Melinda Dawson conció a Matthew Foley durante su época de adolescencia mientras la madre de este trabajaba en su casa como ama de llaves. Pero un día ambos desaparecen sin dejar rastro, partiendo el corazón de la joven Mel.
Tiempo después Matt reaparece en su vida como su maestro de baile de salón, pero esta vez Melinda no quiere tener nada que ver con Matthew.
Con el tiempo descubrirá que no todo es lo que aparenta ser.
La historia que creía saber no era como se la contaron.
Las personas que pensaba conocer no eran como suponía.
Y la cosas que habían sucedido no eran como lo recordaba.
La lectura cuidadosa de este manual viene a completar una necesidad ingente para el adecuado manejo de una patología in crescendo en una población cada vez más longeva pero más enferma; esta es una propuesta de apoyo estratégica y potable para los cuidadores que enfrentan los desafíos particulares del cuidado en la EP.
Con la llegada de este texto nos acercamos a una mejor comprensión de los escenarios plurales y dinámicos en el curso de esta afección en aras de desarrollar habilidades y promover la calidad de vida no solo de la persona cuidada, sino también del cuidador; comprender la vulnerabilidad humana, una realidad palpable, eso que ocurre entre paréntesis.
Las mujeres asaltan la historia es un recorrido por la fuerza, la voz y la resistencia de las escritoras que, a través de la novela histórica, han reclamado un lugar en el relato de los tiempos. Este libro escucha los susurros de aquellas que, por siglos, fueron relegadas al silencio y a la invisibilidad. Enfrentando las restricciones impuestas que las recluía al espacio doméstico, estas mujeres han tomado la pluma como su arma y con su puño y letra han escrito la otra mitad de la historia, esa que siempre estuvo presente, pero nunca contada.
Con profunda atención a las desigualdades y barreras que enfrentaron, esta colección de ensayos destaca la valentía de las autoras que, desafiando las normas, reescribieron la historia desde
Desaparecidos los remanentes de la dictadura al finalizar
el otoño de 1961, a primeras horas de una mañana de domingo
transpuso el pórtico y caminó por los estrechos pasadizos que
separaban los nichos del solitario cementerio de San
Bartolomé Apóstol un hombre alto, joven, de incipiente barba.
A las generaciones que vinieron al mundo durante las últimas dos décadas del régimen de Rafael L. Trujillo, les correspondió presenciar una amplia gama de acontecimientos importantes para la historia dominicana.
Estas generaciones pudieron vivir los años de más esplendor de la dictadura; la etapa cuando se cometieron los crimenes más horrendos; los acontecimientos que precedieron al ocaso del régimen; el impacto de la muerte de Trujillo y los
traumatizantes hechos que siguieron al primer lustro de la desaparición del dictador..
Quienes comenzamos a tomar conciencia política en esta etapa de grandes acontecimientos también pudimos comprobar cómo se extendió en el tiempo y lo profundo que caló en la sociedad dominicana el trujillismo como forma de conducir el Estado y en el comportamiento de su liderazgo militar y político.
Después de la dictadura, muchos generales se convirtieron en pequeños caudillos, al parecer, con la oculta intención de calzar las botas del Generalísimo Trujillo, al cual, trataban de imitar y nunca dejó de ser admirado por ellos. La politización militar y la vocación para la represión y el autoritarismo fueron por un largo tiempo, sus principales expresiones trujillistas. La clase política, expresaba su trujillismo en claras o sutiles actitudes y comportamientos autoritarios en las funciones públicas, tales como maniobras electorales fraudulentas, prepotencia ante la población, corrupción administrativa, elaboración de leyes para el propio beneficio, acreditarse más poderes como legisladores o miembros del Poder Ejecutivo, etc.
Con los argumentos sintetizados en esta obra se expone cómo el trujillismo siguió siendo un comportamiento político y militar que se extendió más allá de la Era de Trujillo.
El pináculo de la gloria corresponde a aquellos hombres excepcionales que, aun teniendo la principalía en hechos trascendentales, les adorna la virtud de la modestia y nunca reclaman el supremo sitial que se merecen. Este es el lugar que corresponde a todos esos oficiales de las Fuerzas Armadas que el 18 de enero de 1962 detuvieron las aspiraciones autoritarias del general Rodríguez Echavarría y colocaron en el Palacio Nacional al gobierno legítimo que tenía el encargo de conducir el destino de la nación por la senda democrática. Ninguno de estos oficiales demandó ser reconocido como héroe ni principalía en la
acción que realizaron. Esa actitud la confirmaron cuando, en conjunto, y sin mencionar nombres, prepararon un comunicado a la opinión pública donde declaraban que su acción había sido producto de una labor unificada de todas las Fuerzas Armadas dominicanas.
“Señalamos que todos participamos en el mismo grado en este acto heroico y que, por eso mismo, no queremos héroes. Teníamos conocimiento de que los miembros del Consejo de Estado estaban detenidos en el Club Cine de la Base Aérea y un grupo de oficiales de la Aviación Militar, secundados por otros del Ejército, la Marina y la Policía, se acercaron al presidente Bonnelly y le dijeron que les precisara su estado y el de los demás miembros.