Introducción al Estudio del Derecho” es una obra de doble interés. En primer lugar, para - los estudiantes de pregrado, que podrán a través de ella adquirir una visión clara y completa de la temática; en segundo lugar, le servirá al profesor para brindar un punto de referencia inmediata, por medio de una ordenada disertación ante los estudiantes. Con ellos, se podrán lograr soluciones a las múltiples inquietudes que de manera permanente se plantean en el transcurso de la cátedra. Los autores se han planteado como objetivo principal de su libro, exponer un análisis acabado sobre el origen del derecho y tratar su evolución en la República Dominicana; - sin obviar nuestras fuentes, que son: el Derecho Romano y el Derecho Francés. La obra es lo suficientemente flexible como para satisfacer las necesidades de lectores: no sólo de pregrado, sino de conocimientos amplios.
Un ensayo revelador sobre cómo la tecnología, la desinformación y la geopolítica moldean nuestra percepción de la realidad... sin que nos demos cuenta.
¿Y si todo lo que creemos saber fuera una ilusión? Entre la libertad de expresión y el control de datos se juega el gran pulso de nuestra época.
Un mundo falaz nos invita a descubrir los mecanismos invisibles que condicionan nuestra visión del presente. Experto en defensa y ciberinteligencia, así como referente en análisis geopolítico, Ángel Gómez de Ágreda, ofrece un análisis para comprender dónde y cómo se libran las grandes batallas del siglo XXI: desde la manipulación cognitiva hasta la pugna por la hegemonía digital, militar y económica. Un repaso a la evolución de la gobernanza global, el ascenso de Asia y el declive de las democracias clásicas.
Con colaboraciones de expertos de talla internacional y estudio de casos reales, esta obra se convierte en una brújula imprescindible para comprender un mundo cada vez más complejo. Porque ya no se trata solo de quién tiene el poder, sino de quién define la verdad.
A menudo se cree que la historia no es tan importante como la teología a la hora de abordar la egregia figura de Jesús de Nazaret. Craso error. La arqueología permite aproximarnos a él desde el estudio de las piedras, del trabajo de campo y del análisis de los expertos. Ello se demuestra, por ejemplo, con el descubrimiento en 2020 de un baño ritual de hace dos mil años o del llamado «Esqueleto 4926», rescatado de las entrañas de la tierra con el fragmento de un clavo de hierro fijado en su talón, a imagen y semejanza de Jesús.
Zavala nos acerca así a todos estos hallazgos y a otros como el de la corona de espinas que ciñó la cabeza del Nazareno, el Santo Grial con el que celebró la Última Cena o los lienzos que cubrieron su cuerpo tras la crucifixión.
Este libro pretende ante todo dos cosas: primero, generar la impresión de que el pensamiento continental dominante, representado por las autoridades filosóficas que emergen alrededor del mayo francés del 68, ya no responde a las necesidades de pensar nuestro presente. Su segundo objetivo es más polémico y arriesga una hipótesis. El pensamiento contemporáneo tiene difícil conectar con los problemas actuales cuando se decidió por la abstracción heideggeriana del Ser en lugar de perseguir el pensamiento de la tierra como trascendental de las experiencias originarias, propio del último Husserl.
Hoy, como ayer, la izquierda, en la búsqueda eterna de la justicia social, debe tener una sólida base moral que entienda que un mundo sustentado en el sufrimiento de los nadie y en la lucha del último contra el penúltimo es un mundo intencionadamente mal hecho, fruto de muchas derrotas, en el que nada es casual. Si la historia nos habla de una realidad de libres y esclavos, de opresores y oprimidos, de eternos antagonismos, debemos decir sin pudor que la historia es una lucha eterna y cambiante de clases en la que el control siempre ha sido negado a los mismos. El propio Marx dijo una vez yo no soy marxista y es necesario dudar de todo. Con estas frases parecía invitarnos a no fosilizar su diagnóstico que, aunque válido hoy, está sujeto a constantes cambios presentes y venideros. La izquierda debe ser y es mucho más que sus partidos o sus líderes políticos. Ni unas siglas ni un líder deben erigirse en salvadores o redentores de causas o patrias como ha venido sucediendo los últimos cien años. La izquierda debe luchar por garantizar vidas que merezcan la pena ser vividas. Vidas en las que sea el trabajo lo que cree riqueza y no el dinero. Vidas en las que triunfen el talento y la inteligencia, y no el abuso y la ley del más fuerte. Vidas en las que todos tengan todo sin quitar nada a nadie, en las que importe más el cómo y el por qué que el dónde y el quién.
Gabriel Rufián es diputado desde 2016 por Barcelona del Grupo de Esquerra Republicana en el Congreso de los Diputados.
Al mirar atrás y evocar la pandemia, lo natural es querer olvidar. Sin embargo, a algunos años de aquel tsunami que detuvo al mundo y nos obligó a enfrentarnos con nosotros mismos, aquí seguimos. Y no queda más que reconocerlo: ese sacudón, para el que nadie estaba preparado, nos cambió. Fue el punto de partida de la transformación sociocultural más rápida y masiva de nuestra época. Un gran reinicio, un verdadero reset . Ese cimbronazo nos enseñó que nada estaba escrito en piedra y marcó el comienzo de una era de incertidumbre —la de lo desconocido, the unknown— que puso a prueba nuestra capacidad de adaptación. Nuestra lucha por sobrevivir prevaleció y nos hizo resilientes. Aprendimos a hacerle frente a la adversidad a velocidad récord y de ese vértigo nacieron nuevas formas de relacionarnos, de estudiar, de trabajar, de atender nuestra salud, de consumir. Asumimos el cambio como una oportunidad y comprendimos que la comunicación debía ser emocional, auténtica y profunda, porque nadie se salva solo.