Desgarro, memoria y emoción… tres secretos vitales de esta poesía febril, donde la nostalgia no es solo evocación, sino ente poderoso que interpela y domina. El sujeto lírico, siempre doliente e íntimo transforma la ausencia en imagen y el amor perdido en herida poética.
La poeta oscila entre mostrarse y ocultarse, como si anhelara ser descubierta sin dejar de proteger su misterio. Esa dualidad recorre todo el libro, donde cada poema tiende un puente entre la sombra y el deseo, la herida y la esperanza, el amor y su contra… yin y yang de pulsaciones cósmicas, batalla radical, cohesión y lucha de contrarios que alimenta equilibrios y sostiene universos…
Oscura, pero encendida, esta poesía revela un corazón que se resiste a olvidar, una voz que conjura la esperanza desde cualquier confín y abraza a plenitud, como a un amante, a la contradicción, allí donde lo que se pierde deja huella, y aquello que persiste se transforma en canción.
Rafael J. Rodríguez Pérez
Estofado, Lobo y Tortilla están dando un paseo cuando escuchan a lo lejos una preciosa canción. Suena tan bien, que siguen la melodía hasta llegar a un claro repleto de árboles con forma de animales. Pero ¿quién será el talentoso cantante? El resultado los sorprenderá, porque no todo es lo que parece...
Junto con los lobos, el cocodrilo, la patita, el tigre y el armadillo, los niños pequeños disfrutarán esta divertida aventura, en el fantástico formato de los libros de cartón.
Oro. Suelos de oro, paredes de oro, muebles de oro, ropa de oro. En Alta Campana, el castillo construido en las montañas heladas, todo está hecho de oro. Incluso yo.
Cuando el rey Midas me rescató, me sacó de los barrios bajos, me colocó en un pedestal y empezó a referirse a mí como su tesoro. Soy la mujer a la que convirtió en oro para alardear de su poder. A cambio de su protección, le di mi corazón. Mientras me quede en los confines del palacio, estoy a salvo.
Hasta que la guerra llega a Orea. Y, de repente, mi confianza se resquebraja y me doy cuenta de que todo lo que creía saber sobre Midas podría ser erróneo.
Porque estos barrotes tras los que estoy encerrada, por muy dorados que sean, siguen siendo una jaula.
Y los monstruos que esperan fuera hacen que desee no haber salido nunca
Mi vida estaba compuesta de brillantes mentiras, pero de la decadencia surgió la muerte. Y como un fénix llameante, ahora debo alzarme de entre mis cenizas y aprender a utilizar mi poder. Porque ya no estoy en ninguna jaula y soy libre de escapar del reino helado en el que me han mantenido presa.
Sin embargo, el mundo no me lo permite. Es lo que sucede cuando te opones a un monarca: su gente se opone a ti.
Por fortuna, tengo a otro rey de mi lado. No obstante, incluso con el temible Slade Ravinger apoyándome, los otros regentes están decididos a acabar conmigo. De modo que lucharé por él, y él matará por mí...
Ricos e inteligentísimos, los hermanos Lively -Hades, Apolo, Hermes, Afrodita y Atenea- son muy populares, aunque nadie osa acercarse a ellos: todo el mundo los conoce, pero la gente procura evitarlos. Cada viernes por la noche organizan unas veladas conocidas como los Juegos de los Dioses, y se muestran implacables con sus adversarios. No hay modo de vencerlos.
Cuando Haven llega al campus en su primer año de universidad, los Lively le provocan una mezcla de fascinación y de temor, hasta que Hades se fija en ella…
Entre ambos surge un amor irrefrenable, que pronto se convertirá en un auténtico descenso a los Infiernos.
En realidad, los juegos que practican en Yale solo son una minúscula parte de lo que hay oculto tras ellos, la apuesta es muy alta y Haven ignora que la pieza principal de la partida es precisamente ella.