1984 se erigió en uno de mis libros predilectos [...] la novela describe la vigilancia permanente, la imposibilidad de hablar abiertamente con nadie, la acechante y ominosa figura del Gran Hermano, la necesidad del régimen de contar con enemigos y guerras (por ficticios que sean) que se utilizan para aterrorizar a la gente y unirla en el odio, los eslóganes ofuscadores, las distorsiones del lenguaje, la destrucción de lo que en verdad ha ocurrido arrojando hasta el menor rastro por un «agujero del recuerdo»…; todo ello me impresionó. Permítanme reformular esto último: me lanzó a un agujero de terror.
You can’t stop the future.
You can’t rewind the past.
The only way to learn the secret . . . is to press play.
Clay Jensen returns home from school to find a strange package with his name on it lying on his porch. Inside he discovers several cassette tapes recorded by Hannah Baker—his classmate and crush—who committed suicide two weeks earlier. Hannah’s voice tells him that there are thirteen reasons why she decided to end her life. Clay is one of them. If he listens, he’ll find out why.
Clay spends the night crisscrossing his town with Hannah as his guide. He becomes a firsthand witness to Hannah’s pain, and as he follows Hannah’s recorded words throughout his town, what he discovers changes his life forever.
Entre la teoría y la práctica hay un abismo que solo la experiencia cruza. La arquitectura no solo se aprende en los libros, sino en la obra, en la negociación con clientes imposibles, en la lucha contra presupuestos que nunca alcanzan y en cada decisión que convierte un dibujo en un espacio habitable.