Una aproximación al desarrollo de su teoría lingüística, que se extiende entre 1916, año de la publicación de «Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje humano», y 1935, con «Problemas de sociología del lenguaje». Dos ensayos completamente distintos que, sin embargo, describen un arco coherente que abarca el origen del lenguaje, su potencialidad creativa y de imitación, o su vínculo con la realidad tangible de las cosas. Además de los textos citados, este pequeño volumen incluye fragmentos esenciales de la década de 1920, como el microrrelato titulado «Por qué el elefante se llama ‘elefante’» y el breve ensayo «Sobre la facultad mimética»
Autobiografía filosófica y política de un hombre de letras en la que se condensa y sintetiza en una meditación lúcida y emotiva el pensamiento ético clásico y los principales problemas de la conciencia humana: la influencia de la fortuna y el azar sobre la vida de los hombres, la acción de la voluntad frente al destino, la presciencia divina, la separación entre la fe y la razón y la participación del hombre en la vida política.
Entre 1949 y 1952, Rumanía se vio sumida en el horror de la primera oleada de represión comunista. Miles de personas fueron víctimas de encarcelamientos, torturas y asesinatos en nombre de la «dictadura del proletariado». En el mapa del gulag rumano, el centro penitenciario de Piteşti ocupa un lugar especialmente siniestro. Sus reclusos fueron sometidos a un monstruoso experimento de «reeducación» a través de la «autocrítica radical» y la tortura recíproca. El objetivo no era otro que convertirlos en una masa informe e infrahumana, para modelar al «hombre nuevo», un clon poshistórico al servicio de la distopía comunista. Este es el primer testimonio de una de las víctimas de Piteşti, una desgarradora historia de supervivencia que a la vez sirve como llamada a la reflexión y a la memoria: un recordatorio imperecedero de las atrocidades que puede cometer la humanidad cuando se ve arrastrada por dogmas totalitarios.
Enciclopedia de la ignominia, álbum de personajes innobles, animalario de tipos indignos, como una manada de seres solo medio humanos y, por ello mismo, demasiado humanos, El bestiario de Michel Foucault es todo lo contrario a una leyenda dorada que exaltara los nombres propios de santos. El filósofo deja el protagonismo a sus criaturas extrañas, a sus muchos vástagos monstruosos: el delincuente y la histérica, el pederasta y la bruja, el pastor, el miserable, el perverso y el bárbaro, la puta y el estoico, y, así, hasta treinta y dos semblantes sombríos, insignificantes algunos, turbios otros, grises y nocturnos todos.
La locura, el lenguaje y la literatura siempre han ocupado un lugar central en el pensamiento de Michel Foucault. ¿Cuál es el estatuto del loco en nuestras sociedades «occidentales»? ¿Cuál es su función y en qué se diferencia de la que cumplía en otras sociedades? E igualmente, ¿qué relación extraña tiene la locura con el lenguaje y con la literatura, ya hablemos del teatro barroco, del teatro de Artaud o de la obra de Roussel? Y, si se trata de interesarse por el lenguaje en su materialidad, ¿cómo se ha transformado el análisis literario, en particular bajo la influencia cruzada del estructuralismo y de la lingüística, y en qué dirección evoluciona?
Las conferencias y los textos, en su mayoría inéditos, que se presentan reunidos aquí ilustran la manera en que, a partir de la década de 1960 y durante un decenio, Foucault no dejó de tejer, de reformular y de retomar estas problemáticas.
David Graeber conversa con Mehdi Belhaj Kacem, Nika Dubrovsky y Assia Turquier-Zauberman para explorar la anarquía no como ideología cerrada, sino como práctica viva. El resultado es un libro que piensa en voz alta, que revela la anarquía como una ética del cuidado, una política de lo común y un ejercicio radical de imaginación.
A través de discusiones sobre filosofía, historia, economía, feminismo, religión y arte, Graeber desmonta lugares comunes: la democracia como fachada, el Estado como ficción necesaria, el trabajo como mito teológico, la libertad como un juego en permanente negociación.
La anarquía no es dogma, es experiencia. De hecho, es la forma más humana de política: un proceso abierto en el que la creatividad sustituye a la obediencia y lo impensable deja de serlo en cuanto se pone en práctica.