motivos que tuvo Leonel Fernández para destituirlo del cargo de procurador fiscal del Distrito Nacional en su primer gobierno (1996-2000), el abogado y político Guillermo Moreno dijo lo siguiente: «Durante los 12 meses que duré en el puesto recibí mucha presión. Asumí el cargo en agosto del 1996 con la profunda esperanza de que el presidente Fernández encabezaría un gobierno de respeto a las instituciones, a la ley y de lucha contra la corrupción. Acepté la designación convencido de que tendría la oportunidad de demostrar que era posible hacer cambios positivos en la administración del Estado dominicano. Sin embargo, la experiencia me produjo frustración y desengaño porque comprobé cómo una generación era traicionada en sus principios, en sus valores. Observamos cómo se renunciaba a ideales, a sueños y a propósitos tan elevados que todos esperábamos de ese gobierno del doctor Fernández, sobre todo, a los principios que encarnaba Juan Bosch».