Todos conocen el poder de su nombre
Pocos se han acercado a su lado más humano.
Trágica y gloriosa, una historia más allá de la fe.
Siglo I. Condenado por un crimen de sangre, el oficial romano Lucio Fedro tiene la peligrosa misión de seguir los pasos de un hombre del que todo el mundo habla pero del que poco se sabe: Jesús de Nazaret.
No hay rincón del Imperio donde no se oiga su nombre. Unos dicen que es un revolucionario; otros, un simple profeta; él afirma ser "el hijo de Dios". Lo que está claro es que ese hombre está desafiando el poder de Roma y Lucio deberá desentrañar los misterios que rodean su figura al tiempo que se enfrenta a las sombras de su propio pasado.
«Feliz 53 cumpleaños, doctor.
Bienvenido al primer día de su muerte.»
Así comienza el anónimo que recibe Frederick Starks, psicoanalista con una larga experiencia y una vida tranquila. Starks tendrá que emplear toda su astucia y rapidez para, en quince días, averiguar quién es el autor de esa amenazadora misiva que promete hacerle la existencia imposible. De no conseguir su objetivo, deberá elegir entre suicidarse o ser testigo de cómo, uno tras otro, sus familiares y conocidos mueren por obra de un asesino, un psicópata decidido a llevar hasta el fin su sed de venganza. Dando un inesperado giro a la relación entre médico y paciente, John Katzenbach nos ofrece una novela en la tradición del mejor suspense psicológico.
Seis relatos navideños protagonizados por los dos grandes detectives de la reina del crimen: Hércules Poirot y Miss Marple.
Agatha Christie reúne en esta colección festiva seis relatos tan ingeniosos como inquietantes. Desde advertencias envenenadas sobre un pudding de ciruela hasta cadáveres encerrados en un baúl, discusiones escuchadas a escondidas y hombres que soñaron su propia muerte, estos casos solo pueden resolverse gracias al incomparable talento deductivo de Hércules Poirot... y, en el caso final, con la agudeza de la inimitable Miss Marple.
Excéntricos millonarios, joyas desaparecidas y oscuros secretos familiares componen este festín de intriga y suspense que celebra una de las épocas favoritas de la Dama del Crimen.
Nazareth Castellanos te deja claro, casi como si te contara un cuento, que ni sospechamos la relación que hay entre nuestro cerebro y el resto de nuestro cuerpo». Borja Hermoso, La conversación infinita
El cerebro es un órgano plástico, que puede ser esculpido con la intención y la voluntad como herramientas. Conocer su capacidad para aprender y adaptarse al entorno es descubrir aquello que nos construye desde fuera. Pero, paradójicamente, es esa misma plasticidad neuronal la que nos brinda la oportunidad de transformarnos desde dentro.
Todos podemos ser escultores de nuestro propio cerebro (si nos lo proponemos)
El cerebro es un órgano plástico, puede ser esculpido con la intención y la voluntad como herramientas. Conocer su capacidad para aprender y adaptarse al entorno es descubrir aquello que nos construye desde fuera. Pero, paradójicamente, esa misma plasticidad neuronal nos da la oportunidad de transformarnos desde dentro.
Nazareth Castellanos se asoma a la filosofía de Martin Heidegger y propone tres pilares fundamentales en los que se sustenta la experiencia humana: construir, habitar y pensar. El relato comienza exponiendo la huella que los ancestros y las relaciones personales han dejado en la formación de nuestro cerebro, para luego explorar la posibilidad de reconstruir la arquitectura neuronal mediante la voluntad, algo para lo que la respiración es una herramienta esencial, pues establece un puente entre el mundo exterior y el interior, entre lo que somos y lo que creemos ser. Al seguir el trazo anatómico que dejan cada inspiración y cada espiración en el cerebro, pueden definirse las bases neuronales del encuentro con uno mismo. Aunando humanismo, ciencia y experiencias propias, la autora recoge diversas técnicas de respiración para reforzar aquellas zonas del cerebro que nos ayudarán a preservar la salud mental y a conseguir un acercamiento a la propia identidad a través de una experiencia amable.
Y llegamos a un lugar que, aún a día de hoy, no sabría muy bien cómo definir. Quizá es ese sitio al que te trasladas cuando suena el timbre del recreo, o allí donde vamos al cerrar los ojos justo antes de soplar las velas, o el viento en el que flotamos al recibir uno de esos abrazos que nos sostienen el cuerpo, las dudas y los miedos...
¿Quién sabe? O quizá no era más que la parte trasera del armario en el que se había convertido mi vida: ahí donde se almacenan prendas que jamás volverás a ponerte pero que te da pena tirar.»