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UNA IDEA DE FELICIDAD

Los momentos fulgurantes pueden anidar en cualquier parte, a cualquier hora y bajo cualquier circunstancia. Cuando se manifiestan, la alegría y el placer emergen de manera imprevista, y la realidad, por muy oscura que sea, resplandece durante un instante. La música, en sus polifacéticas formas, también es capaz de desencadenar episodios memorables y actuar como catalizador de sentimientos profundos. Puede elevar nuestro estado de ánimo, proporcionarnos una vía para expresar y procesar las emociones, hacer que fortalezcamos nuestras relaciones de pertenencia con el mundo que nos rodea y, entre otras muchas cosas, ofrecer experiencias que nos permitan establecer una conexión genuina con nuestro propio ser. Wanda Landowska vive uno de esos momentos fulgurantes interpretando a Scarlatti al clave, en medio de un estruendo de cañonazos antiaéreos. Erik Satie protagoniza otro trabajando en la composición de su nueva obra en un café cerca del cementerio de Montparnasse, mientras alterna cantidades industriales de cerveza con tragos de aguardiente. Albert Einstein, en su casa, cada una de las veces que come lentejas con salchichas o interpreta al violín música de su adorado Mozart. Marian Anderson, poniendo el cuerpo y la voz en cada una de sus actuaciones para transformar lo que Martin Luther King Jr. llama el último bastión del elitismo: la música clásica. Winnareta de Polignac, charlando sobre los Cuartetos de cuerda de Beethoven con Virginia Woolf en el salón que la escritora tiene en Londres, en el distrito de Bloomsbury. Imogen Holst, al darse cuenta de que, a través de la música, los habitantes de un pequeño pueblo del suroeste de Inglaterra dan rienda suelta a la necesidad innata de conectarse y expresarse emocionalmente con los demás. Glenn Gould, haciendo todo lo contrario, aislándose del mundo con su piano y su silla enclenque en una sala repleta de micrófonos. Y es que el pianista aseguraba: «mi idea de felicidad es pasar doscientos cincuenta días al año en un estudio de grabación».
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UNA SATRAPIA EN EL CARIBE (TRUJILLO)

EL libro Una satrapía en el Caribe, de José Almoina, fue impreso en México (Guatemala, dice el libro) en el año 1949 por Ediciones del Caribe. Aunque apareció firmado por un tal Gregorio R. Bustamante, el autor fue José Almoina, uno de los refugiados españoles que llegó a la República Dominicana en el año 1939. Esto último se comprueba en más de una fuente: Bartolomé Costa Amic, quien fuera el editor de este libro lo confirma (Vicente Llorens, Memorias de una emigración. Santo Domingo, 1939-1945. Barcelona, Editorial Ariel, 1975, p. 166); asimismo, Jesús de Galíndez, compañero de Almoina en Santo Domingo, lo dice en su libro La Era de Trujillo (Buenos Aires, Editorial Marymar, 1962, p. 314). La fecha de impresión no fue indicada en la edición original, aunque se tiene constancia de que esta obra se publicó en el año 1949. El ejemplar que se consultó para la edición dominicana pertenece a la Biblioteca del Congreso, en Washington [Cali Number F1938.5.T7 B8]. En la ficha de registro de esa biblioteca se hace constar: año 194?, lo que indica cierta imprecisión en la fecha de edición. Esta duda queda despejada con la información de Llorens cuando dice: «Quince meses antes de publicarse en Buenos Aires Yo fui secretario de Trujillo [esto es en julio de 1949^ apareció en Guatemala, aunque impresa en México, la obra titulada Una satrapía en el Caribe...» {Memorias de una emigración, p. 166). También se consultó la copia que posee la biblioteca de la Universidad de Columbia, en Nueva York. Al momento de su publicación, Una satrapía en el Caribe fue considerada como «la acusación más detallada sobre la tiranía de Trujillo y sus mecanismos de dominación». La edición del año 1949 circuló ampliamente por América Latina, pero no fue conocida en el país hasta después de la muerte de Trujillo, cuando circularon algunos ejemplares. Ningún editor, hasta el presente, se animó a publicar de nuevo esta importante obra.
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VASIJA ROTA

Marcia Castillo emerge al escenario literario con una voz propia y un peculiar talento creativo. Tras cultivar con éxito el arte de la narración, asume la poesía como canal de sus vivencias entrañables mediante la formalización de sus intuiciones estéticas, que plasma con lenguaje sutil la belleza de sus singulares percepciones y el sentido de sus coordenadas trascendentes. En su creación poética, esta nueva portalira, oriunda de Samaná, construye la alforja verbal que encarna forma y contenido con la intuición de que la verdad y el amor conforman el espejo de las apelaciones interiores, fuero y cauce de una onda estética y espiritual. Lo que hermana al cuento y la poesía es la intuición del sentido de hechos, fenómenos y cosas, y la escritora Marcia Castillo, fina cultora de la palabra, lo presiente en su doble condición de narradora y poeta. Con aliento bíblico, tono dramático y técnica interiorizada, la agraciada emisora de estos ardorosos versos expresa emocionada su "dolorido sentir" en cautivantes imágenes y estremece- dores símbolos con modernizantes recursos compositivos; llama inconsútil de una pasión irredenta, y también cauce luminoso de un anhelo soterrado. Creación original, edificante y cautivadora, el talento literario de Marcia Castillo abre una atractiva senda simbólica, reflexiva y psicológica bajo el ideario estético del Movimiento lnteriorista.
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VERSE, PENSARSE Y SABERSE DOMINICANOS

Más que como Pólemos, padre del Grito de Guerra, quisiera pensar en Manuel García Cartagena como Critilo. En «El criticón» de Baltasar Gracián, el personaje de Critilo reúne la agudeza, el ingenio y la crítica mordaz, frente a los diversos fenómenos culturales que analiza. Obvio juego verbal por parte de Gracián, Critilo (juicio, razón) es el crítico «par excellence». La palabra «crítica» proviene del latin «crisis», tomado del griego «Krísis» decisión, derivado de «kríno» «yo decido, separo, juzgo». Ejercer la crítica significa, entonces, la capacidad de discernir y analizar los discursos políticos y culturales sin ningún tipo de coerción, y es la función que asume García Cartagena en el libro que tienen en sus manos.
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