Este es un libro producto de mi pasión por el ciclismo de ruta. Su práctica como deporte de panorama abierto, de resistencia, de distancia e intensidad, social e individual, en solitario o en grupo; utilitario, competitivo y divertido a la vez, para mí, no tiene comparación con otras actividades lúdicas. Igual a la sensación que produce en un niño o un octagenario el volar. Todos los ciclistas nos sentimos que pertenecemos, con orgullo, a esa gran comunidad de los que andamos en bici. Por eso sentí que debía devolver algo de lo mucho que me ha dado el ciclismo, en la forma de un testimonio, con este modesto libro; mitad experiencia personal, mitad técnico.
Desde que publicara su primer libro en 1984, Miguel Ángel Fornerín ha venido edificando, libro a libro, una obra que sobrepasa ya los veinte títulos, a la que hay que añadir una copiosa producción periodística, que ha difundido la literatura y la cultura caribeñas tanto en el ámbito académico como en la prensa diaria. Se persigue, de este modo, un lector especializado, inclinado a la especulación, pero sin desdeñar la curiosidad de aquellos que frecuentan los periódicos.
Era hora, pues, de someter a escrutinio la labor intelectual de Fornerín, y ofrecer, en conjunto, las principales conclusiones de esta evaluación, realizada —conviene subrayarlo— por un diverso número de estudiosos y desde variadas perspectivas. De los trabajos recopilados se desprende una evidencia: Fornerín ha superado con excelente calificación el examen de la crítica.
La Dama de Vermut y la Dama de Negroni es el mismo personaje y aparece en ambos poemarios, un personaje que está entre ser de carácter dulce y fuerte, una romántica con un pensamiento libre y revolucionario. Aparecen también personajes que se roban el protagonismo de algunos poemas, tales como Sebastián, Julio y otros cuya identidad la Dama prefiere ocultar haciendo referencia a rasgos físicos y rasgos de su personalidad,
En sus composiciones, la Dama le de vida al universo que vive dentro de ella, donde se mezcla la realidad con la ficción, surgiendo a veces lugares mitológicos en sus escritos. Es un universo intangible, pero que también hace referencia e lugares tan reales como el Malecón de Santo Domingo, Semaná, Punta Cana, Quisqueya, Selamanca y Madrid.
Hay un discurso literario romántico y apasionado con mucha fuerza y carácter. Á veces se torna oscuro e irreverente para los que tienen una mentalidad conservadora, pero los escritos son puro arte. Por eso, el poema favorito de la autora es «Sebastián», En esta composición se resume la esencia de los poemarios de la antología. Es un poemas intenso con una idea potente.
Estos escritos son el recuento de mis experiencias de vida. Puedo omitir un nombre, equivocarme en otro, citar una fecha que no es la correcta. Para los fines de estas páginas, eso no tiene importancia. Trato de reseñar las relaciones familiares, los valores aprendidos, las costumbres de mi familia, los usos de la sociedad a través de mis experiencias personales y son una invitación para que los lectores, que así lo deseen, hagan comentarios sobre lo escrito por mí o de sus propias experiencias.
En esos primeros pasos del día, la sentencia de la neurocirujana aparecía siempre como un borrón negro en su cabeza: «Poco a poco, perderás toda la movilidad en el cuerpo».
Joanca recordaba su pasado encerrado en su habitación: su infancia, sus amigos, República Dominicana y su maldita enfermedad que trataba de recortar su existencia.
Huía de su destino como podía, caminado por las calles, intentaba despistarlo. Sabía que no podía parar, si paraba el tiempo lo atraparía y lo dejaría sentado para siempre. Y así nació la idea de subir la montaña, a pesar de su condición, a pesar de todo. Sabía que era verdad, que no podía claudicar sin pelear, rendirse sin más.
Su amigo Joan Vila se encargó de regar su reto con disciplina y estímulo, convirtiéndose en su motivador personal, tirando al carajo todas las predicciones médicas.
En ocasiones, hay amistades inquebrantables como el acero, que no se dejan amedrentar por nada.