Soy un tipo intelectual pero, como todos los demás ratones, tengo una gran pasión: ¡el fútbol! Soy hincha del Ratonia... pero un hincha respetuoso: ¡para mí el deporte es coraje, lealtad y amistad!
¿Quién es Geronimo Stilton? ¡Soy yo! Soy un tipo distraído, con la cabeza en las nubes... Dirijo un periódico, pero mi verdadera pasión es escribir. ¡Aquí en Ratonia, en la Isla de los Ratones, todos mis libros son unos bestsellers! Pero ¿cómo?, ¿no los conocéis? Son esas historias cómicas, tan tiernas como un queso de bola, tan gustosas como un gorgonzola y tan entretenidas como contarle los agujeros a una loncha de gruyer... En definitiva, historias morrocotudas, ¡palabra de Geronimo Stilton!
Un misterioso ratón con un solo ojo quiere arruinar El Eco del Roedor…¡Yo lo salvaré participando en un espeluznante concurso en el que me arriesgo a perder la cola! Finalmente descubriré quién es el misterioso ratón gracias al mítico Ratigoni.
¡Un galeón, un tesoro, una isla! ¡Que increíble aventura por los mares del trópico! Todo empezó con una carta perfumada de lavanda de mi tía Lupa...
¿Quién es Geronimo Stilton? ¡Soy yo! Soy un tipo distraído, con la cabeza en las nubes... Dirijo un periódico, pero mi verdadera pasión es escribir. ¡Aquí en Ratonia, en la Isla de los Ratones, todos mis libros son unos bestsellers! Pero ¿cómo?, ¿no los conocéis? Son esas historias cómicas, tan tiernas como un queso de bola, tan gustosas como un gorgonzola y tan entretenidas como contarle los agujeros a una loncha de gruyer... En definitiva, historias morrocotudas, ¡palabra de Geronimo Stilton!
Durante el XIX, el nacionalismo alemán y las primeras exaltaciones de la «identidad» alemana hacen del «judío» un elemento perturbador. Gracias a los descubrimientos bioquímicos de infecciones por bacilos y virus surgidos en esa época, los discursos antisemitas dejan de tener un fundamento cultural para transformarse en argumentos biológicos. El problema de los judíos ya no era su tradición, sino su «naturaleza».La paranoia de Hitler se inspiró en estos discursos. Sus alucinaciones condujeron a cambiar la política de expulsión por la del exterminio. Solo cabía una «solución final» para evitar la contaminación del mundo entero. Estas ideas, sumadas a la fascinación que Hitler ejercía sobre las masas, llevó a un estado de psicosis colectiva y de parálisis mental que propició el auge del antisemitismo nazi e hizo posible el Holocausto.
¡Me decepcionaste! ¿Quién podría recuperarse de semejante acusación? ¿Y quién, además, no ha recurrido a ella alguna vez? Somos seres que no dejamos de decepcionar y de ser decepcionados. Sin embargo, los moralistas lo han repetido hasta la saciedad: decepcionarse es, sobre todo, ser víctima de expectativas que solo existían en nuestra cabeza.Pero, ¿qué pasaría si eso no fuera todo?, se pregunta el autor en estas páginas. ¿Y si tras la danza de la esperanza y la decepción, de las expectativas y su frustración, se desplegara un verdadero orden del mundo que decidiera por nosotros lo que podemos y lo que no podemos hacer? ¿Y si decepcionar fuera, sobre todo, una forma de escapar de ello? Entonces, decepcionar sería un placer.
Con datos sólidos y una mirada ética, Julio Segarra denuncia un modelo que medicaliza el sufrimiento humano y desdibuja el cuidado, e invita a repensar la salud más allá del mercado y a recuperar su dimensión profundamente humana.
Buscar la simplicidad puede llevarnos a una paradoja: desear algo sencillo y fácil de usar, y que al mismo tiempo sea capaz de realizar todas aquellas tareas complejas que necesitamos que haga.En este libro, John Maeda proporciona la clave: diez leyes que equilibran la simplicidad y la complejidad no solo en los negocios, la tecnología y el diseño, sino también aplicables a todos los ámbitos de la vida. Escrito con los mismos principios que postula, el autor nos invita de una manera amena y provocativa a ir a lo esencial, a lo simple, y desde allí, construir un mundo con más sentido, aceptando incluso que hay cosas que no se pueden simplificar.
La pugna entre los líderes de extrema derecha y la población es una cuestión de sometimiento. Más allá de imponer salvaguardas morales que protejan la democracia, es necesario comprender qué vuelve a las personas vulnerables al fascismo, que dirige la frustración colectiva hacia la agresión contra colectivos específicos.
La estética, según la mirada de Yuriko Saito, no puede reducirse a una filosofía del arte, sino que está íntimamente relacionada con nuestro día a día, con el cuidado de lo cotidiano, es decir, con la relación que establecemos con lo otro, ya sean seres humanos, criaturas no humanas, entornos u objetos. Más allá de su identificación con una demanda ética, el cuidado es una parte esencial de una manera de comprender la estética que busca enriquecer la vida de las personas y definir nuestra forma de relacionarnos con el mundo.Inspirándose en la ética del cuidado y la cultura y estética japonesa, la autora nos muestra la inseparabilidad de lo ético y lo estético en la búsqueda de la vida buena y de un yo virtuoso.