La vida de los romanos corrientes como nunca se había visto
Cuando pensamos en la antigua Roma nos vienen a la mente senadores, emperadores, luchas de poder, lujo, termas, religión, arquitectura o códigos de leyes. Pero ¿cómo era realmente la sociedad romana? ¿Cómo vivía la gente común?
En Los olvidados de Roma, Robert Knapp muestra cómo la gente común buscaba ganarse la vida y prosperar en unos tiempos no siempre fáciles en los que la enfermedad, el hambre y la violencia estaban a la orden del día, sometida a unos poderes que, a menudo, la oprimían o ignoraban. Veremos cuáles eran los lazos entre los diversos grupos sociales y comprenderemos cómo los esclavos se convertían en forajidos o por qué los hijos de los libertos acababan formando parte del ejército. En definitiva, seguiremos las vidas de los ciudadanos olvidados de Roma. Escucharemos sus testimonios en la literatura, las cartas o las inscripciones, y buscaremos sus huellas en los relatos, los tratados, las obras de teatro o la poesía que creó la élite.
Este es, en suma, el retrato de los olvidados de Roma, que resultan imprescindibles para comprender su historia.
La fascinante historia de Asiria, el primer imperio de la humanidad.
Hace casi tres mil años, mucho antes de Roma o Persia, Asiria se convirtió en el primer gran imperio de la Antigüedad. Desde el Mediterráneo hasta el golfo Pérsico, sus ejércitos y embajadores llevaron el poder de Nínive hasta los confines del mundo conocido, sometiendo reinos y levantando una maquinaria de dominio sin precedentes.
En Asiria, Eckart Frahm, uno de los principales asiriólogos del mundo, nos sumerge en la epopeya de esta civilización decisiva a partir de textos cuneiformes, restos monumentales y los últimos hallazgos arqueológicos. Desde los implacables asedios de Asurnasirpal II que arrasaron ciudades rebeldes hasta las avenidas monumentales de Nínive y las bibliotecas de Asurbanipal, donde se conservó el saber del mundo mesopotámico, descubriremos un imperio de contrastes: reyes guerreros y reinas poderosas, ejércitos devastadores y una administración capaz de gobernar territorios inmensos. Grandes conquistadores con una ambición política y cultural sin precedentes, los asirios rebasaron el mundo mesopotámico para incorporar Egipto y el Levante, y los ecos bíblicos y clásicos de su poder llegan hasta el presente.
Asiria es la obra definitiva para descubrir la asombrosa civilización que, como los propios romanos reconocieron, sentó las bases de todos los imperios posteriores.
Greg Steinmetz, periodista especializado en historia económica, ha escrito la primera gran biografía de Jakob Fugger, el hombre que financió el nacimiento del mundo moderno, nieto de campesino y primer millonario documentado de la historia.
Fugger vivió en los tiempos en que Colón cruzaba el Atlántico y Miguel Ángel pintaba la Capilla Sixtina. A su muerte, su fortuna equivalía al dos por ciento del PIB europeo, una cifra que ni siquiera Rockefeller alcanzaría siglos después. Convenció al papa para que levantase la prohibición sobre el préstamo con interés, financió el ascenso de los Habsburgo al poder, desencadenó la Reforma protestante y costeó la primera vuelta al mundo de Magallanes. Y cuando Carlos V tardó en devolverle un préstamo, Fugger le mandó una carta de reclamación.
En su retrato, Steinmetz no oculta las contradicciones del personaje, capaz de fundar uno de los primeros proyectos de vivienda social de la historia y de condenar a la miseria a la familia de un colaborador por una deuda impagada. En su historia reconocemos la nuestra, la del primer capitalista que persiguió la riqueza sin miedo a la condenación y cuyas reglas del juego seguimos aplicando hoy.
Si el gran escritor es alguien capaz de crear un personaje mítico, no cabe duda de que Colette fue una inmensa escritora, ya que creó cuatro: Claudine, su primera heroína, de cuya autoría se apropió su marido; Sido, inspirada en su propia madre, sin duda su creación más bella; Gigi, su doble literaria, dichosa en el amor al contrario que su creadora, y la propia Colette, patrimonio francés e ídolo sagrado. En estas páginas, Compagnon desgrana todas las facetas de la escritora para celebrar a una pionera de la transgresión y la provocación que hizo soplar en sus novelas un viento de libertad tan insólito entonces como hoy. Admirada por Simone de Beauvoir y más moderna que Gide, Claudel o Valéry, Colette logró la hazaña de concebir una obra tan profundamente subversiva como universal. Leerla hoy es, sin duda, descubrir una voz eternamente moderna que nos invita a abrazar el siglo xx en toda su extravagancia.
El auténtico monarca detrás del mito del rey «hechizado»
Madrid, 1665. Un niño de cuatro años hereda el trono de la Monarquía de España, el mayor imperio de su tiempo. Desde Bruselas hasta Nápoles, desde México hasta Manila, millones de súbditos quedan bajo la autoridad de un rey cuya figura ha sido durante siglos objeto de burla y lástima. La historia lo ha recordado con el cruel apodo de «el Hechizado» y como símbolo de la decadencia de los Austrias. Pero ¿y si esa imagen no fuera más que un mito, fruto de la propaganda?
En Yo, el rey, Alberto Bravo desmonta una de las leyendas negras más persistentes de la historia de España y devuelve a Carlos II su verdadera dimensión. Lejos de la caricatura del monarca incapaz, descubriremos a un soberano consciente del peso de su corona, que gobernó durante más de tres décadas y logró mantener la cohesión de la Monarquía de España en uno de los momentos más delicados de su historia. Así, bajo su reinado, la economía de los reinos peninsulares se recuperó y la maquinaria política siguió funcionando con una sorprendente capacidad de adaptación.
Fruto de años de investigación y de un profundo conocimiento de las fuentes, Yo, el rey es el retrato más completo y revelador del último Austria. Con pulso narrativo y rigor histórico, Alberto Bravo mira con nuevos ojos a Carlos II y nos desvela al rey que se oculta tras la leyenda: no el fantasma enfermizo de un imperio en ruinas, sino un monarca que sostuvo su herencia hasta el final.
Cómo los mongoles occidentales dieron forma a la primera globalización
Los mongoles son célebres sobre todo por una cosa: la conquista. Pero, en realidad, sus logros fueron mucho más allá de la guerra. Durante tres siglos, la Horda de Oro, la porción occidental del Imperio mongol que surgió tras la muerte de Gengis Kan, tuvo tanta influencia en el mundo como en otros tiempos la tuvo Roma, y dejó tras de sí un profundo legado en Europa, Rusia, Asia Central y Oriente Próximo, perceptible incluso hoy.
Marie Favereau nos sumerge en la épica historia de la Horda, que vertebró el intercambio de gentes e ideas a través de su extensísimo territorio. Su singular régimen político, con el poder repartido entre el kan y la nobleza, recompensaba a los administradores y diplomáticos hábiles y fomentó una economía próspera, organizada e innovadora que impulsó el auge comercial euroasiático de los siglos xiii y xiv. Desde su capital en Sarái, en el curso inferior del Volga, la Horda proporcionó un modelo de gobierno para Rusia, influyó en las costumbres y la estructura estatal de todas las culturas islámicas, difundió sofisticadas teorías científicas y practicó la tolerancia religiosa.
La Horda es la primera historia completa de uno de los imperios más influyentes de la historia, que, para muchos, sigue siendo un gran desconocido.