Mi padre y yo llevábamos años distanciados. Pero, como soy su único pariente vivo, no ha sido ninguna sorpresa que al morir me dejara en herencia su inmenso rancho ganadero. ¿Qué es lo que sí me ha sorprendido? La condición de su testamento en la que me obliga a vivir en el rancho y administrarlo activamente durante un año entero si quiero acceder al dinero de mi herencia.
No he vuelto a poner un pie en Hartsville, Texas, un pueblo de mil habitantes, desde que mis padres se separaron cuando yo tenía seis años. Después de convertirme en una chica de ciudad de la cabeza a los pies, nunca imaginé que tendría que volver a territorio cowboy. Pero necesito el dinero para invertirlo en mi empresa.
Solo hay un gigantesco obstáculo que podría frustrar mis planes: el que lleva el rancho, un vaquero gruñón llamado Cash Rivers. Me da igual lo bien que le queden los Wranglers. Es un maleducado y quiere que me vaya. Lo despediría de inmediato, pero necesito que ese cowboy me enseñe los entresijos de cómo llevar una vida aquí.
Somos enemigos desde el principio, pero resulta que a Cash se le da de maravilla esto del rancho. Tiene unas manos fuertes, la cabeza bien amueblada y digamos simplemente que es verdad eso de que en Texas todo es más grande. Al trabajar juntos, poco a poco nos vamos acercando y acabamos conversando bajo las estrellas. Además, si a eso le sumamos algún que otro baile agarrados en el bar local, todo parece tan perfecto que creo que empiezo a enamorarme de la vida en el rancho. Y quizá también de él
Pero mi estancia en Hartsville solo es temporal. Y ya sabemos qué dicen de los vaqueros: pueden romperle el espíritu a un caballo, pero también pueden romperte el corazón. Ojalá Cash no le hubiera echado el lazo ya al mío
Es Navidad en el complejo residencial de Coopers Chase y todos confían en disfrutar de unos días de descanso en buena compañía. Pero si eres miembro del Club del Crimen de los Jueves, nunca hay un momento de sosiego. Cuando reciben la noticia de que un viejo amigo ha sido asesinado mientras custodiaba un peligroso paquete, el cuarteto de detectives aficionados se lanza a resolver el misterio.
Su búsqueda los lleva a una tienda de antigüedades, donde pronto descubren que los secretos que esconde este oficio son tan antiguos como los objetos mismos. Mientras se cruzan con falsificadores de arte, traficantes de droga y estafadores, Elizabeth, John, Ron e Ibrahim no saben en quién pueden confiar. Con el número de cadáveres rápidamente en aumento, el tiempo en contra y el peligro pisándoles los talones, ¿se les habrá acabado la suerte a nuestros intrépidos investigadores?
El amor y la amistad son como las flores. Si no se cuidan, dejan de crecer y se marchitan.
Jamie, Summer y Noah se conocen desde que nacieron. Sus familias son amigas; ellos son los mejores amigos del mundo. O al menos eso creen, solo que la vida no parece opinar lo mismo.
A medida que van creciendo, sus sentimientos también lo hacen y Noah y Summer descubren que su amistad es mucho más que eso. Pero los sueños y el miedo son capaces de romper un corazón y los caminos de los tres acaban bifurcándose. Con el tiempo, las vidas de Noah y Summer vuelven a cruzarse y, aunque ya no son los mismos de antes, sus almas se reconocen con tan solo una mirada o un roce de manos. Porque él siempre fue para ella el chico de las cuarenta y ocho pecas y ella se convirtió en una tormenta de verano para él.
Pronto se darán cuenta de que todos guardamos secretos, incluso las personas que más queremos. Y que la verdad tal vez se encuentre en los recuerdos que fueron.
Ella solo quería su beca. Él, dejar de ser «el hijo de». Lo que ninguno esperaba era convertirse en la presa del otro.
Sierra O’Brien lleva años luchando por su sueño: una beca para las prácticas universitarias en el santuario de animales más importante del país, el Imugi. Nada ni nadie va a desviarla de su objetivo. Ni siquiera Kang ni su sonrisa arrogante, sus botas Dr. Martens o su molesto historial compartido.
Kang es el hijo del dueño y fundador del Imugi, ese al que todos acusan de nepotismo. Está harto de que todos lo traten como «el hijo de», incluida la insolente pelirroja con la que ha compartido toda la carrera. Pero él tiene claros sus objetivos: demostrar su valía, conseguir un puesto… y superar su obsesión por las pecas de O’Brien.
Lo que ninguno de los dos esperaba es que, entre voluntariados, capibaras delincuentes y algún misterio, también haya espacio para una atracción imposible de ignorar.
EMPEZÓ CON UN BESO, SE CONVIRTIÓ EN UNA OBSESIÓN.
Wren Beaumont es guapa y siempre saca buenas notas. Nuestras compañeras la adoran, todas quieren ser sus amigas.
Solo yo sé quién es en realidad: una mosquita muerta reprimida que seguramente está a punto de explotar por contener todos sus sentimientos. Piensa que está por encima de todos, incluso piensa que es mejor que yo.
No debería sentirme atraído hacia ella. No es mi tipo.
Todo cambia cuando nos obligan a trabajar juntos en clase. Al parecer tenemos en común más de lo que pensábamos y, sin darme cuenta, termino completamente obsesionado con ella. Ahora, estoy convencido de que haré lo que sea para que se enamore de mí.