Gisele y Claudia están de colonias en una casa cerca de la playa cuando conocen a Lola, una chica que aparece por arte de magia en medio del mar. Lola les cuenta que es una pirata y las invita a conocer su nave: el Alas de Viento. A las Ratitas les encanta la idea, ¡nunca han visto un barco pirata! Una vez a bordo, empezará una de sus aventuras más emocionantes: ¡el barco se dirige a una isla secreta para participar en el Campeonato Mundial Pirata! ¿Crees que Claudia y Gisele podrán ayudar al Alas de Viento a encontrar el tesoro?
Claudia y Gisele viajan con sus amigos Noa y Enzo a un lugar mágico…¡la sabana africana! Junto a su tío Mateo y el pequeño Abouk recorrerán el corazón de África y verán a los animales más impresionantes en libertad. Con los ojos y el corazón abiertos, las Ratitas descubrirán que la naturaleza tiene mucho que enseñar, y anotarán sus aprendizajes en su cuaderno de exploradoras para compartirlos contigo.
Pero ¿quién me manda ir a Puerto Vallarrata? Que vacaciones más tremendas: me han perseguido tiburones y cucarachas, me he quemado los morros al sol, y me han obligado a lanzarme con paracaídas y hacer puenting… ¡Por mil quesos de bola, me muero de ganas de volver a casa para poder descansar!
Soy un tipo intelectual pero, como todos los demás ratones, tengo una gran pasión: ¡el fútbol! Soy hincha del Ratonia... pero un hincha respetuoso: ¡para mí el deporte es coraje, lealtad y amistad!
¿Quién es Geronimo Stilton? ¡Soy yo! Soy un tipo distraído, con la cabeza en las nubes... Dirijo un periódico, pero mi verdadera pasión es escribir. ¡Aquí en Ratonia, en la Isla de los Ratones, todos mis libros son unos bestsellers! Pero ¿cómo?, ¿no los conocéis? Son esas historias cómicas, tan tiernas como un queso de bola, tan gustosas como un gorgonzola y tan entretenidas como contarle los agujeros a una loncha de gruyer... En definitiva, historias morrocotudas, ¡palabra de Geronimo Stilton!
Un misterioso ratón con un solo ojo quiere arruinar El Eco del Roedor…¡Yo lo salvaré participando en un espeluznante concurso en el que me arriesgo a perder la cola! Finalmente descubriré quién es el misterioso ratón gracias al mítico Ratigoni.
¡Un galeón, un tesoro, una isla! ¡Que increíble aventura por los mares del trópico! Todo empezó con una carta perfumada de lavanda de mi tía Lupa...
¿Quién es Geronimo Stilton? ¡Soy yo! Soy un tipo distraído, con la cabeza en las nubes... Dirijo un periódico, pero mi verdadera pasión es escribir. ¡Aquí en Ratonia, en la Isla de los Ratones, todos mis libros son unos bestsellers! Pero ¿cómo?, ¿no los conocéis? Son esas historias cómicas, tan tiernas como un queso de bola, tan gustosas como un gorgonzola y tan entretenidas como contarle los agujeros a una loncha de gruyer... En definitiva, historias morrocotudas, ¡palabra de Geronimo Stilton!
Durante el XIX, el nacionalismo alemán y las primeras exaltaciones de la «identidad» alemana hacen del «judío» un elemento perturbador. Gracias a los descubrimientos bioquímicos de infecciones por bacilos y virus surgidos en esa época, los discursos antisemitas dejan de tener un fundamento cultural para transformarse en argumentos biológicos. El problema de los judíos ya no era su tradición, sino su «naturaleza».La paranoia de Hitler se inspiró en estos discursos. Sus alucinaciones condujeron a cambiar la política de expulsión por la del exterminio. Solo cabía una «solución final» para evitar la contaminación del mundo entero. Estas ideas, sumadas a la fascinación que Hitler ejercía sobre las masas, llevó a un estado de psicosis colectiva y de parálisis mental que propició el auge del antisemitismo nazi e hizo posible el Holocausto.
¡Me decepcionaste! ¿Quién podría recuperarse de semejante acusación? ¿Y quién, además, no ha recurrido a ella alguna vez? Somos seres que no dejamos de decepcionar y de ser decepcionados. Sin embargo, los moralistas lo han repetido hasta la saciedad: decepcionarse es, sobre todo, ser víctima de expectativas que solo existían en nuestra cabeza.Pero, ¿qué pasaría si eso no fuera todo?, se pregunta el autor en estas páginas. ¿Y si tras la danza de la esperanza y la decepción, de las expectativas y su frustración, se desplegara un verdadero orden del mundo que decidiera por nosotros lo que podemos y lo que no podemos hacer? ¿Y si decepcionar fuera, sobre todo, una forma de escapar de ello? Entonces, decepcionar sería un placer.
Con datos sólidos y una mirada ética, Julio Segarra denuncia un modelo que medicaliza el sufrimiento humano y desdibuja el cuidado, e invita a repensar la salud más allá del mercado y a recuperar su dimensión profundamente humana.