Los malestares sociales que se han ido acumulando durante décadas están cristalizando hoy en un descontento profundo que pone en cuestión los propios fundamentos de la convivencia democrática, la confianza en las instituciones y la idea de futuro. En este contexto, la pregunta se impone: ¿qué podemos hacer?
En Contra el descontento, Cristina Monge, socióloga, profesora universitaria y una de las analistas más influyentes del panorama político español, ofrece una lectura crítica y, al final, esperanzadora de este malestar colectivo. Con un tono claro y sin renunciar a la profundidad analítica, recorre los principales desafíos del siglo xxi: la precariedad, la soledad digital, la crisis ecológica y la desafección de la ciudadanía hacia las instituciones y sus representantes. A través de este recorrido, traza la radiografía de una sociedad cansada, atemorizada e incapaz de imaginar otros caminos.
En el centro de París ha abierto un pequeño cine en el que incesantemente entra y sale una compacta feligresía de jóvenes coreanos. ¿Qué es lo que pasa allí dentro? El misterio atrae a un electricista desocupado que se ha mudado desde la periferia a una buhardilla para realizar el sueño de escribir. Evasivo e inesperado, ese anhelo hará que deserte de su clase y renuncie a sus convicciones ideológicas para terminar involucrado en el registro ficcional y minucioso del negocio turbio que ―en paralelo― desarrollan los administradores del lugar.
Esta historia comienza el día en que una madre y su hija adolescente llegan a Sicilia, durante un verano de vientos impredecibles, repentinas tormentas y volcanes que amenazan con entrar en erupción. La madre acaba de dejar atrás un divorcio difícil y sabe que es hora de encontrarle un nuevo inicio a su vida. Por ahora el plan es: equipaje ligero ―una maleta gris y una verde― y no dejar de moverse hasta que cada cosa por fin caiga en su lugar.
A medida que pasan los días en la isla, crece la curiosidad de la hija por la historia de la Nanna, su bisabuela, que trabajó como excavadora en un yacimiento arqueológico antes de emigrar a las Américas. De los paseos, las lecturas y las conversaciones entre madre e hija surge la pregunta esencial que late en el interior de esta novela: ¿cómo reimaginamos la vida de otro modo?
Existen un sinfín de mecanismos para afrontar el trauma que, lejos de ayudar a integrar las experiencias vividas, mantienen la herida abierta. En Un abrazo al dolor, la psiquiatra Lucía del Río nos propone un tratamiento transversal del trauma para lograr cicatrizar las heridas.
Con un lenguaje sencillo y directo y basándose en casos reales de sus propios pacientes, la autora nos presenta su enfoque terapéutico sobre el trauma en el que sienta las bases de su definición, sus diferentes manifestaciones y un modelo de intervención humano compasivo y humanista, que combina estructura y creatividad. Del Río plantea un acercamiento lento, progresivo y muy cuidadoso a las personas —incluido el terapeuta mismo— que han sufrido un evento traumático, y profundiza en la necesidad de incorporar el cuerpo como herramienta para desentrañar y desbloquear el trauma.
Desde los oráculos de la antigua Grecia hasta los monstruos de la cultura contemporánea, La oscuridad de la razón propone un fascinante recorrido por la historia del miedo y sus representaciones históricas. Inspirado en la célebre estampa de Goya El sueño de la razón produce monstruos, Marcos Fernández plantea que la razón no elimina los temores humanos, sino que los moldea, los amplifica y les da nuevas formas. El miedo aparece así como una constante histórica que atraviesa religiones, mitologías, folklore y supersticiones, y que define, todavía hoy, cómo nos relacionamos con el mundo.
Petersburgo, la ciudad, es el verdadero protagonista de esta novela. Concebida y presentada como un espacio geométrico cerrado, configurado entre la Perspectiva Nevski y el Neva, entre las callejuelas grises y los palacios rojizos, aparece como un ser vivo, pensante y sintiente.
Un ser palpitante sobre el que aparecen los personajes como títeres atormentados y grotescos, y que atraviesan dos misterioso fantasmas: el Jinete de Bronce (la estatua de Pedro I, símbolo del poder paternalista y opresor, concebido como alma de la ciudad y del poder por Pushkin, pero todavía hoy emblema de la ciudad) y el Holandés Errante, que es el Neva, y el puerto y lo Otro.
Un desfile que se va transformando mediante el extraordinario uso de la sintaxis y merced a la significación otorgada a ciertos símbolos, como el color (rojo y negro, sobre el gris de la niebla, el azul del Neva, el verde grisáceo del mar, el bermellón de los palacios, el bronce de la fiebre...), en uno de los sueños más subyugantes que jamás haya dado la literatura.