América no es una unidad sino un conjunto con algunos rasgos comunes, sin ignorar las grandes diferencias, sobre todo entre la angloparlante y la América Latina. La inclusión de poetas de esas dos Américas en un mismo trabajo es una decisión y no una obviedad. Los tratados, los manuales, los ordenamientos históricos y nacionales o subcontinentales descartan esa opción.
Sin embargo, desde Poe y Whitman, los primeros poetas plenamente modernos de América, hasta Zurita; o desde William Carlos Williams y Ginsberg hasta Sergio Raimondi, el aclamado profesor y poeta Edgardo Dobry forja en el fascinante recorrido de este ensayo un canon renovado de la poesía americana; un árbol genealógico de los últimos doscientos años que hunde sus raíces en insólitas correspondencias a través de todo el continente.
De aquellos padres fundadores hasta hoy, ¿cuáles son los rasgos que unen a las dos Américas? La constelación de voces que se encuentra en este libro señala un claro vínculo de impulsos e inquietudes compartidos. En los versos de poetas de Estados Unidos, Argentina, Nicaragua, Chile, Perú, Cuba y México encontramos algunas respuestas y, al mismo tiempo, nuevos interrogantes.
UN DOLOR QUE CAMBIÓ EL MUNDO
Los hechos básicos de la biografía de Platón con de sobra conocidos: aristócrata ateniense, alumno de Sócrates, maestro de Aristóteles, fundador de la Academia y uno de los padres de la filosofía occidental? Pero qué fue lo que le impulsó a llevar su vida por esos derroteros en concreto y no otros? Annalisa Ambrosio propone una hipótesis tan conmovedora como bien encaminada: el origen de la filosofía de Platón está en el deseo de mantener a su maestro con vida a través de historias, de los incómodos diálogos con los que hostigaba a sus conciudadanos atenienses. Contando una buena historia ?y esta es la intuición más poderosa que Ambrosio atribuye a Platón? podemos cambiar el mundo es decir, cambiar las ideas que cambian a los individuos. Con rigor intelectual y poético, Ambrosio cumple con la dificilísima tarea de aportar novedad sobre Platón, dibujándolo como un joven devastado por la muerte de su maestro.
En las sociedades primitivas, las primeras normas se referían al uso de bienes y territorios, a la vida y a la integridad física. A medida que las sociedades se vuelven más complejas, surgen normas que rigen a toda la comunidad, su vida y sus relaciones. Nace así el primer embrión del derecho, y el deseo de que “el derecho a la fuerza” sea sustituido por “la fuerza del derecho”. El autor identifica cinco fases en la historia de los derechos de la persona: la teorización, codificación, internacionalización, universalización y globalización. El trasfondo individualista, en el que nace la teoría de los derechos subjetivos, justifica la posición inicial de la Iglesia católica. Se analizan también algunos debates sobre los derechos fundamentales y, en particular, la visión antropológica: solo si se acierta en esto ―defiende el autor― es posible el “desarrollo humano integral” y una sociedad mejor.