Un vecino llama a la policía para advertir de que hay un joven sentado junto a la piscina de la víctima, que está llena de muñecas flotantes. El joven, Hugo, drogadicto, resulta ser el único hijo de Marianne, el gran amor de Servaz y a la que este no ve desde hace más de veinte años. Hugo parece el único sospechoso del terrible crimen pero una vez que Servaz se pone a investigar, descubre algo mucho peor: Julian Hirtmann, el perverso asesino en serie de Bajo el hielo, podría estar detrás del crimen.
En su despacho, el comisario Maigret recibe una llamada de un hombre que dice estar siendo acechado por individuos que quieren matarlo. De bistró en bistró, el hombre lo llamará varias veces pidiendo protección mientras intenta despistar a sus perseguidores. Con todo, acabará muerto en la Place de la Concorde.
Maigret deberá empezar por preguntarse por qué fue a ese sitio desierto en plena noche, cuando le convenía perderse entre la multitud. ¿O acaso alguien ha movido el cadáver?
Ya jubilado de la policía judicial, Maigret acepta el encargo que le hace una anciana adinerada de investigar a título privado el sospechoso ahogamiento de su nieta, una gran nadadora con pocas posibilidades de tener un accidente.
El excomisario se desplazará a la localidad rural de Orsenne, donde vive la familia extendida de la muchacha, y reencontrará entre sus miembros a un antiguo compañero de instituto, un hombre ambicioso que oculta oscuros secretos tras su modélica vida burguesa.
En Mi año de descanso y relajación, Ottessa Moshfegh hace de Manhattan el epicentro de una civilización, la del año 2000, dominada por la apatía. Como una oscura bella durmiente, la narradora de esta novela decide encerrarse durante un año en su piso de una de las zonas más exclusivas de Nueva York, asistida por una herencia ingente y por una gran cantidad de fármacos, para dedicarse a dormir y ver películas de Whoopi Goldberg y Harrison Ford. El inicio de un siglo supuestamente trepidante encuentra a nuestra protagonista durmiendo en el sofá con la tele encendida. Con mucho cinismo, series, películas comerciales y narcóticos, y a costa de cortar todo vínculo humano, cualquiera puede sobrellevar esta vida. Ahora bien, ¿lo que queremos es sobrellevarla?
Esta es la historia de un asesinato. O quizá esto no sea del todo cierto. En el fondo, es sobre todo una historia de amor. Lana Farrar es una antigua estrella de cine, un icono de la moda admirado durante años. Desde que su marido falleció, vive reclusa en su mansión de Londres. Cada año invita a sus amigos más íntimos a escapar del clima inglés y pasar la Pascua en su idílica isla griega privada, un pequeño islote de lujo azotado por un poderoso viento que los lugareños llaman «la furia».
Cuando la furia deja al grupo atrapado en la isla sin poder salir, las viejas amistades acaban sacando a flote el odio, la envidia y el deseo de venganza reprimidos durante años. Y, de repente, alguien desaparece. Así se inicia un juego de encerronas y trampas, una batalla de ingenio llena de giros y sorpresas que desemboca en un final inolvidable donde resuenan los ecos del temible The Grove, el célebre hospital psiquiátrico de La paciente silenciosa.
¿Cómo vas a llamar psicópata o narcisista a tu propia madre? ¿Al «amor de tu vida»? ¿A tu mejor amigo? ¿Cómo es posible que alguien que diga quererte te haga tanto daño?
Si tienes un vínculo con un psicópata narcisista, es normal que necesites entender su conducta y, al no conseguirlo, te preguntes: «¿Será mi culpa? ¿Lo estaré provocando yo? ¿Estoy volviéndome loca?». No.
NI ES TU CULPA, NI HAY NADA MALO EN TI.
Las personas de este perfil te manipularán para hacerte creer que tú eres el problema. Y, por mucho que lo intentes, no cambiarán. Entender lo que has vivido, ponerle nombre y alejarte es la única forma de empezar a sanar.
NECESITAS SALIR DE AHÍ Y RECUPERAR EL CONTROL DE TU VIDA.
«Desvivirte por comprender la conducta de alguien es una enorme bandera roja. Quien te quiera de forma sana no te tendrá leyendo un libro sobre depredadores emocionales y tratando de encontrar similitudes con él.»
Cada mes de agosto Ana Magdalena Bach toma el transbordador hasta la isla donde está enterrada su madre para visitar la tumba en la que yace. Esas visitas acaban suponiendo una irresistible invitación a convertirse en una persona distinta durante una noche al año. Escrita en el inconfundible y fascinante estilo de García Márquez, En agosto nos vemos es un canto a la vida, a la resistencia del goce pese al paso del tiempo y al deseo femenino. Un regalo inesperado para los innumerables lectores del Nobel colombiano.
Persephone Fraser (Percy para los amigos) pasa los veranos en su moderno piso de Toronto, muy lejos del recuerdo de la resplandeciente orilla del lago de su adolescencia.
Sin embargo, una noche recibe una llamada que la lleva de vuelta a Barry's Bay y a Sam Florek. Durante seis veranos de tardes largas en el bosque y noches cálidas en el restaurante de su familia, Sam y Percy fueron inseparables. Y poco a poco, su amistad se fue convirtiendo en algo más profundo antes de desmoronarse por completo.
Cuando Percy regresa al bosque más de una década después, descubre que la química entre ellos sigue intacta. Pero hasta que no se enfrente a las decisiones que tomó, no podrán descubrir si el amor que sienten es mayor que los errores que han cometido.
¿Qué harías si quien crees que es el amor de tu vida te abandona unos días antes de iros de viaje al lugar más romántico y bonito que puedas imaginarte?
A través de la historia de alguien que tiene que sanar y empezar de cero después del mayor golpe de su vida, la autora muestra todas las etapas del proceso de duelo tras una ruptura, analiza cada una de las fases por las que uno transita y te da los conocimientos y las herramientas necesarias para fluir, encontrar la luz tras la tormenta y descubrir que el fin del amor debe ser el principio de una nueva relación contigo.
La psicóloga Silvia Congost construye un libro singular y delicioso que mezcla la ficción con sus enseñanzas y reflexiones para ayudarnos a entender que el amor muchas veces acaba y que, aunque esto sea algo para lo que nadie nos prepara, sin duda lo deberíamos normalizar.