Hay muchos motivos por los que Lovelight Farms ya no es el paraíso invernal con el que Stella Bloom soñaba: los abetos marchitos, el establo de Papá Noel conquistado por mapaches, mercancías extraviadas, una deuda tremenda...
Para intentar salvarlo, Stella se presenta a un concurso. Pero hay un problema: intentando pintar Lovelight como un destino para vacaciones en pareja, Stella dijo que lo llevaba con su novio. Y no tiene. A quien sí tiene es a Luke Peters, su mejor amigo, que de repente se ve con un negocio a su nombre y, de paso, con una relación falsa. No obstante, fingir que está enamorado de Stella le resulta fácil, y puede que el destino le haya hecho el mejor regalo de Navidad posible...
La física Alice Coombs abandona a su novio, el antropólogo Philip Engstrand, porque se ha enamorado de uno de sus experimentos: Ausencia, un agujero de gusano, una puerta a otro universo que tiene personalidad propia puesto que discrimina a la hora de absorber cosas y cuyo rasgo más destacable, el que lo convierte en un amante perfecto, es no ser nada.
¿Qué conduce a Alice a dejarlo todo, fascinada por algo inexistente? ¿Es Ausencia el reflejo de sí misma, un lugar donde inscribir sus deseos y caprichos?
Además, Ausencia no es el único causante de que el mundo de Alice se tambalee. Al agujero de gusano le acompañan una serie de personajes de corte cómico que pueblan el campus universitario, como Evan y Garth, dos ciegos que poseen la habilidad de ver de un modo no convencional; o Cynthia Jalter, analista que intenta seducir a Philip a través de una terapia; o Carmo Braxia, físico italiano con una profunda aversión por el vino americano.
Tres muchachas comparten piso en Londres. La primera es una fría y eficiente secretaria; la segunda, una talentosa artista; y la tercera sale en busca de Hércules Poirot, interrumpiéndole durante su desayuno de brioche y chocolate caliente, para confesarle que es la asesina de sus otras dos compañeras. Después desaparece misteriosamente.
En medio de rumores sobre armas de fuego, cuchillos automáticos y rastros de sangre, Poirot deberá emplear al máximo sus células grises para establecer, sin evidencia alguna, si la tercera muchacha es efectivamente culpable.